Cultura Digital y políticas de Gobierno Abierto

Los laboratorios ciudadanos como interfaz de colaboración y la batalla en torno a la ecología institucional de la innovación ciudadana.

En mi ponencia del Seminario Cultura Urbana para la inclusión social en Latinoamérica voy a intentar abordar la relación entre gobierno abierto e innovación Ciudadana en 7 puntos. La idea es pensar esa relación retomando aquel planteo de Yochai Benkler sobre la batalla en torno a la ecología institucional de los entornos digitales, que nos ha legado muchos aprendizajes que podrían aplicarse a las políticas de innovación ciudadana.

1- Cultura digital y ecosistema institucional

La primera idea que quiero compartir es que necesitamos hacer visible la brecha existente entre las prácticas ciudadanas y las organizaciones que componen nuestros actuales ecosistemas institucionales, especialmente a partir de los vertiginosos cambios sociales que la cultura digital introdujo en nuestras vidas en lo que va de este siglo XXI.

En estos primeros quince años los ecosistemas institucionales heredados de siglos pasados han ido incorporando, con mayor o menor intensidad, con mejores peores o resultados, herramientas digitales a muchos de sus procesos en busca de una gestión más eficiente de sus sistemas burocráticos. Pero la pregunta es ¿cuánto han incorporado de verdadera cultura digital las organizaciones?

¿Cuántas organizaciones han comprendido realmente la riqueza de las redes? ¿Cuánto de la ética hacker y el espíritu de la era de la información ha penetrado las instituciones con las que interactuamos a diario? Y otras preguntas como ¿Se comprenden la convergencia digital desde las dinámicas institucionales? ¿Cuántos decisores institucionales son capaces de discernir sobre temas claves de nuestra época como soberanía digital o protección de datos personales? ¿Cuánto hemos aprovechado la convergencia digital para enriquecer la diversidad cultural?

Esas preguntas, y muchas otras que podríamos formular (y que son realmente importantes en el mundo coetáneo), aún parecen fuera del horizonte del ecosistema institucional que habitamos. La digitalización, mayoritariamente no aportó cultura digital, en gobiernos, universidades, ni empresas. Las 4 libertades fundamentales del software libre no han permeado lo suficiente las instituciones como si lo han hecho en otros ámbitos de nuestras vidas, dónde en lo que va de este siglo se produjeron cambios realmente vertiginosos, llevados adelante por comunidades globales organizadas horizontalmente, que imprimieron grandes dosis de creatividad, e innovación social abierta en beneficio del bien común, especialmente cuando la riqueza de las redes encontró desprevenidas a las grandes corporaciones y los custodios del modelo de propiedad intelectual.

Ese ethos del nuevo siglo surgido en los movimientos de software libre y cultura copyleft, que ha contagiado a muchos ámbitos de la producción intelectual global, que ha puesto en el centro de la escena la producción entre iguales basada en el procomún, y que ha tenido sin dudas sus implicaciones democráticas, a partir sobre todo de la creación de una esfera pública en red, no ha impactados en la supraestructura institucional que ordena nuestras vidas. He aquí una tensión y un nuevo campo de batalla.


2- La disputa conceptual por la inteligencia de las ciudades

El segundo punto que quiero plantear es que mientras nuestras instituciones no logran adoptar la nueva ética digital que muchas nuevas generaciones de ciudadanos viven con naturalidad, más se abre el intersticio por el que ingresa el concepto empaquetado de las “ciudades inteligentes”.

¿Existen las ciudades inteligentes y las ciudades tontas? ¿De qué tipo de inteligencia estamos hablando? A veces da la sensación de que se habla de ciudades inteligentes que prescinden de los ciudadanos. Ciertas visiones tecnoutópicas han logrado inocular como un virus en el ecosistema institucional el discurso de las “smart cities”, entendidas como la implementación de un paquete de soluciones informáticas basadas en la simple incorporación de tecnología, sensores, conectividad, fibra óptica, centros de procesamiento de datos, etc. etc.

La fuerte predominancia de esta visión tecnocrática en el discurso acerca de las ciudades inteligentes, hace tanto foco en la mera incorporación de tecnología, que deja a los ciudadanos de lado, los pone más en lugar de un público objetivo, de un target de servicios, que como un sujeto de derecho con rol activo en la vida de la ciudad. He ahí una nueva batalla.


3- Hacia una cultura del Gobierno Abierto

En ese contexto, una de las respuestas a la brecha entre cultura digital y ecosistemas institucionale ha sido el surgimiento de la Alianza para el Gobierno Abierto y los planes de acción de Gobierno Abierto basados en los ejes: Transparencia y Datos Abiertos, Participación y Colaboración.

El paradigma del Gobierno Abierto ha recogido algunas ideas de la cultura digital llevarlas a las instituciones, pero por el momento, por más esfuerzos bien intencionados que hayan realizado algunos gobiernos, la gran mayoría no ha logrado aprovechar la convergencia digital para enriquecer la democracia y la inteligencia colectiva. Todavía el concepto de gobierno abierto se relaciona demasiado a la publicación de catálogos de datos. Lo que debemos preguntarnos es: Una vez que los datos son abiertos ¿Cuáles son las interfaces y experiencias de participación y colaboración que los gobiernos ofrecen a la ciudadanía?

