Prejuicios homofóbicos y mi ropa: una solución yugular
A veces me pongo muy consciente de la ropa que uso porque sé que no cae en los estándares de masculinidad que tiene la mayoría de la gente que me rodea.
Cuando ando una prenda “flashy” mis amigos reaccionan sorprendidos y no saben muy bien qué decir. No sé si les molesta o si les gusta, dejémoslo en que “les hace gracia”, les llama la atención. Tal vez lo asocian con personas o tendencias en las que ellos no se ven, en las que no me ven, reglas invisibles que nos sabemos por algún motivo.
Desde hace un par de años he usado Vans. He tenido tenis azules, negras, una plateadas y ahora unas negras con la suela café. Generalmente evito las plateadas porque me parecen las menos masculinas. Suena muy fuerte, pero voy a evitar los rodeos: hay ropa que no me gusta usar tan a menudo porque no es tan masculina y no me gusta que me vean con prejuicio, que me señalen o me griten en la calle.
He aprendido a lidiar con esto, con las miradas de amigos y de extraños, con ese desacato de los derechos que tiene cada uno de hacer lo que quiera con lo suyo.
He lidiado con esto nada más poniéndome la ropa y acallando las voces dentro de mí que me dicen que no me vista así. Prefiero ser yo que ahorrarme una incomodidad. He lidiado con esto denunciando, también. Le he contado a mis amigos y familiares cómo me gritan en la calle cuando me pongo una camisa específica, para explicarles que esa persona a la que tal vez han insultado antes “por verse gay” puedo ser yo, y tal vez así entiendan que los prejuicios son innecesarios y no deberían tener cabida en un mundo ideal.
Un día le estaba comentando algo sobre mis Vans a un amigo de un amigo, creo que las estaba comparando con las tenis que él tenía puestas, y él me dijo que las mías eran tenis de playo. Estoy hablando de dos zapatos que son casi iguales pero que tienen significados distintos en un mismo contexto.

Durante la conversación pensé en lo estúpido que había sido yo por querer usar más a menudo las tenis negras para evitarme incomodidades. Sin saber, siempre estaba escogiendo las de playo. También me puse a pensar en la estupidez de la gente que ha aceptado el machismo como normal. Si no fuera por ellos yo no tendría esas conversaciones ni estaría escribiendo esto.
Después de ese incidente y después de todos los otros me he dado cuenta que la solución no es proteger mi masculinidad. Mi solución no va a ser responder “tengo novia, no soy gay”, porque eso es precisamente lo que estas personas quieren. Quieren que los hombres sean HOMBRES y que se comporten de cierta manera: que usen cierta ropa, que no crucen la pierna, que no expresen tantos sentimientos, que respondan a los insultos con golpes.
Yo no voy a apuntarme a hacer nada de eso.
Mi solución es ir directo a la yugular, señalar las cosas que muchos quisieran que yo hiciera para que se den cuenta de lo mal que está querer imponer creencias, querer imponer algo para no perturbar la “normalidad”.
Me voy a seguir poniendo lo que quiero y voy a seguir explicando a quien pueda que no tenemos por qué seguir esas reglas invisibles, que no tienen que ser nuestras y que no tienen que definirnos si no queremos.