Corrupción, abusos y malos tratos; una realidad de los policías mexicanos

Continuamente escuchamos comentarios acerca de los policías y el “mal trabajo” que realizan. Sabemos que la relación que existe entre ésta y los ciudadanos no ha sido la mejor en años. Es común, además, enterarse de casos donde la corrupción, la injusticia y el abuso de poder son los principales elementos en este tipo de encuentros.

Lidiamos con esto, es verdad, pero ¿hasta qué punto son culpables los policías y hasta qué punto lo son los ciudadanos? ¿cuál es el trasfondo de esto? ¿en qué momento dejamos de considerarnos como iguales? ¿cuándo se perdió ese respeto?

Enfocándonos principalmente al tema de la policía, podemos decir que los ciudadanos, normalmente, tenemos una mala imagen respecto a estos. Según el sistema de indicadores: “Percepción del Desempeño de las Instituciones de Seguridad y Justicia”, realizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (IIJUNAM), el 70% de los mexicanos no confía en la policía porque los relaciona con actos de extorsión, corrupción, agresiones físicas, detenciones arbitrarias, así como acusaciones falsas.

Por otro lado, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) de 2015, aplicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la policía municipal es percibida como corrupta por el 66% de los encuestados, la policía estatal por el 63.5% y la policía federal por el 54.5%.

Policías mexicanos | Imagen: Reporteros en movimiento

La evidencia demuestra que el problema de la corrupción y confiabilidad en la policía mexicana es transversal, es decir, se presenta en los tres órdenes de gobierno. Sin embargo, es importante conocer las posibles causas por las que este fenómeno ha continuado con tanta fuerza.

Desde hace un tiempo tengo la oportunidad de trabajar en una organización que me ha permitido tener un mayor contacto con este sector de la población. Uno de los más criticados y estigmatizados. A diario convivo con el otro lado de la moneda, escucho lo que el policía –a quien pocas veces se le da voz- tiene que decir, lo que le preocupa, lo que lo atormenta, lo que le duele, lo que piensa.

Una de tantas historias es la de Jesús, quien luego de 29 años de servicio como policía preventivo de la Ciudad de México, decidió hablar sobre la situación laboral a la que él, y gran parte de sus compañeros, se enfrentan día con día.

“Llegas y te empiezas a dar cuenta el trato que recibes como elemento, siempre humillado; siempre el mando prepotente, arbitrario; siempre buscando la posibilidad de sancionar, la mayor de las veces injustamente con tal de obtener dinero con los arrestos; los castigos, los excesos de trabajo. Es lo que hemos vivido, yo desde que tengo conocimiento de lo que es el sistema de la policía

Jesús ha contado cómo sus mandos le exigen una cuota quincenal de 500 pesos con la finalidad de mantenerlo en determinado grupo de trabajo; que en ocasiones, además del pago que está obligado a dar, sus superiores piden a él y a sus compañeros más dinero para así poder comprar regalos a los comandantes o, incluso, a los hijos de estos.

Como Jesús existen un sinfín de policías en situaciones parecidas. Policías a quienes les cobran alrededor de mil pesos por tener una motocicleta; que tienen que cubrir una cuota de infracciones, por ejemplo, con la policía de tránsito.

Prevalecen una serie de abusos que pocos conocen o imaginan. Por lo regular, la gente ve la corrupción callejera, la que está a su alcance, con la que convive comúnmente, pero no la corrupción sistemática dentro de la institución que va desde compra de puestos; renta de patrullas: venta de exámenes de control de confianza; venta de equipamiento, de balas, de uniformes.

Hay, además, otro tipo de corrupción muy común dentro de la institución, la cual consiste en tener policías asignados a la vigilancia de un edificio público o privado, comúnmente llevado a cabo por la policía auxiliar. Se “vende” al policía como si se tratara de un servicio de vigilancia particular a precios de aproximadamente $24,000, sin embargo, éste recibe como pago $3000 luego de haber pasado de 10 a 12 horas parado, sin comer, sin un techo que lo cubriera del sol. Disparidades brutales que no sólo son injusticias, debido a que no existe una transparencia acerca de quién se queda con ese dinero.

¿Existen soluciones para que la policía mexicana cambie?

Probablemente sí. Necesitamos una reforma policial. Hay que mejorar las condiciones laborales de los policías, mejorar sus salarios; se necesita pensar en qué incentivos darles, qué se quiere incentivar y a qué cosas se va a atar el incremento salarial; tienen que trabajar menos horas, existen policías con jornadas laborales de 24 horas; así como ofrecer mejores prestaciones, además de estándares sobre condiciones laborales que sienten un trato mínimo básico para la policía

Tiene que haber una regulación de facultades policiales básicas en lo que concierne al sistema de justicia penal, tales como la obtención de evidencia; cómo entrevistar a testigos; cómo entrevistar a personas sospechosas o señalados de cometer un delito; cómo ingresar a un domicilio; cómo ingresar a un automóvil y revisarlo; cómo hacer una inspección personal, con la finalidad de que ellos puedan realizar mejor su trabajo. Policías de otros países cuentan con estas regulaciones, la nuestra no.

Debe existir un sistema anticorrupción policial y un conjunto de reglas que tengan que ver con cómo mitigar la corrupción policial, con darle herramientas nuevas e incentivos nuevos a fiscales para que la persigan penalmente. En la actualidad, la mayoría de las medidas de control de confianza se le aplican a la tropa pero no a mandos medios y altos, por lo tanto, no existe un verdadero control acerca de si el título y papeles de éstos son genuinos o no.

Lo cierto es que tenemos muy catalogados a los policías como perpetradores de violaciones de derechos humanos, lamentablemente, no hay claridad acerca de que ellos mismos son también víctimas de estas mismas violaciones.

Finalmente pienso que una de las principales soluciones a este problema es dejar de vernos los unos a los otros como enemigos, formamos parte de un todo que debe mantenerse unido para poder funcionar. Seamos más empáticos, investiguemos antes de juzgar, seamos mejores ciudadanos y mejores personas.

Policías en México | Imagen: UN1ÓN JALISCO

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