Hipnosis y Fobia a los Insectos

Esteban
Esteban
Jun 29 · 4 min read

De nuevo aquello, ese maldito ruido. Aquel sentimiento a muerte que penetra cada latido de mi corazón. Arrástrándose, moviéndose entre lo oscuro, con seis u ocho patas o incluso cien pies, los insectos se subían a mi cuerpo inmóvil mientras trataba de gritar y no podía, hasta que como si fuera casi un milagro al fin me despertaba.

Mis pesadillas no estaban lejos de la realidad. Aún recuerdo mi cuerpo paralizado mirando una cucaracha, rogando para que no entrara a mi cuarto. También recuerdo las noches en vela al descubrir que un bicho había logrado entrar y tras un segundo de descuido se escondía. Quizá fue el día en que una gran polilla entró y yo temblando traté de sacarla sin éxito que decidí que mi miedo no podía seguir controlando mi vida.

Las coincidencias de la vida me cruzaron con Esteban. En medio de una charla de amigos y café, su gusto por la hipnosis se llevó la corona como el tema de conversación principal. Aún un poco escéptico, le pregunté sobre lo poco que conocía: hipnotistas famosos haciendo su show para grandes públicos.

— ¿Puedes hacer que alguien crea ser otra persona, o incluso un animal? — le pregunté.
— Eso depende de si la persona quiere, la hipnosis nunca va en contra de la voluntad, aunque ese no es mi enfoque favorito.
— ¿Entonces cuál es?
— Me gusta trata fobias, es sencillo y funciona muy bien —
Me respondió con seguridad.

Y otra vez, allí estaban los bichos, arrastrándose una vez más, pero esta vez en mi cabeza. Le conté de inmediato mi fobia, imaginándome que tras esta bochornosa confesión vendría la oportunidad de tener una sesión de hipnosis. Me causaba algo de temor pero de alguna forma pensé que funcionaría.

— Bien, vamos a hacerlo— Me dijo Esteban
— ¿Cuándo? — Me asombré por su decisión mientras en mi cabeza pensaba en alguna fecha disponible. Mis pensamientos no se acomodaban del todo cuando llegó el siguiente comentario.
— Ahora, aquí mismo.

Mi mente se puso en blanco. Al despertar ese día nunca imaginé que conocería a un hipnotista, y mucho menos que ese día iba a experimentar por primera vez la hipnosis. Mi corazón se aceleró a medida que Esteban me explicaba, y para mi sorpresa, la realidad estaba muy alejada de mi imaginación. Yo estaría consciente durante toda la sesión, así que para mi alivio me deshice de ser un zombie sin voluntad o el entretenimiento del día, quizá fingiendo ser un agente encubierto o de pronto una gallina.

Después de despojarme de los paradigmas que tenía frente a la hipnosis, me sentí listo para enfrentarme a lo que sea, o al menos eso creía. Nunca me imaginé que con ejercicios sencillos como “mira fijamente un punto” o pequeños ejercicios de respiración fueran mis conductores a un estado de consciencia del que no tenía idea.

Cuando menos lo pensé, mi cuerpo y mi mente ya se sentían relajados, y así, de una manera imperceptible, la hipnosis empezó. La voz de Esteban trajo a mi mente a una araña. Sentí un escalofrío por toda mi espalda y el miedo se volvió muy real, sentía como cada músculo de mi cuerpo se contraía y solo deseaba escapar. Luego la misma voz que trajo la araña, trajo relajación y paz.

Recorrimos el miedo y la paz varias veces, llevándome a lugares y sensaciones que tal vez nunca alguien había sentido en un Starbucks. Al terminar la sesión no sabía cómo reaccionar, me sentía diferente, pero se cómo explicarlo.

El camino a casa fue bastante extraño, sentí una seguridad y una confianza que no había experimentado nunca en mi vida. Y por extraño que suena, solo deseaba encontrarme un bicho para saber si aquella sesión realmente había valido la pena.

La prueba de fuego no llegaría sino hasta días después. Me encontraba en el baño cuando una pequeña mancha negra se escabulló en mi campo de vista. Reconocí la cucaracha de inmediato, esa criatura que se había robado mis mejores pensamientos y me había atormentado, estaba frente a mí. No sentí temor, sino que por el contrario una paz inexplicable.

En ese momento supe que mi vida había cambiado.

Por supuesto que aún no me agradan los bichos, pero adquirí la confianza necesaria para enfrentarlos. O mas bien para enfrentarme, enfrentarme a tantos años de temor, de dejar de hacer las cosas, de evitar el campo a toda costa, de no poder disimular nunca el pavor. Todo se fué.

Han pasado algunos meses y me sorprendo de pensar cómo algo que duró solo unos 20 minutos tendría efecto en toda mi vida. Gracias a Esteban y a la hipnoterapia hoy puedo convivir con mis miedos porque aprendí que puedo vencerlos, y sí, los bichos estuvieron siempre en mi cabeza y definitivamente ahora se han ido.


El presente texto es una historia real, escrita por la persona que vivió la experiencia.

Nota del hipnotista: sígueme en mis redes sociales, Instagram y Facebook. De vez en cuando publico relatos de personas que han vivido la hipnosis y más material interesante. Si tienes dudas o comentarios, no dudes en enviarme un mensaje.

Esteban

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Esteban

Hipnotista experto, miembro de la American Alliance of Hypnotists. Actualmente en Medellín.