El ABC para que no te sobrepase la vida

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Existen momentos en los que todo nos sobrepasa. No importa en qué momento nos encontremos, si en una situación mejor o peor que la de quien tenemos al lado en el metro.

Al final del día, cuando nos vayamos a dormir, tendremos que digerir nuestros propios temores.

Aunque no somos conscientes de ello, cada día, nuestra única misión es resolver la madeja de desafíos que se nos plantean con el fin de llegar a la cama, cerrar los ojos y conciliar el sueño sin perturbaciones ni pensamientos que nos asalten. Para mucha gente, este es el mejor o el peor momento del día.

Reconozco que el estoicismo me ha ayudado a poner los pies en el suelo cuando, a mi alrededor, sólo he encontrado consejos a medio gas.

Debemos recordar que, por mucho que nos importe la otra persona, es ella -o nosotros, en este caso- quien carga con esa mochila.

Por mucho que empaticemos, nunca nos podremos poner en su piel, ni ella en la nuestra.

Cuando me encuentro en una situación laboriosa -prefiero llamarlo así a decir que es complicada-, recurro a varias técnicas para que mi día no se convierta en una cámara de gas en la que me ahogo lentamente en mis pensamientos, dejando que las horas mueran.

El pensamiento

Lo primero es cambiar mi estado de ánimo. Existen formas diversas y cada cual que use la que le funcione mejor. La meditación funciona, la música también. Hacer ejercicio físico, saltar, visualizar…

En mi caso, quiera o no, salgo todas las mañanas a pasear al perro durante media hora. Eso me ayuda a salir de la cama. Después preparo café y tomo un cuaderno de notas.

En este cuaderno, escribo tres cosas por las que estoy agradecido (tu familia, el café, el lugar donde estás… tú sabrás). Normalmente, suele funcionar para cambiar mi estado, ya que me enfoco en algo que me hace sentir bien. El pensamiento es maleable.

Si esto no da resultado, recurro a las flexiones con el único fin de que la sangre bombee por todo mi cuerpo. No importa cuántas hagas, siempre y cuando hagas un esfuerzo.

Finalmente, si continúo sintiéndome como un despojo -rara vez sucede-, busco en Youtube alguna meditación guiada y la escucho durante diez minutos para relajarme.

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La organización

Una vez he cambiado mi estado de ánimo, es hora de aprovechar este impulso antes de que me vuelva a sobrepasar la frustración -porque regresa, tarde o temprano-.

En ese mismo cuaderno donde he escrito mis pensamientos, escribo la fecha del día y hago una lista de las tres o cinco cosas más importantes que debo terminar antes de que acabe el día.

En ocasiones puede ser escribir 3000 palabras (si estoy en medio de una novela), responder correos electrónicos, leer equis páginas de un libro, llamar a alguien, buscar información sobre algo…

Las tres o cinco tareas más importantes que nos van a ayudar a avanzar hacia el día siguiente.

Empieza por algo concreto, pequeños pasos.

Después calcula el tiempo estimado que te llevaría completar esta tarea y (aquí viene lo bueno) multiplícalo por tres.

Sí, tres.

Si escribir 3000 palabras creo que me llevará tres horas (mil palabras por hora), mejor pensar que serán seis, porque nunca rindo al cien por cien.

Una vez hecho esto, organiza tu calendario y ponte en marcha.

La concentración

Estás trabajando con varios objetivos claros pero hay quien te distrae, ya sea por teléfono, en persona o simplemente eres incapaz de lograr tus objetivos sin perderte en internet.

Sé consciente de tus hábitos, de las interrupciones, toma notas sobre ellas y elimínalas.

Sí. Todas.

A tu jefe, a tus padres, a tus amigos, a tu pareja.

Si vas a practicar ejercicio, no lleves el teléfono contigo.

Si tienes que estudiar, deshazte de cualquier distracción. El mundo puede sobrevivir sin ti durante unas horas.

Si necesitas terminar esa tesis, novela o ensayo, desconecta la red Wifi o usa un bloqueador de aplicaciones.

La responsabilidad de llegar y cumplir lo que te propones es únicamente tuya.

Lamentarse, quejarse y culpar a otros, además de una pérdida de tiempo, no sirven de nada.

Tu línea de progresión sube o baja. Si se estabiliza, prepárate para que baje.

Así que, si permites que otra persona o cosa robe tu atención mientras te dedicas a lo que más te importa, estarás fracasando a la vez que demostrando que eso es más importante que lo que realmente tienes que hacer para que tu vida progrese.

Por tanto, preocúpate de tus asuntos primero porque, al final del día, cuando te vayas a dormir, tendrás que digerir lo que no hayas hecho.

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Pablo Poveda, periodista y escritor de novelas de ficción. Creo en la cultura libre y sin ataduras. Si te ha gustado este artículo, conectemos: te animo a que te suscribas y descargues gratuitamente una de mis novelas.

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