El pago de impuestos por inversión en criptoactivos

Hablar de “criptomonedas” (más adelante criptoactivos) en la contabilidad o para fines de declaraciones tributarias, resulta un poco complicado para quienes no tienen relación con el tema, sobre todo cuando se piensa en los aspectos legales. Para comenzar con el diagnóstico, es necesario revisar la definición, ya que a partir de la conceptualización, será posible tener un panorama sobre las estrategias a seguir.

La primera pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué se le llaman criptomonedas? Existe la idea generalizada de que corresponde a una “moneda digital”, incluso, instituciones como la SEC (Securities and Exchange Commisisions) o el BCE (Banco Central Europeo) la conceptualizan como tal. Esta acepción tiene sus implicaciones porque al indicar que es “moneda”, se podría inferir que se trata de dinero fiduciario. El problema con ello es que este tipo de instrumentos, no pueden entenderse como tal puesto que presentan muchas problemáticas con las funciones del dinero fiduciario, la principal es que hasta el momento no se encuentra respaldado por la mayoría de los gobiernos (hago la excepción con el Petro en Venezuela).

Antes de abordar el tema de los impuestos, intentaré describir de la forma más sintetizada posible y sin ahondar en los “tecnicismos”, qué es aquello que se conoce como “criptomoneda”. Pensemos en el proceso para obtener oro, en términos muy generales consiste en explorar una zona donde se encuentran el recursos, excavar y finalmente, extraer la recompensa, en este caso el oro. En el caso de las “criptomonedas”, existen mineros (dispositivos como computadoras, procesadores, teléfonos, etc.) que se encuentran en una red (un software) donde se verifican transacciones (excavan) y al final obtienen “criptomonedas” (el oro) como una recompensa por haber realizado ese trabajo.

A la definición anterior podríamos agregar más conceptos, sin embargo, para fines de un primer acercamiento dejaré esa descripción general. Ahora bien, si entendemos que no se trata de moneda y dinero, entonces podríamos buscar una segunda definición en términos de sus funciones. Estos tokens digitales en realidad nos permiten transferir dinero y lo que sabemos es que no tiene un valor intrínseco, y sus cotizaciones en dólares se han dado a partir de la oferta y la demanda. Su forma es más parecida a cualquier otro activo que representa una propiedad digital, por ejemplo, una patente, puesto que es una propiedad, que puede tener valor monetario para ser cedido (vendido).

De este modo, aquello que se conoce como “criptomonedas”, en realidad corresponde más a activos que monedas, por lo tanto lo correcto sería comenzar a llamarles “criptoactivos”, puesto corresponden más a una propiedad, que al dinero fiduciario.

Sintetizando, un “criptoactivo” es una ficha (token) digital que se obtiene como una recompensa a partir de la verificación de transacciones en una red.

Una vez realizada la revisión anterior, se presenta otro problema, ¿qué papel juegan los criptoactivos dentro del sistema económico? Es importante destacar que existen dos posturas que pueden tomar los criptoactivos: 1) para fines de inversión, que es el caso en donde se tributaría a través del ISR; 2) como una forma de pago dentro de las empresas. En este artículo abordaré únicamente los criptoactivos como forma de inversión y en una segunda parte, me concentraré en lo que sucede cuando se utilizan estos activos como forma de pago.

Como inversión, lo que hacen muchas personas es comprar algún criptoactivo como bitcoin, ether, litecoin o ripple, en una casa de cambio por ejemplo, Coinbase o Kraken (en el caso de México, Volabit o Bitso) y a partir de ello, realizar actividades de especulación. Esto no es diferente a las inversiones en acciones o commodities, por lo tanto es claro que se tendrán que pagar impuestos. De hecho, instituciones como la SEC o el BCE, indican que se trata de “monedas digitales” sujetas a impuestos, aunque la declaración sólo se hace hasta que se convierten a la moneda nacional.

