Demian de H. Hesse y la interminable búsqueda de uno mismo

Sin morir en el intento

Luego de no sentirme muy feliz al terminar Siddhartha y de reconciliarme con Hesse en El Lobo Estepario, Demian cayó en mis manos una semana atrás.

No pienso hablar mucho del libro porque probablemente haría spoilers (soy experta), mas sí lo que aprendí de la novela.

La interminable batalla de encontrarse a uno mismo y lo complicado del camino. Hesse, desde el inicio de la historia expone al personaje principal como una criatura con una marca, marca que le hará cuestionarse todo lo que cree o pensó creer. Y es que, muchos nacemos sintiéndonos diferentes. Nos es difícil calzar en la norma aunque, desde muy pequeños nos hayan intentado moldear con ese fin. Llega un punto en el que uno comienza a darse cuenta de que nada es en realidad como le contaron y que, algo muy dentro, una llama, una voz, qué se yo, le empieza a reclamar atención, a sentirse reconocido, a ser liberado. Es allí donde todo inicia: la crisis, el caos, el miedo, la libertad.

No sé qué será lo que determina que ciertos humanos sean atípicos al resto, que ciertos humanos, hagan diferencia, se sientan diferentes, tampoco me interesa saberlo. Lo que sí me interesa es la travesía para darse cuenta de ello, esto es Demian: el diario del protagonista relatando cómo cedió a su parte oscura. Pero del todo no puede describirse como oscuridad, porque, al final, es lo que realmente se es, lo que pide ser. 
El curso natural del mundo (el erróneo, el controlado) exige que las personas se comporten de cierta manera, que trabajen y generen activos, que se reproduzcan por obligación, que sean números. Pero el otro, el curso correcto del mundo, el que, podría describirse como “oscuro” es el que, solamente quiere ser, como todos los demás seres vivos: las plantas que solo son, los animales que, solo son, actuando por instinto, ese mismo instinto que nos dice que no somos como el resto, que, pese a que huir de la norma es, prácticamente imposible, no lo es el sobrellevar nuestro paso siendo uno mismo. Cuestionando todo, manejando lo manejable como una dulce venganza, criticando, avanzando, aprendiendo.

Demian me recordó todo esto, que los marcados somos raros, pero que nada podemos hacer en contra de nuestra naturaleza porque va más allá de nuestro entendimiento, porque no es solo sentido común, es más profundo. La búsqueda interminable de uno mismo quizá no termine, pero aceptar ese “lado oscuro” que tanto llama, merece atención porque marca una guía en el camino.

“Siempre es bueno tener conciencia de que dentro de nosotros hay alguien que todo lo sabe, lo quiere y lo hace todo mejor que nosotros mismos”.