Dani Mateo: “Hemos llegado a un punto en el que leer en este país es un problema”

Ha cumplido diez años sobre los escenarios y lo celebra recorriendo España con su monólogo Desencadenado. El actor y presentador ha participado en numerosos programas tales como Sé lo que hicisteis y El Intermedio donde actualmente comparte pantalla con el Gran Wyoming. Además, cada tarde acompaña a los oyentes de los 40 Principales con Yu: no te pierdas nada. En una pequeña cafetería de la Gran Vía madrileña Dani Mateo responde a las preguntas en una charla distendida donde el tuteo fue su primer requisito.


Pregunta. — ¿Llegaste al final de la licenciatura con un “y ahora qué” o tenías previsto algún sector en especial?

Respuesta. — Yo llegué al final de la licenciatura como empecé: con un “pero qué coño” un “y ahora qué” es poco; un “¿pero qué es esto?”, “¿por qué he hecho esto?”, “¿en qué me he metido?” (resopla) “¿qué es esta locura?”, pero eso es lo bonito. Llevo diez años en esto y cada vez que se acaba una temporada de algo es “ahora qué”, te tienes que acostumbrar a vivir en la incertidumbre en esta profesión, lo bonito es que ahora todas las profesiones son así prácticamente. De repente tengo amigos trabajando en Wisconsin y otro en Boston; hace igual quince años esto era impensable. Te cuestionas “¿tendré que ir a Boston a buscarme un curro?” Pues igual sí, entonces es esa incertidumbre que ya tenías pero multiplicada por diez.

P. — ¿Te imaginabas dedicándote a todas las vertientes del periodismo?

R. — Yo realmente no me lo imaginaba, tu empiezas periodismo diciendo “yo quiero dedicarme a hablar, a contar cosas” pero luego no tienes tan claro ni dónde ni qué, eso luego lo vas viendo. Los americanos por ejemplo son de tener muy claro qué quieres hacer y enfocarte en eso: allí no hay un tío especialista en deporte, allí es especialista en futbol americano de la costa oeste, no vayas a preguntarle sobre la costa este, sólo costa oeste. Aquí no podemos hacer eso, hay que saber hablar de todo pero si que tienes que encontrar tu caminito de baldosas amarillas, o sea tienes que ver con qué te escuchan y con qué no, es un poco intuitivo, vas viendo qué es lo que te remueve por dentro y tirar por ahí. Eso sí, si a ti te gusta algo en concreto tienes que estar dispuesta a hacer un programa de televisión, un canal de YouTube, una revista, un blog o un reality si es necesario. Hay que hacer de todo y estar muy abierto pero si que tener unos temas de interés general y si puedes tener varios temas mejor, que si te gusta la moda, el deporte y la nutrición pues ya tienes un blog, que casi no hay de esos (se ríe).

P. — ¿Hiciste tus pinitos en la interpretación en la Universidad de Barcelona o fue algo que llegó de imprevisto?

R. — Yo los pinitos de interpretación los inicié antes, yo en el instituto ya estaba con mi ropa hippie y creyéndome Robert De Niro. Es muy aconsejable si te quieres dedicar al mundo de la comunicación hacer algo de interpretación porque te ayuda mucho, sobre todo a perder la vergüenza; funciona muy bien eso y salir de noche porque descubres lo que es relacionarte con gente a la que no conoces e intentar interesarle que es lo más importante, tiene un poco de seducción todo esto (se ríe).

P. — En tu monólogo Desencadenado haces un repaso de tus últimos diez años. ¿Eres de los que cuenta los años hacia delante o hacia atrás?

R. — Buena pregunta. Cada vez soy más mayor y por lo tanto cada vez voy contando más años hacia atrás, ya estoy en la cuenta atrás (se ríe). Yo cuento los años hacia adelante siempre, yo creo que para atrás no hay que ir ni para tomar impulso. Lo que pasa es que es muy bonito acordarte de lo que vas viviendo porque luego con los años es muy gracioso y al menos en mi profesión sirve mucho; todo lo que ahora te parece guay, dentro de diez años te verás como una mamarracha en las fotos así que tu siempre mira hacia adelante pero ve tomando nota y hazte fotos porque eso te va a hacer gracia aunque sea a nivel personal.

