¿Por qué una librería se muda a la estación de gasolina?

El libro no es un invento de consumo ligero y menos se puede adquirir de forma fugaz. Razones emocionales lo prohíben. El libro siempre es una conquista. Ese suceso puede nacer con antelación, como en el primer encuentro, pero lleva implícito un proceso similar al del estudio del amor que hace más larga su adquisición. Hay excepciones, como en todo en la vida, gente que no lee y compra lo que sea, fanáticos de autores y editoriales, promociones, clásicos callejeros, libros mal colocados que sentimos nos pertenecen, en fin. Están los casos, pero usualmente el acto es reflexivo y, por ende, encantador y no es inmediato.

“Los libros en formato códex o códice, en el que las páginas se van pasando, fueron inventados en la época del nacimiento de Cristo, hace 2.000 años, y siguen siendo fuertes porque fueron un invento grandioso. Se puede ir adelante y atrás en el texto” dice Robert Darnton, el bibliotecario de la Universidad de Harvard que custodia millones de títulos.

De allí las librerías — públicas o privadas — , para permitir ese contacto que ha marcado una relación milenaria. En Panamá no es popular entre la juventud perder el día en la Librería Cultural, por ejemplo, donde se puede hurgar inventarios de ideas maravillosas de mentes locales y extranjeras con la tranquilidad que amerita encontrar un noviazgo de letras y diseño, o en la Biblioteca Nacional. El libro supuestamente está en sus teléfonos, en los dispositivos que no les enseñan que uno de los actos más increíbles de la existencia es perderse en una librería, incluso digital. Un acto que no realizan y donde se ve reflejado la crisis del momento. Cómo se puede despreciar el conocimiento no financiero.

Una innovación de la Librería El Hombre de La Mancha pretende solucionar el problema histórico de acercar el papel al panameño, en vista, que no le interesan las librerías por muchos motivos que van desde el tiempo, hasta el aburrimiento. En las fotos que circularon en redes se pueden apreciar, en esta primera etapa, títulos de Paulo Coelho y el rostro de Pablo Escobar, el narcotraficante Colombiano que nos inundó de violencia en la década de los 90. Algunos editoriales locales pidieron ser tomados en cuenta.

En el 2013 se conoció la Primera Encuesta Nacional de Lectura del Instituto Nacional de Cultura (Inac). Un estudio que según Priscilla Delgado, consultora de la institución y encargada del proyecto, tuvo una muestra de 10 mil participantes. El documento reveló que no se leen libros electrónicos, que tampoco se conoce como usar un Kindle, que se le dedica 2 horas a la semana, que se lee menos de un libro al año. Quienes lo hacen, sobre todos aquellos mayores de 35 años, son mujeres. No gastan más de 15 dólares, prefieren a los autores extranjeros, y la poesía ocupa el lugar más distante de sus manos. Les gustan los libros sobre la vida, el cuidado de los hijos, la actualidad.

La primera máquina despachadora está ubicada en una estación de gasolina, en estos centros inventados para lo inmediato, para el six packs de cervezas, para las papitas y el pollo frito, para ir y salir. La decisión nos dice a muchos que en estos lugares estarían potenciales lectores para el consumo inmediato de libros. Cuando la noticia salió en las redes sociales muchos aplaudieron la iniciativa. El dilema emocional sobre su adquisición había sido superado, para algunos.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated EL GUAYACÁN’s story.