Transantiago 2018: Simplificando la estructura e identidad del transporte público de Santiago

Este 2018 terminan los contratos con las actuales empresas operadoras del Transantiago (y se adjudican nuevos), una increíble oportunidad para mejorar el sistema en –casi– todas sus aristas, desde la posibilidad de integrar nuevas y más pequeñas empresas, hasta la de exigir flotas más modernas a las actuales y entrantes.

Es imprescindible que este “Transantiago 2.0” se diseñe de manera integral, considerando aspectos logísticos, gráficos, urbanos e informativos, para así lograr una experiencia de usuario completa (y en lo posible, gratificante). Eliminar, mediante un correcto diseño del sistema como un todo, la aspiración por “bajarse de la micro” y subirse al automóvil privado.

Estructura e identidad del transporte público de Santiago

Transantiago, según entiendo por lo que se señala en su página web, es el nombre del sistema de transporte público de Santiago (dígase… buses, metro, y trenes de cercanía), el cual es controlado y supervisado por el Directorio de Transporte Público Metropolitano, o “DTPM”.

Existe, en este esquema, una innecesaria redundancia entre DTPM y Transantiago, la cual pareciera ser más una descoordinación que una decisión concreta. Hasta el año 2013 –creación del DTPM– los carteles de parada de buses lucían en su esquina inferior izquierda el logo del Transantiago y su sitio web (transantiago.cl). Hoy, en cambio, carecen de dicho detalle, mas lucen en su esquina inferior derecha el sitio web del DTPM, pero la información relevante para el usuario sigue estando en http://www.transantiago.cl/. Además, es confuso y redundante también, entender que “Transantiago”, pese a ser presentado como el nombre del sistema de buses, al mismo tiempo es el nombre que integra buses, metro, y trenes de cercanía. No me termina de hacer sentido como decisión concreta.

Hace unos meses, dándole vueltas a esta idea pensé en cómo se podría simplificar la estructura del sistema, e incluso me tomé la libertad de soñar un poco e integrar las bicicletas públicas de la ciudad al mismo.

Antes de presentar mi idea cabe resaltar que, además de tomarme la libertad de imaginar una eventual integración con las bicicletas públicas, también quise solucionar un situación que probablemente solo al 1% de usuarios le importan, pero no deja de ser rescatable cuando está bien planteada: La identidad del DTPM. Y aquí abro un gran paréntesis.

Desde su creación en 2013, he visto MUCHAS variaciones del isologotipo de la entidad. El que aparece en la tarjeta Bip! es distinto a la que aparece en otros diseños de la misma tarjeta, que a su vez es distinto al que aparece en su página web, el cual es distinto también al que se muestra en algunas imágenes corporativas… Y así, la lista sigue y da para rato.

Así que intenté simplificarlo lo máximo posible en un nuevo isologotipo y un nuevo nombre –aunque eso es más capricho mío– con la intención de incrementar, estandarizar y ratificar la presencia del DTPM como autoridad metropolitana de transportes.

Creo que es importante que se defina, entienda, y reconozca al DTPM (o su equivalente) como una entidad capaz de responder ante los problemas del transporte público de Santiago, no solo mediante contacto directo con las empresas licitadas –porque definitivamente debe ser el puente–, sino también fortaleciendo su reconocimiento mediante la regulación y estandarización del cómo se presenta su imagen ante la ciudadanía, considerando factores gráficos, físicos y psicológicos. Un diseño integral. Brindar seguridad a los usuarios de que existe una entidad gubernamental preocupada por ellos y sus viajes, y por lo mismo, siguiendo el ejemplo de ciudades como Melbourne o Londres, me parece fundamental hacer de esta una entidad amable, moderna, comprometida y cercana a la ciudadanía.

(Los colores del isologotipo propuesto están basados en la bandera de Santiago)

Cerrando ese gran paréntesis, aquí mi propuesta de estructura para el sistema:

No solo creo que un rediseño del DTPM ayudaría a acercar la entidad a la ciudadanía, también insisto en que eliminar las redundancias podría ayudar al fácil entendimiento del sistema y a potenciar un mayor mensaje de integración en el mismo (por eso los cambios al cómo se presentan los distintos modos también).

Hago hincapié en que los cambios de nombre son más capricho mío que otra cosa, pero de igual forma apuntan a una mayor y mejor integración del sistema, no solo a nivel tarifario o tecnológico, sino también en cómo se presenta el mismo a los usuarios. Hacer de cada modo de transporte reconocible por un formato de nombre e identidad visual integral lo convierte en un proceso sencillo e intuitivo. Por ejemplo, si el usuario sabe que la página web de las bicicletas públicas es “bicicletas.stgo.cl” y la del metro es “metro.stgo.cl”, se hace mucho más fácil intuir que la de los buses es “buses.stgo.cl”, o “micros.stgo.cl”, y viceversa. Se simplifica el sistema y, por ende, la entrega y solicitud de información.

Sería utópico pretender que estos cambios estructurales y de identidad mágicamente mejoren el sistema en su totalidad, y en definitiva no se justifican si no vienen acompañados de un rediseño integral mayor del mismo –nuevas y más modernas flotas de buses, mejores frecuencias, mayor limpieza, etcétera–, pero como aporte al planteamiento y aplicación de dicho rediseño, creo que son factores cuyo momento para considerar es ahora, y en miras a la futura licitación.


*Originalmente publicado el 27 de febrero de 2017 en eljoseurena.com

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