P. — Para muchos, tú y el elenco de Sé lo que hicisteis formabais algo como el “Friends español”, ¿seguís siendo tan friends a día de hoy?

R. — No tanto porque evidentemente es como Gran Hermano: en la casa todo se magnifica. Imagínate éramos como una familia, estábamos allí cada día muchísimas horas y ahora pues llevamos una vida en la que cuesta mucho coincidir; por eso hay que alegrarse mucho cuando sale algo así, hay que disfrutarlo a tope porque se acaba y en este mundo nada es para siempre.

P. — Entonces recuerdas con nostalgia el programa, ¿no?

R. — Sí la verdad es que sí. Lo pasé muy bien y aprendí un montón, qué bonito, voy a llorar (se ríe).

P. — Has hecho del ex novio de Falete, de Dani Güiza y de Jordi “el fan del Barça”. ¿Hay algo que hayas hecho en televisión de lo que te arrepientas?

R. — Es curioso porque con el ridículo que he hecho en la televisión, que he hecho de todo y me he puesto todas las pelucas que había, quien me iba a decir a mi que fichando por el programa más serio en el que he estado jamás que es El Intermedio iba a hacer la cosa más ridícula que hecho en televisión que es ponerme ese tanga de Borat; el triquini ese (resopla), eso fue muy doloroso, muy doloroso sobretodo pensar que no tenia parte de atrás: te aseguro que por delante era feo pero por detrás era mordor.

P. — ¿Te resultó difícil pasar de los sketch cómicos al periodismo más crítico de El Intermedio?

R. — Me costó sobretodo superar el cague porque yo venía de estar muy a gusto, de tener un programa muy controlado de un idioma que ya controlaba que era el del mamarrachismo y luego pese a que El Intermedio es bastante mamarracho también y hacemos muchas idioteces, lo ve mucha gente y tratamos temas muy delicados y yo pues me preguntaba si estaba a la altura de todo eso. Una vez superado el miedo tampoco es tan distinto pasar de hablar de Lydia Lozano a Rajoy: no hay tanta diferencia aunque lo parezca porque los dos hablan de cosas que no dominan.

P. — Tal y como comentaste en La Opinión de A Coruña, si el periodismo no está para agradar al poder, sino para ser incomodo, ¿existe algún tipo de censura previa en El Intermedio?

R. — No. La verdad es que hay una suerte enorme en El Intermedio y es que ellos saben que el momento en que el programa deje de molestar deja de tener sentido. Entonces afortunadamente a nosotros no nos llegan las mil presiones que habrá para que El Intermedio pase a ser El Hormiguero de la política, es decir, un programa blanco, amable, para toda la familia. Como saben que si se convierte en eso desaparecerá pues afortunadamente el canal piensa más como empresarios que tienen que cuidar un producto; eso sí estoy seguro que a las puertas del director de La Sexta hay antorchas, gente golpeando las paredes, cabezas cortadas…

P. — Por lo tanto, ¿cuál es la clave de El Intermedio?

R. — Wyoming. Bueno en realidad hay dos claves: Wyoming y el guión, pero yo creo que sin una de esas dos partes el programa no sería lo que es porque el guion es muy bueno pero hace falta un hombre como Wyoming y una credibilidad como la suya porque pese a ser un guión lo defiende a muerte y que incluso si no hubiese guión sería aún más salvaje. Yo recuerdo una vez que le preguntaron a Wyoming: “¿Tu no tienes miedo de que diciendo lo que piensas te echen de la tele?” Y él dijo: “No, yo en la tele digo lo que me escriben si digo lo que pienso me echan del país”.

