¿Es posible una ciudad pop art-avant garde urbanundergroundista?

o ¿Dónde dejé mi auto?

Australia, primera vez que cambiaron el sentido de las calles.

Las calles pueden ser de un solo sentido, o dos, o ninguno. En el momento en que el auto de enfrente se detiene, el conductor se baja y con una leve sonrisa nos saluda, hay que entender que lo mejor será o seguir a pie o rodear el vehículo de nuestro amable conciudadano. Es una especie de jardín de autos (el alcalde dice que sirve mucho para mejorar el ambiente), todos salimos y vamos de una calle a otra sorteando autos y semáforos, mismos que ya son casi innecesarios (cosa que nos pone a todos felices, pronto los apagaremos, la cortesía es un valor que se propaga desde las esquinas). Luego, al llegar al edificio al que estemos destinados (aquí no hay casas de un solo dueño ni de un solo piso) somos concientes de la urgencia de la economía eléctrica; así que todas nuestras paredes son blancas, algunas fosforescentes, para guardar la luz del sol y no utilizar los focos (ahorradores de energía, por supuesto). Contamos con una gran gama de museos, galerías y centros culturales que a su vez funcionan de habitaciones para sus trabajadores; no es difícil notar, cuando lo olvidan, uno que otro sartén al lado de alguna obra de Warhol o un tendedero que va del David a la Venus (son réplicas, por seguridad, ustedes entenderán) con una que otra prenda colgada. Esto, nos dice el Coordinador de Arte y Cultura, siempre le brinda dinamismo y una especie de mezcla pop art-avant garde urbanundergroundismo a nuestras casas de cultura (porque también son casas, como dije). La idea es mezclar todo y, al mismo tiempo, que cada quien ocupe su puesto de por vida, los estadios deportivos cuentan con jardines hermosos para que los hijos de los trabajadores se diviertan al mismo tiempo que cortan el césped, es posible ver de vez en cuando, en medio de un partido, a uno que otro niño corriendo por la cancha (el patio, le dicen ellos) siendo perseguido por su madre; esto nos llena de risa en las gradas o al ver el resumen deportivo del noticiero. El problema viene cuando los trabajadores que, obviamente, viven en el reclusorio y los guardias de seguridad, sienten que su trabajo es un tanto opresor; hay veces que confunden sus cuartos con las celdas de los hampones que pagan su condena. Al ministro de Justicia no parece preocuparle mucho y siempre está tratando de crear un ambiente equitativo entre los celadores: se dice que hasta los deja salir al patio de vez en cuando, una vez que han terminado de cumplir su honorable labor y la noche hace que los reos descansen. Todos parecemos buscar el equilibrio y la armonía, basta simplemente con ocupar nuestro sitio y movernos solo para lo necesario, por eso mismo y para no entrar en los reacomodos incómodos, nuestro alcalde está en campaña para su décimo periodo, esta campaña no es necesaria: sería un horror debatir qué puesto ocuparía ahora y a cuántos movería, una catástrofe prolongada por no sé cuánto tiempo de aquí a que volvamos de nuevo a la normalidad. Así estamos bien y pueden visitarnos cuando gusten, pero avisen con tiempo para preparar a la ciudad, es difícil romper el orden aquí; es más, está penado y los celadores no soportan, por sobrepoblación del edificio, dejar sus habitaciones a más turistas infractores. Por cierto, escribo esto mientras trato de recordar dónde, en qué calle, dejé mi auto.