La Sombra en la Vida Cotidiana

La sombra

¿Qué sería de Dr. Jekyll sin Mr. Hyde?

Dr. Jekyll era ante la sociedad londinense del siglo XIX un buen ciudadano, recto, de buenas costumbres, solitario y probablemente muy aburrido. Su vida no resultaría interesante para ningún periodista, psicoanalista, ni escritor, sino fuera por su famoso alter ego: Mr. Hyde. Aquel extraño caso contado por Stevenson saltó a la fama por una sencilla razón, el autor se conectó a través de la magia de la escritura con uno de los símbolos arquetípicos más arraigados en la psique de la humanidad: la sombra.

De criminales y santos todos tenemos un poco, no obstante, por una cuestión de seguridad básica la sociedad se encarga de enterrar en lo posible a una buena profundidad todo el potencial psicópata que habita en cada uno de nosotros, en algunos casos es evidente que el intento es vano, pero en general la civilización logra el cometido con un sospechoso éxito y digo sospechoso porque aquel psicópata es enterrado vivo y desde la oscuridad sigue haciendo de las suyas de forma soslayada mientras mantengamos el aliento de vida. Entonces vivimos en la somnolienta normalidad, sumergidos en la rutina del día a día conviviendo con aquella sombra que se manifiesta de las formas más sutiles que uno pueda imaginar, vive dentro nuestro, pero no la reconocemos como parte de nuestro ser y de esa forma parásita vive de nosotros y en nosotros sin mostrar jamás su verdadero rostro.

Encontrar y abrazar a la sombra nos ahorraría por lo bajo 10 años de costoso psicoanálisis, por ello es que creo que reconocer a la sombra es además de una tarea ineludible para mantener la salud mental, un acto heroico, no apto para profanos ya que el viaje al interior de uno mismo es la hazaña más angustiante que pueda emprender un ser humano libre y voluntariamente. Huir de la oscuridad, de la incertidumbre y el caos es el mecanismo de defensa más utilizado por la humanidad para evadir el miedo y angustia, por instinto de supervivencia el principio del placer nos conecta a la vida por ello buscamos y anhelamos la luz, amamos los rayos del sol que nos acarician en una tarde de primavera porque nos trasmite la fuerza, alegría y esperanza, el sol es la vida, es el disfrutar cada segundo, pero cuando llega la oscuridad, el susurro de las campanas de media noche resuena y despierta a la sombra que también habita en nosotros, el misterio nos envuelve en un irracional temor tan arcaico como la misma humanidad. Tememos a ese susurro tan intensamente que nos perdemos en el ruido del entretenimiento que tan maquiavélicamente nos proporciona la Mass Media.

Aún así, en los sedimentos de la psique reina la oscuridad, soberana del inframundo, ella espera con paciencia al héroe o heroína que se atreva a llegar a su territorio después de vencer sus miedos más profundos.

Ahora bien, si a pesar de los miedos y dudas nos animamos a abrir los portales arcanos y realizar el viaje a las profundidades que nos lleve al centro de nuestro ser, la vida misma acompañará nuestro emprendimiento poniendo a disposición todo lo que precisamos para ello, sólo necesitamos dos actitudes. En primer lugar debemos tener un verdadero deseo de conocernos, ese impulso será la fuerza para vencer los obstáculos que abundarán en el camino y en segundo lugar necesitamos prestar atención a todas las señales que la vida nos presenta cada día. Si observamos con atención en el día a día nuestros comportamientos y actitudes podremos acercarnos a nuestro lado oscuro de una forma escalofriantemente fácil. Por ejemplo, cuando vemos en los demás defectos que nos molestan particularmente, Herman Hesse dice que cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.

En general las personas que nos rodean siempre serán los mejores espejos que uno pueda anhelar, existen otros trucos para atrapar a la sombra, si prestamos atención a nuestras reacciones emocionales exageradas, exabruptos, enfados y adicciones varias podremos tener claras pistas de nuestro lado oscuro, este emprendimiento no se trata de viajar a la oscuridad y ahogarnos en ella, como diría Nikola Tesla: nuestras virtudes y defectos son inseparables, como la fuerza y la materia. Cuando se separan, el hombre no existe, sólo cuando nos conocemos a nosotros mismos con nuestros defectos y virtudes podemos dar un paso más en la evolución y tal vez girar menos vueltas en la Rueda del Samsara …


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