Entropía, libertad y series de televisión

Mis padres me enseñaron a ser libre. Cuando era un niño me dijeron que estudiase para, entre otras cosas, poder elegir un trabajo que disfrutase porque de tener que trabajar no me iba a librar nadie, que es un aro por el que hay que pasar irremisiblemente. Como decían entonces: “ya que vas a tener que pasar unas horas al día trabajando, al menos que no sea un sufrimiento”. Siempre me sonó sospechoso aquello de que “el trabajo dignifica” así que he intentado seguir su consejo y pasar por ese aro rozándolo lo menos posible.

Sin embargo también me enseñaron a no aceptar otras convenciones, a no pasar por otros aros por los que no es indispensable pasar; no al menos sin pensarlo; no al menos si yo no quería pasar voluntaria y conscientemente.

Hoy leí una noticia sobre Tyto Alba, una asociación ecologista de mi ciudad de origen de la que hacía mucho tiempo que no sabía nada, y recordé cuando unas cigüeñas anidaron en el tejado de nuestro edificio. Los vecinos querían tirar el nido abajo. Yo no, tenía doce años y me parecía algo maravilloso. Mis padres podrían haberse desentendido, no haberse enfrentado a nadie por dos cigüeñas, sin embargo llamaron a Tyto Alba para que fuesen a mediar en el asunto. Opusieron resistencia y, a través de ello como de muchas otras lecciones, me enseñaron a oponer resistencia yo; a ser libre, como decía. Quizá demasiado, debieron pensar con toda probabilidad al llegar mi adolescencia.

Cuando estudiaba Cinematografía en la universidad un profesor de guión nos dijo una frase de esas que hacen que se te caiga una de las muchas vendas que inconscientemente nos vamos poniendo en los ojos: “no hay nada más aburrido que la vida”. No era algo derrotista, era puro realismo. Se refería a la (des)estructura de la vida por contraposición a un guión cinematográfico. Se suele decir que hay un número limitado de historias, de estructuras, y que todas las películas o, en general, narraciones, son meras adaptaciones de esos clichés. Sin embargo seguimos leyendo novelas y viendo películas, buscando desesperadamente ese orden que en la vida, en el cajón desastre de hechos que es la vida, no encontramos. No lo encontramos pero lo buscamos; también fuera del cine. Y lo forzamos. Y lo volvemos a imitar en el cine buscando hacer coincidir el mapa y el territorio, haciendo de nuestras vidas un simulacro, — como diría Baudrillard — , o un espectáculo, — como diría Debord — , para nosotros mismos y los demás.

Veo a gente buscando cosas que hacer, buscando personas, ocupando el tiempo. Hoy perder el tiempo es un pecado capital, pero capital de capitalismo. No ser productivo está mal, no hacer nada está fatal y la gente busca: personas, actividades, relaciones, procrear, olvidar para ir a la siguiente casilla… consumir pedazos de vida concatenados, en una ilusión de hilo conductor, rápidamente. El tiempo es capital y les importa un pito y medio el ritmo de los planetas o de las demás personas que tengan cerca. Ellos quieren y quieren ya. Casualmente la gente suele adoptar los ritmos de sus próximos. ¿Toca tener hijos? Pues toca. ¿Toca crisis de los treinta? ¡Pues será que toca! Es más fácil y relajante pertenecer.

Pero esto tiene un precio. El universo es ajeno a nuestros órdenes. Como dicen Nada Surf: “a las estrellas les es indiferente la Astronomía”. Y no se puede forzar un orden dentro de esta entropía sin que surjan fricciones. Hasta la persona menos sagaz ve en ciertos momentos el sinsentido y entonces llega la frustración. Y llega el momento de ocupar el tiempo en mitigarla: psicoterapias, autoayuda… Pero estas estrategias sólo les funcionan a quienes estén dispuestos a ser pulidos, que les limen esas imperfecciones para volver a ser convertidos en rodamientos de la rueda en la que tan bien se está. Esféricos, perfectos y brillantes para que la vida roce lo menos posible y menos aún que golpée. Vuelta y vuelta y vuelta. No sólo hay que estar dispuesto a ser pulido de nuevo, hay que ser capaz de creérselo. Alguien puede querer volver al redil y repetirse cien y mil veces que “lo correcto es…” pero creérselo es otro tema. No es fácil convencerse a uno mismo. A los demás sí, para eso viene bien repetir las cosas. Para uno mismo, no. Habrá que buscar recambios para ocuparse y no pensar demasiado.

En los últimos años las series de televisión están viviendo una edad de oro. Es fácil imaginar por qué: son algo que seguir, algo que (de no ser canceladas) no nos va a fallar. Vendrá otro episodio, y otro, y otro… y tendremos empatía con esa familia de personajes, y las estructuras se repitirán capítulo tras capítulo sin que seamos muy conscientes de que es todo el tiempo igual, y los arcos argumentales temporada tras temporada nos sanarán de la entropía. Nos acogen, nos agarramos a esas líneas de vida. Antes era la religión.

El otro día me preguntaron en una entrevista de trabajo “dónde me veo en diez años, cuál es mi plan de vida”. ¡Joder! ¡No tengo plan de vida! ¿Para qué quiero plan de vida? No soy una serie de televisión. Hace diez años no habría adivinado que iba a estar donde estoy, en ningún sentido en particular o en sentido cosmogónico, en todos los sentidos. Tampoco quería y sigo sin querer.

Pierdo mucho el tiempo. Eso dicen, aunque yo prefiero decir que “a veces uso el tiempo para no hacer nada” y, cuando digo “nada”, quiero decir “cosas que parecen que no son nada”… y puedo asegurar que los últimos diez años han estado razonablemente bien, ha habido momentos de orden, de desorden, he visto series capítulo a capítulo, he visto series de forma anárquica, he leído, no he leído, me he llevado muchas sorpresas, algunas agradables, otras no tanto y nunca he necesitado psicoterapia. La fricción sigue ahí,— sería un cretino si pensase que estoy fuera de la rueda — , pero la acepto de buen grado sin pulir. Voy a terminar muy abollado, pero me enseñaron a ser libre y sólo paso por los aros que me da la gana, aunque se suponga que es lo que toca. Intento aprender a vivir con la futilidad. Y no me va ni tan bien, ni tan mal. Es suficiente.

Y, ahora, voy a ver el último episodio de Halt & Catch Fire.