Después No Nos Quejemos

Cuando Luis — mi vecino — me contó que tenía que despedir a su mejor diseñador, me sentí mal. Mal por Luis, porque despedir a alguien debe ser una tarea dura.

También me sentí mal por su diseñador, debe ser difícil que te boten después de 6 años en la empresa. (No lo conozco, no sé si odiaba su trabajo, en tal caso no hay razón para sentirse mal).

Luis tiene una agencia de publicidad. Una agencia pequeña, pero con clientes importantes.

Cuando le pregunté por qué tenía que despedirlo, su respuesta me dejó confundido.

“El tipo es muy bueno en su trabajo, pero ya está pidiendo aumento” me dijo. Yo no entendía el problema.

Finalmente aclaró mis dudas “Con lo que se gana esta persona, puedo contratar dos diseñadores Junior, no son tan buenos, pero puedo hacer más proyectos”.

Inteligente, ¿no?

NO.

La conversación con mi vecino me trajo algunos recuerdos a la cabeza:

- La vez que un cliente no renovó contrato conmigo porque recibió una propuesta 11% más barata de la competencia.

- La vez que le “robé” a la competencia un proyecto, con el típico “Se lo dejo 10% más barato de lo que ellos le ofrezcan”.

- La vez que mi jefe llamó al cliente a reclamarle por habernos cambiado por una “empresa de garaje”.

Es lo mismo que si un conductor borracho se queja de una señora maquillándose al volante.

¿Qué tan congruente estoy siendo entre lo que hago y lo que espero de los otros?

No, no hablo de karma. Hablo de lógica y de congruencia.

No estoy pagando por calidad (conocimiento, experiencia, Etc.) pero espero que mis clientes sí lo valoren.

Me acuerdo estar frente al cliente diciéndole: “Somos los líderes del mercado”, “No somos los más baratos, pero somos los mejores”, “bla bla bla, bla bla bla, por eso cobramos Premium”.

Siempre nos quejamos del cliente o la competencia. No entienden mi diferencial, no son leales.

Pero:

¿Estamos dispuestos a pagarle “Premium” a un empleado que hace un trabajo destacado? ¿Entendemos el diferencial de alguien — persona o empresa — que sabe lo que hace?

Si cuando está contratando a alguien para que le diseñe su página web, prefiere contratar a su primo que le cobra la quinta parte de lo que cobra alguien que es diseñador web y tiene experiencia, no espere que sus clientes valoren su experiencia.

Despedir a alguien — o dejarlo ir — porque ya resulta muy “costoso” para la compañía es una señal clara que lo suyo no es la calidad.

Eso también es una opción. Ofrecer un servicio económico puede ser su diferencial.

Siempre habrá alguien más barato, siempre hay una forma más económica de hacer las cosas.

No pague un fotógrafo para su boda, diseñe usted mismo el interior de su oficina, póngale más trabajo a su financiero en lugar de contratarle un analista.

Después no nos quejemos.