Cinco compromisos de liderazgo consciente
Tomar responsabilidad Radical
Me comprometo a asumir la plena responsabilidad de las circunstancias de mi vida y de mi bienestar físico, emocional, mental y espiritual. Me comprometo a apoyar a otros para que asuman toda la responsabilidad de sus vidas.
Hace un par de años fui invitado a participar en una capacitación en cascada, la cual tenía por objetivo mejorar las prácticas docentes a nivel medio superior. Estaba dirigida a supervisores escolares, quienes capacitarían a los directores de su zona, y éstos a su vez a sus maestros. Para poder reproducirla, fui capacitado de manera intensiva durante una semana, adicional a esto, me puse a estudiar la estructura organizativa de la SEP para conocer al público al cual me iba a dirigir, además del argot que este tipo de servidores públicos habla.
Mi compañero era un profesor argentino que tenía gran experiencia en educación e investigación. Cuando comenzamos a dar la capacitación el primer día, notamos que la mayoría de supervisores escolares, era de edad madura con una amplia trayectoria y que lo que les estábamos compartiendo ya lo habían implementado en alguna ocasión pero sin darle seguimiento, por lo que no estaban tan interesados en la capacitación.
Lo que hicimos mi compañero y yo fue el evaluar al final del primer día cómo podíamos hacer atractiva la capacitación el resto de la semana, nos dimos a la tarea de estudiar lo que ellos ya hacían y enfocarnos en las pautas específicas sobre cómo implementar esta información y sobre cómo darle seguimiento.
Al final de la semana, los maestros supervisores quedaron satisfechos con lo que habían aprendido. Fue de gran aprendizaje para nosotros porque desde un principio nos dimos cuenta del grado de complejidad que sería compartir herramientas pedagógicas para personas con varios años de experiencia, pero decidimos prepararnos para poder aportarles una experiencia vivencial.
Hablar honestamente
Me comprometo a decir lo que es verdad para mí. Me comprometo a ser una persona a quien los demás puedan expresarse con franqueza.
Una vez di clases en una universidad/bachillerato privado, en donde una de las obligaciones era asistir a capacitación bimestral. La primera vez que acudí me di cuenta de que la capacitación consistía en tratar algún tema que a los maestros les causara conflicto, lo ponían sobre la mesa y comenzaban a identificar a estudiantes “problema” y cada uno comenzaba a dar su queja sobre este.
El capacitador era un maestro con una larga trayectoria académica pero que no tenía experiencia en capacitación docente, entonces el espacio se prestaba más para que los maestros pudieran expresar sus quejas pero había poca claridad en cómo atender a esta clase de estudiantes a los que requerían de una atención especial.
Cuando se me preguntaba mi opinión acerca de ciertos estudiantes, mi respuesta era rescatando sus habilidades y sobre cómo potenciarlas, entonces el coordinador académico me pidió que preparara una capacitación para el grupo docente. Tuve la oportunidad de hablarles sobre las relaciones basadas en la confianza y sobre cómo implementar un ambiente de aprendizaje.
A partir de entonces entendí que no siempre la mayoría tiene la razón, algunas veces se crea un pensamiento de grupo donde se buscan culpables con tal de no asumir la propia responsabilidad. Es por eso, que es muy importante contar con personas que tengan el valor de llamar a las cosas por su nombre y con voluntad para compartir su perspectiva para construir formas eficientes de abordar en educación y otras áreas.
Experimentar el mundo como un aliado
Me comprometo a ver a todas las personas y circunstancias como aliados perfectamente adecuados para ayudarme a aprender las cosas más importantes para mi crecimiento.
Al cierre del 2018 trabajaba en educación, daba clases en secundaria, bachillerato y los sábados en universidad, la carga laboral era tal que comenzaba a estresarme lo cual influía en mi bajo nivel de energía y rendimiento. Mi desempeño laboral comenzó a permear en mis relaciones personales, tanto con mi familia como con mis amigos. Tomé la decisión de abandonarlo, también a mi familia y amigos para mudarme a la ciudad y romper con ese ciclo de estrés. Al llegar acá, fui invitado a acompañar a la caravana migrante que se encontraba en Tijuana, a pesar de mis dudas y estrés de ese momento, asistí.
Cuando comenzamos a atender a los niños en los albergues, me di cuenta que lo más importante con lo que contaban las personas, era su familia y amigos. No tenían bienes, puesto que habían abandonado sus lugares de origen, tampoco un lugar digno para dormir, y los alimentos no estaban seguros. Al observar la resiliencia de estas personas me di cuenta, que lo más valioso de la vida son las relaciones que mantenemos con el mundo, que las personas a nuestro alrededor son las que le dan sentido a vivir. Fue entonces que aprendí que depende de qué concepto tengamos de cada relación o interacción que tengamos con el entorno, serán las que determinen que nuestras experiencias sean positivas o negativas. Entonces, si cambiamos nuestra forma de pensar, cambiamos el mundo.
Generar aprecio
Me comprometo a vivir en agradecimiento, abriéndome completamente para recibir y dar aprecio.
Existen dos formas de vivir, pensando en que merecemos todo lo que queremos por el simple hecho de existir. O en agradecimiento por cada experiencia y por el tiempo que compartimos con las personas que van apareciendo en nuestra vida.
Durante mis días, he experimentado muchas situaciones que me han generado frustración por no obtener el resultado que esperaba, pero me he dado cuenta que la vida también me ha puesto en situaciones que superaron mis expectativas por el simple hecho de mostrarme agradecido. Un ejemplo de esto es cuando iba en la universidad, había un profesor de derecho que le gustaba convivir con nosotros y nos invitaba a comer, incluso en ocasiones cocinaba para nosotros. Un día organizó una carne asada en la casa de una compañera. En esta fiesta nos cocinó sus recetas secretas, al estar a la mesa, le agradecí por habernos cocinado y porque todo estaba muy rico: su respuesta fue sorpresiva para mí porque me respondió “ten, te corresponde otra ración por ser agradecido”. Aprendí que si uno agradece por las bondades de la vida, siempre habrá personas con las cuales compartirlas.
Explorar el opuesto
Me comprometo a ver que lo contrario de mi historia es tan cierto o más cierto que mi historia original. Reconozco que interpreto el mundo que me rodea y le doy significado a mis historias.
Reconozco que me gusta escuchar las historias que me cuentan las personas, porque a través de ellas voy conociendo cómo ven el mundo y la razón de las decisiones que toman. Me gusta validar las ideas y no siempre entro en debate con lo que no estoy de acuerdo.
En ocasiones, me cuesta lidiar con las personas que invalidan mis experiencias y anteponen las suyas poniéndolas como ejemplo de lo que debiera ser. Reconozco que me cuesta trabajo convivir con quienes piensan que su opinión es la que abarca el mayor espectro de realidad. Esta es mi gran área de oportunidad, el reconocer que la narrativa del otro es una construcción de la realidad ajena a la mía y que puedo usarla para ampliar mi perspectiva y poderme relacionar con esa persona, con el objetivo de aprender a comunicarme de manera asertiva y de respetar las diversas formas de ver e interpretar el mundo.