P. — ¿Te preocupa que Gran Hermano o Sálvame sean los programas de mayor audiencia? ¿Crees que los medios acabarán adaptándose a esta incultura generalizada?

R. — Yo estoy muy preocupado, fíjate que siempre ha habido programas de esos pero creo que últimamente esto ha ido a más, creo de verdad que hemos llegado a un punto en el que leer en este país es un problema, que te puede joder la vida como leas de más, yo creo que tenemos que poner freno a eso. Yo confío mucho en esa España a la que apelan muchas veces los políticos, el voto oculto, pues yo apuesto mucho por la España oculta que quiere salvarse de eso, tengo fe en que programas como Gran Hermano y Mujeres y Hombres y Viceversa nos sirva como un toque de atención constante y por eso es bueno que estén siempre ahí, porque siempre creo que habrá una parte de la juventud de este país que diga “yo eso no lo quiero para mi ni para mis niños”: mientras tengamos ese referente podemos huir de él. Ojo que el otro día les preguntaron a qué comunidad autónoma pertenece Zaragoza, que no es quién es el último Premio Nobel de Literatura, y no lo sabían. A una le preguntaron cuál fue el primer presidente de la democracia y respondió Azul; azul me quedé yo oyéndolo.

P. — ¿Serías capaz de trabajar en una cadena como Intereconomía?

R. — No. No directamente no. Yo creo que montaría algo como una radio por Internet o pasaría drogas blandas. Pero, hostia no, es que Intereconomía es droga dura, yo prefiero drogas blandas (se ríe).

P. — ¿Cómo hace un humorista para disimular en un día malo cuando presentas Yu: no te pierdas nada, todos los días?

R. — No se me nota, intento tener los días malos justos y contados. Soy de la opinión que los días malos son para uno, no tienes que hacer que lo tenga otro, no tiene la culpa. Cuando estoy en la radio hago lo mismo que cuando estoy en la calle: si estoy jodido me lo guardo y muchas veces a base de forzarte consigues que se te arregle el día, a veces salgo de la radio con la sensación de haber salido del psicólogo. Llegó a veces arrastrándome y salgo de allí con un “ole lo que me he ahorrado de terapia”.

P. — ¿Cómo te imaginabas que ibas a acabar antes de empezar en el mundillo y como te ves ahora, cambiarías algo?

R. — Más guapo (se ríe), yo me imaginaba mejor porque yo veía a la gente en la tele y veía como llegaban a la edad adulta siendo muy atractivos, sino mira Bertín Osborne. Yo me imaginaba exactamente igual que estoy, bueno en realidad peor; yo la verdad es que he tenido muchísima suerte, he ido saltando de un proyecto bueno a otro mejor. Algo habré hecho bien o debí pasarlo muy putas en otra vida porque ahora me están compensando.

P. — ¿Volverías a coger las riendas de un late night estilo Noche sin tregua?

R. — Si, sin duda. Si de hecho yo creo que ese es mi destino, yo creo que Noche sin tregua era lo que yo voy a acabar haciendo pero sin dinero, todos cabíamos en un taxi y encima nos lo pagábamos nosotros, era un milagro hacer ese programa. Mi idea es acabar haciendo eso pero ya con presupuesto que va a ser la hostia, ya verás.

P. — ¿Qué ha sido lo peor y lo mejor que has sacado del éxito?

R. — Lo mejor del éxito en este país no es hacerte rico, aunque está muy bien pagado, yo a veces incluso pienso que es un poco injusto; lo que intento hacer con ese dinero es tener una productora o hacer una obra de teatro: básicamente para meter a colegas y que todos participemos, somos como una pequeña ONG. Desde luego no te haces rico como en Estados Unidos, el éxito te da libertad. El éxito en este país es seguir trabajando y eso te da libertad para poder elegir entre proyectos guays, porque si encadenas dos proyectos malos o incluso uno, que a veces no es culpa ni del proyecto ni tuya, ya está; a partir de ahí o no te llegan buenos proyectos o tienes que trabajar de lo que te llegue que a veces es Intereconomía o cosas así de chungas. Si te niegas acabas volviendo al paro o a servir copas, que es muy digno pero es una putada. Una cosa buena que he sacado es que he conseguido mantener amigos de antes del éxito y no volverme completamente gilipollas y que ahora podamos estar haciendo esta entrevista sin un guardaespaldas que te esté diciendo “perdone señorita no moleste a la estrella”.

