@miss_woodgate golpeó a mi puerta

Por Elena Tavelli

“Buena foto!!”, comenta @miss_woodgate en la imagen que acabo de publicar en Instagram. Como una stalker, me cuelo durante un buen rato en la intimidad de esa cuenta desconocida y confirmo que, detrás de ese usuario que aparentemente acostumbra a comentar fotos ajenas, se esconde Agustina Woodgate.

Porteña de nacimiento y yankee por adopción hace ya una década, por 2011 sorprendía a muchos cosiendo -en secreto- etiquetas con citas a poemas en ropa a la venta en casas de segunda mano. “Poetry bombing” se coló en la intimidad de todo aquel que, sin saberlo, adquiría una prenda de vestir con voz propia.

La foto comentada, que poco honor le hace a la función legitimadora de selfies con la que cumple la red social del momento, hace foco en una obra de Woodgate. “1111” es un conjunto de paneles plateados en los que la luz se descompone formando un arcoíris. De amplias dimensiones, llena de colores la sobria y gris fachada del Faena Arts Center y convierte a la visita de “GPS/Geometría poética social”, en la parada obligatoria de cualquier curioso.

Una vez adentro, 175 pelotas de tamaño diferente y de un blanco que huele a naftalina, minan la única sala en uso. La estética total white de Alan Faena y la luminosidad del espacio, convierten al lugar en una caja de cristal. Un entorno fríamente calculado que resalta lo rudimentario y azaroso de “Ballroom”, la instalación exhibida.

Aunque en ingles el nombre quiere decir “salón de baile”, parecería más coherente traducirlo literal: “salón de pelotas”. Porque si bien funciona como tal en sus ratos libres, su apariencia ahora poco se acerca a eso. Woodgate lo ha convertido en un espacio en el cual la luz del día penetra las ventanas y las bolas de boliche sin espejitos yacen descolgadas en un suelo sin huellas de barro ni alcohol.

La instalación, a diferencia de Still long de Jorge Macchi, en la cual los rayos de luz de una bola de boliche perforaron la pared o de Mi primera escultura. Instalación de Leo Estol, donde latas de energizantes y botellas de agua vacías imitan el paisaje post-fiesta, tiene que ver con un baile que no terminó porque nunca empezó.

“Se olvidaron de revestir las pelotas con espejitos, por eso no pudieron colgarlas”, pienso. Mientras tanto, las pelotas, abrumadas por la frustración de no estar girando, se consuelan con las miserables pateadas que reciben de los pocos visitantes que infringen la regla del se mira y no se toca.

Las pelotas, en realidad globos terráqueos lijados. De la misma manera que yo creía que los espejitos de la bola de boliche habían sido extirpados, Woodgate va borrando, parte por parte y con la ayuda de una lija, las superficies de estos modelos a escala tridimensional del planeta, prejuzgadas por la geografía, la historia y la cultura universal. Es que ¿Qué sentido tiene seguir mirándolos cuando ya todo en ellos ha sido explorado y descubierto?

Esa tarea fue realizada ya varios siglos antes de que 3M inventara la lija de papel con la que Woodgate borraría esas superficies, que representan un modelo a escala de un espacio circunscripto a un momento, a una cosmovisión. Es una construcción de sentido que ayer no era, hoy lo es y mañana podría dejar de serlo. “GPS/Geometría poética social”, abandona lo estático para moverse, cambiar y marcar un camino hacia una dirección clara: el divorcio de lo cotidiano. Busca despertarnos del estado somnoliento en el que estamos sumergidos.

Porque acá lo usual y rutinario, aquello a lo que estamos acostumbrados, se hace permeable a la intervención subjetiva del otro. Y es ahí, en esa modificación de la pequeñez y lo aburrido de lo ya establecido, Woodgate nos invita a participar de la reelaboración de la realidad a partir de una perspectiva nueva, diferente, y, sobre todo, propia. Recién cuando ellos puedan ser leídos de nuevo o mejor aún, leer en ellos lo nuevo, el mundo dejará de parecernos monótono, pequeño y aburrido.

Por eso vuelvo a Puerto Madero en búsqueda de la rayuela que Woodgate trazó en el piso desde el Faena hasta Palermo. Mi recorrido automatizado a casa, esa vez no me permitió verla y sin embargo estaba ahí, justo por donde había pasado. Ahora soy niña de vuelta, y con una mirada libre de prejuicios, juego a la rayuela pensando en que @miss_woodgate no era finalmente ese usuario que aparententaba estar acostumbrado a comentar fotos ajenas, sino alguien que despertó mi sorpresa.

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