Primera Estación-Jesús es condenado a muerte

Por Elmer Romero- Iglesia Episcopal Trinity –Houston 1 de marzo del 2017

es triste tener que dejar la patria porque en la patria no hay un orden justo donde puedan encontrar trabajo”.

Hace 39 años el obispo y mártir de El Salvador, Oscar A. Romero recogió proféticamente el sentir de hombres y mujeres que morían de hambre, niños huérfanos que atravesaban el país en medio de multitudes de desposeídos. Pueblos enteros destruidos por la pobreza, el miedo y la represión política. Jesús era condenado a muerte en los pueblos y en las comunidades campesinas de El Salvador. Muchos tuvieron que migrar para salvar sus vidas y evitar ser condenados a muerte.

En uno de mis viajes en marzo a El Salvador la calle me ofreció una vez mas la oportunidad de captar un escenario de creación y confrontación de mis ideas. Me acerqué a esa madre quizá hambrienta, cansada y desesperada. Ella, “la madre de los migrantes” me atrajo como un imán. Bien recuerdo mi presencia y la de mi cámara. Ella no hizo preguntas, disparé mi cámara muchas veces y cada vez más cerca. No le pregunté su nombre o su historia. Ella es Jesús o María condenada a muerte. Ella con el cártel en sus manos representa el nuevo: “An american exodus. A record of human erosion”. Juntos podríamos construir un documento visual que marcará un nuevo hito en la historia fotográfica de EEUU y otros países y que podría ser considerado una de las miradas más duras sobre los Jesús y pueblos migrantes condenados a muerte.

Durante la recesión de 1929 el rostro de Norteamérica cambió. El éxodo masivo de campesinos entre estados — en busca de trabajo y alimento — resultó inevitable. Más de 300.000 personas atravesaron el país hacia el Oeste, en un viaje sin esperanzas, la mayoría de las veces signado por el hambre y el miedo. Se trató de uno de los eventos migratorios más desconcertantes de la historia reciente del país, sobre todo porque la gran mayoría de los estadounidenses no sabía en realidad lo que ocurría más allá de las ciudades. Tal vez por ese motivo, la fotografía tomada por Dorothea Lange de una mujer de rostro triste y cansado tomada en 1936, sorprendió a EEUU y estremeció su conciencia.

Hoy tengo un temor invisible sobre el futuro que jamás había visto antes. Algo muere, estamos amenazados de resurrección. Jesús, José, María y tantos más hoy son condenados meteforicamiente a muerte cuando por soberbia y mezquindad les queremos negar el derecho de ser bienvenidos y acogidos como migrantes y refugiados en esta tierra que solo le pertenece a Dios y a nadie.

First Station-Jesus is sentenced to death

By Elmer Romero- Trinity Episcopal Church March 1st 2017

“It is sad to have to leave the country because in their own country there is no order where they can find work”.

39 years ago the bishop and martyr of El Salvador, Oscar A. Romero prophetically expressed the feelings of men and women who died of hunger, orphaned children who crossed the country in the midst of multitudes of the dispossessed. Entire villages destroyed by poverty, fear and political repression. Jesus was metaphorically condemned to death in the villages and peasant communities of El Salvador. Many had to migrate to save their lives and avoid being sentenced to death.

In my trip to El Salvador in March, the street offered me once again the opportunity to capture a scenario of creation and confrontation of my ideas. I approached this mother perhaps she was hungry, tired and desperate. She, “the mother of the migrants” attracted me like a magnet. I well remember my presence and my camera. She did not ask questions, I shot photos many times and get closer and closer. I did not ask her name or her story. She is Jesus or Mary condemned to death. She with the cartel in her hands represents the new: “An american exodus. A record of human erosion “. Together we could construct a visual document that will mark a new milestone in the photographic history of the USA and other countries and that could be considered one of the harshest looks on the Jesus and migrant towns condemned to death.

During the recession of 1929 the face of North America changed. The mass exodus of peasants between states — in search of work and food — proved inevitable. More than 300,000 people crossed the country to the West, on a hopeless journey, most often marked by hunger and fear. It was one of the most disconcerting migratory events in the country’s recent history, especially since the vast majority of Americans did not really know what happened beyond the cities. Perhaps for this reason, the photograph taken by Dorothea Lange of a woman with a sad and tired face taken in 1936, surprised the USA and shook her conscience.

Today I have an invisible fear of the future that I had never seen before. When something dies, we are threatened with resurrection. Jesus, Joseph, Mary and many others today are condemned to death when, through arrogance and pettiness, we want to deny the Jesus, Joseph and Mary’s of our time the right to be welcomed and accepted as migrants and refugees in this land that belongs only to God and no one else.

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