Gucci

Los animales encarnan a nuestros ídolos. Por eso les llaman Pepe Mujica, Cortazar, Pinki, Walter Mercado. Dependiendo de la obsesión/necesidad del propietario del animal, estos personajes — siniestros, encantadores, bipolares, estúpidos, geniales— aparecen convertidos en gatos, en perros, en loros, en puercos, en caballos, en iguanas, en el mejor amigo del dueño.

El Yorkshire Terrier de la ex ViceMinistra del Ministerio de Desarrollo Social, “el ente rector de las políticas sociales del Estado panameño”, se llama Gucci, cómo la lujosa firma italiana de perfumes, joyas y relojes, y tiene a su propietaria, Zulema Sucre, por sus excesos, a la puerta de un proceso penal.

Gucci se hizo famoso hace unas semanas cuando se le vio ejercitándose en un parque de la Ciudad de Panamá. El perrito era acompañado por un escolta corpulento de la funcionaria que pagaba el estado panameño para su protección por su importante cargo, pero estaba laborando para el perrito.

En las noticias dijeron que Sucre obligaba a sus escoltas a realizar este trabajo todos los días, que movilizaban al perrito en sus autos. Gucci era, gracias a ese video que salió de un teléfono, la representación de la monarquía presidencialista.

Antes de este ataque público, Gucci era famoso solo para su dueña. Le acompañaba en sus campañas, en el trabajo, en su cama cuando veía programas políticos que conducen títeres. Gucci no era nadie, pero ese video lo señaló en Centroamérica, en memes, en todos los noticieros que tiene este país, de abusar de recursos del estado. Su dueña renunció al cargo y ahora enfrentará un proceso legal que afectará al perrito.

Para esos días que se conoció la noticia figuraron otros escándalos más cruciales. Nos enteramos del financiamiento ilegal de campañas políticas que investiga Brasil sobre Odebrecht, la constructora internacional que en Panamá se ha adjudicado más de 8 mil millones de dólares, más dinero que la ampliación del Canal de Panamá, se liberaron con medidas cautelares a implicados en los casos de corrupción del gobierno de Ricardo Martinelli, del cierre de un acuerdo comercial con una empresa italiana que habíamos señalado de corrupta, del alquiler millonario que pagaría el estado por tener ambulancias, pero fue Gucci quién terminó en boca de todos aquellos que siguen política.

Su dueña tuvo que renunciar, aunque negó los cargos, y prometió pelear fuera del despacho en los tribunales, al Director de la Caja del Seguro Social, por ejemplo, que está vinculado al alquiler millonario de ambulancias, según los diarios, le llamaron la atención.