P. — ¿Cuál sería tu consejo a una estudiante de periodismo como yo?

R. — Mi consejo sería que no te convenzan de que no se puede; poder se puede, pero es muy difícil. Tampoco te convenzan de que está tirado. Ahora estamos en un momento muy bueno porque no queda nada de las antiguas estructuras del periodismo, se están desmoronando. Los antiguos grandes grupos periodísticos están reinventándose, y para reinventarse necesitan a gente que llegue y les diga “yo haría esto” entonces no tengas miedo ni tú ni nadie que esté haciendo ahora periodismo a llegar a un tío que lleva toda su vida en esto y decirle “esto así no va a gustar, esto se puede hacer de otra forma” porque la posición de ese hombre depende de que lleguéis y le expliquéis que es lo que le gusta a la gente de la calle. Ahora hay mucha necesidad de que llegue gente nueva, por lo tanto es un momento buenísimo para meterse en este mundo, pero sin miedo. Como llegues a este mundo diciendo “bueno a mi que me lo cuenten, yo me busco un trabajillo y me coloco”, no así no, tienes que llegar con ganas de comerte el mundo entonces si llegas con esas ganas yo creo que es un buen momento.

P. — Has hecho radio, televisión, teatro y hasta un libro. ¿Qué viene después?

R. — Hacerme rico (se ríe), estoy esperando a que me llegue el cuponazo. Me queda por hacer un late night, yo soy un poco cobarde y he estado en proyectos muy buenos pero tampoco he estado delante, he vivido muy bien; quizás Yu: no te pierdas nada ha sido el primer reto fuerte de “bueno empezamos de cero te ponemos a ti al frente y a ver qué tal”, y ha funcionado muy bien, llevamos tres temporadas y genial. A mi me queda todo lo gordo por hacer, entonces a ver que tal se da, yo como te decía antes, como cuento los años hacia delante me quedan años de jugármela a ver qué tal.

P. — ¿Alguna anécdota?

R. — Yo conocí a Ángel Martín (compañero de Sé lo que hicisteis) en Barcelona cuando él hacia monólogos como yo, éramos un cuadro flamenco los dos en un local que no te crees que venían a vernos cuatro gatos y allí con 22 años ya nos decíamos “aquí vamos a ser famosos eh” y nos reíamos, “¡te imaginas que un día nos dicen de hacer tele, madre mía!”, y fíjate donde acabamos fue muy curioso. Ángel se vino a trabajar a Paramount Comedy y yo vine detrás y como no tenía donde ir me fui a su piso. Yo no sé como sobrevivimos a ese piso, ¡que piso!, no recuerdo haber dormido mucho allí de hecho no habíamos ido ni a por un somier. En ese piso había un colchón en el suelo tirado que habíamos comprado en el Rastro, una lata y un corcho en la pared donde apuntábamos los chistes que se nos ocurrían y luego gente que pasaba por ahí “Hostia esa gente que se vino ayer, bueno que se queden a desayunar”. Una anécdota buena fue en Sé lo que hicisteis cuando me llamó el representante de Isaac (el novio de Falete), el novio de Falete tenía un representante, eso ya es una buena anécdota. Bueno me llamó para ver si yo quería hacer una gira con el novio de Falete yendo por discotecas donde el salía primero y luego nos quedábamos los dos a poner discos. Y mira que pagaban una pasta, pero dije “esto es peor que aceptar la oferta de Intereconomía”.

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