Leyendas del señor de la noche: Infectado

de Warren Ellis y John McCrea

Un par de helicópteros persiguen a dos soldados. Tras derribar uno de los aparatos, se adentran en Gotham, donde asesinan a tres vagabundos. Batman sigue la pista a un grupo de narcotraficantes, pero cuando llega a su cuartel general, se los encuentra masacrados. Podría haber sido el trabajo de una banda rival o de un grupo de padres con sed de venganza, sin embargo, las balas con las que han sido asesinados son de hueso.

La radio de la policía alerta de un tiroteo en la antigua lechería. Allí, Batman se encuentra a Branden y a sus chicos del SWAT con ganas de arrasar con todo, pero consigue despistarlos y enfrentarse al soldado. Un monstruo que dispara balas de hueso por los brazos y con fuerza sobrehumana. Batman le lanza una toxina y logra escapar, pero también lo hace el monstruoso soldado; no sin antes cargarse a buena parte de los hombres de Branden.

De vuelta en la batcueva, Bruce descubre que se trata de soldados experimentales, deformados a través de un virus desarrollado en los años 70 que se incrusta en el ADN y modifica al sujeto con objetivos militares. Batman informa a Gordon y este le cuenta que han encontrado a uno de los soldados muerto; se ha suicidado. En ese momento, el soldado superviviente es avistado en una fundición. En su segundo encuentro, Batman consigue salir vivo solo gracias a Branden, que entra disparando a todo lo que se mueve. El soldado huye de nuevo y Batman noquea a Branden y le quita la pistola.

Mientras Batman busca al infectado, Alfred descubre que la llamada “variante 66” produce alucinaciones para controlar y manejar al sujeto, y lo que es aún peor, están programados para actuar en parejas. Si uno de los dos muere, el otro desarrolla una especie de pústulas que estallan para esparcir el virus; lo que pone en peligro a toda la ciudad.

En una última batalla, Batman destroza los brazos del soldado con la pistola que le ha quitado a Branden y usa un punzón eléctrico para debilitarlo. Cuando las pústulas están a punto de estallar, consigue matarlo y lanzarlo al agua.

La historia se cierra en un futuro indefinido (han pasado meses o incluso años) en el que Batman ha dado con el responsable de los experimentos y lo entrega a las autoridades.

Con su habitual cinismo, Ellis nos presenta a un Batman que se enfrenta a un clásico de las teorías conspiranoicas: el de los experimentos con enfermedades de laboratorio. Muy cercano, tanto en estilo como cronológicamente, al de Año Uno, pero que ya apunta al dilema del uso de armas de fuego de Año Dos. Personalmente, siempre me ha gustado más la narración fluida de Ellis que la de Miller, que a veces recorta las escenas demasiado para mi gusto. El problema es que esta historia no tiene ninguna trascendencia en la mitología del personaje, más allá de presentárnoslo frente al “monstruo de la semana”. El dibujo de McCrea nos es de mis favoritos. Un tanto grotesco en ocasiones y cercano al estilo del cómic underground británico, pero con algunas viñetas fantásticas.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.