Elogio al baño

Foto: Erick Conceka (Instagram: erickconceka_)

Ya no sé, publicas unas escasas líneas en internet y las expectativas son delirantes. En ese rumiar permanente del pensamiento (es decir, manijearse) las excentricidades propias de un megalómano son cotidianas.

Ahora, por ejemplo, mientras medito sentado en el inodoro creo que voy a publicar todas las crónicas que poco a poco voy a ir posteando en el Medium del Loco Rodriguez. Seré la vanguardia de la nueva literatura argentina.

El baño tiene una potencialidad innegable. En épocas pasadas solía mirarme mucho en el espejo y eso podía derivar en una experiencia terrorífica. Me sostenía la mirada y como rascándome la cascara intentaba saber quién era. Creía que en el fondo de nuestros ojos habitaba la muerte y si sabíamos mirar descubriríamos nuestro fin. Hoy lo uso como espacio de meditación, lo cual lo considero un poco más saludable; y acá estoy apoyado sobre las azulejos fríos, escuchando música y pensando que solo he recibido buenas críticas del “Soy una mierda”. Me felicitaron, les gustó lo que leyeron y yo que soy un tipo vanidoso me puse contento. Pero claro, vivimos en un mundo tan incomprensible que decir la verdad se nos vuelve imposible. Si decimos todo lo que sentimos el cataclismo mundial parece avecinarse por eso mejor callar o mentir (“Que no es lo mismo, pero es igual”), y así vamos vendiendo imposturas diarias para no ser desheredados o para sostener el trabajo, o a las amistades, o para no agarrarse a piñas en plena calle cosa que las nuevas masculinidades debemos evitar. Muchos osaron decir su verdad y fueron torturados, muertos o desaparecidos. A lo mejor esa sombra oscura nos asecha y haciendo trampa preferimos seguir con vida mediocre.

El baño nos protege y deja que seamos sinceros; es un ambiente frio pero así y todo no pierde su esencia acogedora. ¿Qué no somos capaces de hacer envueltos en estos azulejos? Conocemos nuestro cuerpo siempre tan distante; vemos, olemos y limpiamos nuestra propia mierda; nos masturbamos y lloramos. Invita a que expongamos nuestras ideas siempre anclados en nosotros mismos; no hay máscara capaz de tapar nuestras inmundicias; mi cuerpo famélico, mi barba desgarbada, mis manchas en la piel no pueden ocultarse.

¿Cuántos eligieron terminar con su vida tapados en la bañera, o cortándose las venas, o tomando barbitúricos dentro de este espacio divino?, ¿Cuántos en momentos de locura avergonzante se recluyen aquí para dejar hablar a todas las voces que lo habitan, dando vía libre a un soliloquio que de ser dicho en cualquier otro espacio te conduce directo al manicomik?

Muchas veces, si hablo en público (es decir, fuera del baño) tiemblo y mi cuerpo se descalabra. Quiero parecer sereno pero mis manos y mi respiración entrecortada desbarata cualquier coartada. Pretendo exponer mis razones sin poner en la vanguardia mi vida sensible y afectiva.

Soy un militante renegado que se recluyó en lecturas solitarias, decepcionado ante las claudicaciones que permanentemente prefería no ver por el oficio idiota de hacer. Hoy, años después, me animo temeroso a un nuevo intento del pensar común, estando advertido de que todo puede volver a repetirse si no somos nosotros mismos el índice de verdad.

Estando advertido poseo una sola certeza: deberíamos utilizar al baño como espacio de reunión, y así quizá, los proyectos revolucionarios no se pudran apenas somos capaces de enunciarlos.

Gonzalo Rodriguez. Hijo bastardo y tardío de El Loco Rodriguez.

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