La decisión tomada desde un centro de poder de llevar adelante un proceso de transparencia activa y apertura de datos, si bien es un paso importante, no alcanza para realmente abrir un gobierno u organización. El desafío aún sigue siendo generar interfaces de colaboración que permitan una verdadera cultura del gobierno abierto basada en la ética de la cultura digital.


4- El desafío de las interfaces de colaboración

Lo que intento plantear es que el principal desafío tanto de las políticas de cultura digital, como de las políticas de gobierno abierto es que puedan pensarse de modo convergente, de tal modo que logren consolidar interfaces de participación y colaboración ciudadana, tanto digitales como cara a cara, y cuerpo a cuerpo, en verdaderos espacios de co-creación de políticas públicas.

Podríamos nombrar algunas plataformas de participación digital que han tenido relativo éxito amplificando procesos democráticos, como también algunos laboratorios ciudadanos que podrían considerarse el prototipo de una interfaz de colaboración. Pero todavía los casos son pocos y aislados, y el ecosistema institucional del siglo XXI, por más que incorpore internet sigue comportándose como en el siglo XX. Entonces ¿cuáles son las interfaces de colaboración entre Estado y Ciudadanía que el ecosistema institucional del Siglo XXI ofrece como respuesta a la nueva realidad que lo contiene?

Los laboratorios de innovación ciudadana pueden ser la respuesta a esa pregunta, el punto donde convergen políticas de cultura digital y gobierno abierto para generar un nuevo tipo de institución o extitución del Siglo XXI que utiliza la riqueza de las redes para potenciar la inteligencia colectiva a través de prácticas colaborativas.


5- La innovación ciudadana como estrategia de colaboración

Nuestro siglo requiere garantizar nuevos derechos, necesitamos garantizar un salto de calidad en los mecanismos de participación para pasar del “decidir con” a “hacer con” la ciudadanía, mejorando nuestras democracias a través de la ampliación del derecho a innovar.

Los laboratorios de innovación ciudadana aparecen como un prototipo de equipamiento público que necesitamos evolucionar para garantizar el derecho a participar y colaborar, como espacio formativo, como espacio de encuentro, como espacio donde trabajar con los datos públicos, como espacio de puertas abiertas a las iniciativas innovadoras que surgen de la propia ciudadanía en busca de aportar soluciones a problemas comunes. Los laboratorios de innovación ciudadana pueden ser el espacio de articulación y sinergia, que aporten el espíritu de nuestro siglo a las estrategias de colaboración en gobierno abierto. Los laboratorios de innovación ciudadana son el tipo de institución que exige el siglo XXI.


6- SANTALAB

En ese camino estamos impulsado SANTALAB en el gobierno de Santa Fe, un espacio que se está construyendo colaborativamente partiendo del propio reconocimiento de las iniciativas ya existentes en la provincia, y comenzando a articular con ellas distintos grupos temáticos o líneas de trabajo (datos abiertos, reciclado de aparatos electrónicos, movilidad, Internet de las cosas, realidad virtual y aumentada para las ciudades, participación digital, etc.), a la vez que intentamos definir en conjunto el mejor modelo de laboratorio para cada región de la provincia. Un equipamiento público lo suficientemente abierto y experimental como para adaptarse a las iniciativas locales de innovación social y convertirse a la vez, en un catalizador para que las iniciativas desarrollen sus potencialidades, y en un espacio de contacto directo con los decisores de políticas públicas.

SANTALAB es un camino que estamos empezando a construir juntos, una interfaz de colaboración, un intersticio por el cual la ética hacker intenta permear las viejas estructuras de la burocracia, para llevar el dinamismo de la cultura digital a la cultura institucional.


7- Hacia una ley colaborativa de innovación ciudadana

Pero si bien apenas estamos desandando el camino, no hay que perder de vista el horizonte, y tener en claro que, si el prototipo evoluciona, la batalla en torno a la ecología institucional de la innovación ciudadana no se agota en la creación de los espacios sino en garantizar su continuidad. Para eso la batalla debería darse en dos frentes, por un lado, sosteniendo siempre el espíritu de política bottom-up y fuerte vinculación las comunidades. Pero, por otro lado, intentando llevar a la práctica un proceso de construcción de un marco jurídico para el gobierno abierto que, además de obligar a las instituciones a ser más abiertas, reconozca a ciudadanas y ciudadanos el derecho a innovar, el derecho a co-crear y colaborar en la implementación de políticas públicas, garantizando la sostenibilidad de interfaces de colaboración que nos permitan acelerar nuestras instituciones con inteligencia colectiva para el bien común, como ya lo hacemos en muchos otros ámbitos de nuestras vidas.

Estas ideas acerca de la relación entre cultura digital y gobierno abierto, y los laboratorios ciudadanos como interfaz de innovación, son un resumen de mi disertación en el seminario Cultura urbana para la inclusión social en América Latina, organizado por la Secretaría General Iberoamericana y la Comisión Europea, y que tuvo lugar en Bruselas durante abril de 2016, donde abordamos temas como: cultura digital, el papel de la cultura en la construcción de ciudades democráticas o el fomento de políticas culturales para la inclusión, entre otros.