La gran tristeza

Me tomé la libertad de tomar el nombre del capítulo número cuatro de un libro que empece hace dias, después de haberlo leído hace varios años, para este, mi capítulo número cuatro.

Con la lectura me fue innevitable reflexionar sobre como los capítulos de nuestra vida no están aislados, y como en cada nueva situación, intencionada o imprevista, puede invitar a otros a colarse para convertirse en nuestra compañía, como a él; o a la gran tristeza.

No era consciente de que también había llegado, pero mientras él ha ido perdiendo fuerza e impulso ella ha conseguido ganar terreno y su presencia se vino a posar encima como una nube permanente que impide el paso de la luz a mi vida. Sabes que el sol está ahí, esperando, sabes que su luz va a llegar, sin embargo no logra traspasarla. Es quizá el hecho de saberte mas al tanto de tu situación lo que da entrada a esta nueva acompañante, quizá el hecho de asimilar tu real y tangible temor al futuro y lo que depara.

Los planes que hiciste antes no pintan igual, a todo lo que alguna vez pensaste conseguir le precede un muro de niebla, de temor por mostrarte tal cual eres, con todo lo que eres y todo lo que te acompaña. Todo lo que antes conseguiste pintar en colores vivos y vibrantes se ha desteñido, y se ha cubierto de matices grises, sin vida; y por mucho que intentas regresar a esa perspectiva de vida no te es posible, no hay vuelta a la página, no hay botón de regreso.

A una semana de la toma de mis primeros análisis después del periodo de profilaxis, no puedo evitar sentirme de tal modo, y vaya que lo he intentado.

En fin, citando uno de mis libros preferidos, hay peores pecados en el mundo que aprender a ser feliz de nuevo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.