Carnaval en 1916

El suplemento Épocas reprodujo el programa de los carnavales de 1916 de la Ciudad de Panamá. El listado de actividades se asemeja mucho a lo que observamos en el día de hoy: reinas, lenguaje solemne, juntas de carnaval, grandes recepciones en hoteles, pero lo más sobresaliente es la ausencia del culeco.

En 1916 no se desperdiciaba agua, sino confeti. En el programa de actividades se establece que el sábado 4 de marzo, el domingo 5 de marzo y lunes 6 de marzo, en horario de 6:00 p.m. a 7:00 p.m., luego de los desfiles que recorrían la ciudad, los panameños enloquecían lanzándose papelitos cortados.

Un siglo después los carnavales entraron en una crisis existencial. Una sequía larguísima — y vigente — amenazó con acabarlos. El despilfarro de agua era ilógico en tiempos de vacas flacas. Hace 100 años el confeti amenazaba los árboles y nadie dijo detengan la fiesta. Pero los tiempos cambian y se cuestionó como nunca el evento en esta oportunidad, incluso un Ministro propuso regar los potreros, pero finalmente las autoridades decidieron ser benevolentes y han optado por limitarlo en vez de cancelarlo.

Los carnavales empezaron como un desahogo promovido por la Iglesia Católica hace más de 4 siglos para que los días de cuaresma fueran más llevaderos. Se podría pecar por 4 días y luego cuarenta días de abstinencia serían más fáciles. Los registros del último siglo nos dicen que había confeti, agua perfumada, disfraces, rey y reina, pero no habían culecos.

Los culecos no han estado allí siempre, empezaron como mojadera entre hombres y mujeres que se tiraban baldes con agua. Pero no fue hasta los años 50 en que se empezó a utilizar carros cisternas para mojar a grandes grupos de personas.

En el 2016, 50 años después del primer carro cisterna, y 100 años después del reinado de Su Majestad Raquel de la Guardia y el despilfarro de confite, los panameños se encuentran ante la disyuntiva de cambiar sus costumbres una vez más. Las redes sociales aparecen llenas de indignación a horas de que inicien las fiestas. Reclaman que se cancelen los culecos, aseguran que pueden existir carnavales sin agua de río, sugieren que los camiones cisternas vayan a los sembradíos y a los potreros para refrescar a las vacas.

En ese mismo suplemento de Épocas que nos recuerda el Carnaval de 1916, donde no existían discusiones sobre la tala de árboles, aunque los acabaran con batallas de papelitos en las principales avenidas de la ciudad capital, el decreto de la reina dice en su punto número 2 una verdad con un siglo de existencia que los panameños se niegan a cambiar:

“La corona tiene el derecho de llamar al servicio activo de la alegría a todos los súbditos del reino”.