No tener esta habilidad le puede costar millones

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La decisión era obvia. Con una empresa creada dos años atrás, una deuda millonaria y 22 años de edad, no había mucho que pensar.

Yahoo acababa de ofrecer mil millones de dólares por Facebook.

Pero Mark Zuckerberg, contrario a lo que le recomendaban sus inversores (entre ellos Peter Thiel : Co-fundador de PayPal) decidió no vender.

El resto es historia.

¿Un visionario? Tal vez. ¿Un genio? Probablemente. ¿Un excelente analista de riesgos? Afortunadamente NO.

Muchas decisiones tienen sentido cuando se ven por el espejo retrovisor. La verdadera magia está en tener el valor de tomarlas.

Saber si una decisión es correcta es casi imposible.

Lo que si es posible es adaptar nuestra forma de pensar para que, cuando miremos hacia atrás, esa decisión haya sido positiva.

Ser consistentes con nuestros proyectos (ya sea crear una red social o decidir cambiar de trabajo) es algo que no podemos ver desde el primer día. Es una forma de ir transformando el futuro, nuestro futuro.

Por otro lado, tomar decisiones que estén 100% exentas de riesgo — lo cual hacen muchos “genios” corporativos — es una salida fácil.

Es la forma de recibir gratificación inmediata (no tener que correr ningún riesgo). También es garantía de no construir nada significativo para el futuro.

Ya sé que muchos estarán pensando que para eso hay cursos de análisis de riesgos, regresiones, simulaciones, Etc.

Pero hay situaciones que requieren actuar:

a. Sin toda la información deseada para su análisis.
b. Sin todo el tiempo que quisiéramos para pensar.

En esos momentos es donde la vida se vuelve entretenida.

Algunas personas le llaman a esto “improvisar”.

Se trata de tener la habilidad de tomar una decisión (responder una pregunta, dar una instrucción, Etc.) en un momento dado sin tener toda la información que nos gustaría.

Es tener la habilidad de pensar en una fracción de segundo en los diferentes escenarios.

Aunque la palabra “improviar” puede tener una connotación negativa, es cada vez más valiosa y más escazas son las personas que la desarrollan.

Es muy común ver presentaciones que se atrasan 20 minutos porque no hay un cable para el proyector. Gerentes que mantienen en su equipo a personas con malos resultados, solo porque les aterra pensar en lo que pasaría si despiden a esa persona. Negocios que se pierden porque la persona a cargo (el gerente de cuenta o el gerente de proyecto) no pueden tomar una decisión en el momento.

Hay frases que se han convertido en el día a día de las empresas: “Tengo que escalar internamente este requerimiento”, “No sé, esto nunca lo hemos hecho” o “Esta actividad no se puede hacer, no tenemos todo lo que se requiere”.

La vía fácil es evitar esas decisiones. El problema que tenemos a menudo es que nos bloqueamos al no tener control de todas las variables.

Si aprendemos a pensar en el futuro, a pesar del miedo, podremos transformar nuestra realidad, la de nuestras empresas o nuestros clientes.

Yo me quedo con los “improvisadores” más que con los burócratas. Seguro habrá errores — insignificantes algunos, gravísimos otros — pero de ninguna manera habrá fracaso.

Mi cantante favorito, dijo alguna vez: “Yo nunca pierdo: Yo gano o aprendo”.