Por ejemplo, en la Unión Europea, el bitcoin, es un “medio de pago” con base en la declaración del Tribunal Supremo en 2015. Comprar o vender algún criptoactivo y obtener ganancias a partir de ello, implicará incorporarlas a las pérdidas o ganancias (el tratamiento es similar que al de las acciones).

En España, la compra de criptoactivos no está sujeta al pago de IVA, ya que se considera como un servicio y tampoco pagarán impuestos en tanto se consideren como un medio de pago. Pero siguiendo con el caso de las inversiones, en caso de tener pérdidas, ésta se descuenta de las utilidades. Por ejemplo, si suponemos que se perdieron 100 euros en inversión de criptoactivos pero se tuvieron ganancias de 300 euros con otras inversiones se pueden restar esos 100 euros perdidos, es decir, los impuestos a declarar se harían por 200 euros. Con base en el IRPF de 2017, las tasas para personas físicas son:

  • 0 a 6,000 euros, corresponde el 19%.
  • 6,000 a 50,000 euros, corresponde el 21%.
  • Más de 50,000 euros, corresponde el 23%.

En el caso de personas morales, la tasa única que se paga sobre las utilidades percibidas es del 25%.

En Alemania, tampoco se pagan impuestos siempre y cuando los cripto’s se utilicen como un medio de pago y el tratamiento es similar al del dinero fiduciario puesto que está cumpliendo esa función. Lo anterior fue determinado por el Ministerio Federal de Finanzas. De hecho, se les considera como una forma que facilita los métodos de pago. No obstante, la conversión de cripto’s a dinero fiduciario sí está sujeta a impuestos; además, aquellas empresas que brinden billeteras digitales, también serán gravadas ya que el ofrecimiento de estos servicios pagan honorarios.

El caso en México

En México, recientemente se dio la promulgación de la Ley Fintech, que es el preámbulo para determinar el pago de impuestos a quienes operen con criptoactivos. Con base en esta Ley, los criptoactivos se consideran como “activos virtuales” cuyo uso realizado por las instituciones de crédito, deberá ser autorizado por el Banco de México.

Dedicarse a la inversión con cripto’s, implicaría reportarle a Hacienda el resultado de las operaciones, tanto pérdidas como ganancias. Incluso, para aquellos que se dedican a la minería, también se tendrían que reportar los ingresos obtenidos por dicha actividad.

La Ley Fintech no establece disposiciones en materia de impuestos a partir de la ganancia con criptomonedas puesto que aún no se tienen especificaciones por parte del Banco de México. Por el momento, lo único que se tiene relativamente claro, es el gravamen que tendrá que realizarse por invertir en criptoactivos a través del impuesto que se aplica a las utilidades, es decir, el Impuesto Sobre la Renta (ISR), un proceso similar al que se genera con la compra venta de acciones.

El panorama es complicado para el fisco, puesto que, si bien es cierto una de las formas para identificar a los usuarios que realizan dicha actividad es a través de las casas de intercambio, existen otros usuarios que pueden recibir criptoactivos de cualquier otra parte del mundo sin necesidad de comprar a través de una exchange local y a partir de ello, realizar especulación en exchanges internacionales. Poniendo un ejemplo simple, Carlos está en China y decide enviarle (desde su monedero digital de crypto’s Huobi) 5.4398 bitcoins a Eloisa que está en México y tiene su billetera digital en Binance. Eloisa está en México y recibe esos bitcoins, entonces, puede operar y hacer trading sin ningún problema en cualquiera de las exchanges que no necesariamente son nacionales.

La pregunta entonces es, ¿cómo podrá el fisco en México, identificar que yo, Eloisa, estoy realizando dichas operaciones? Las respuestas pueden ser varias, sin embargo, ese sería otro de los retos que las leyes (al menos en México), deberían dejar claro; aunque insisto, la clave se encuentra en las exchanges.

El nuevo reto se encuentra en las instituciones como la Secretaría de Hacienda (SHCP) para que puedan brindar las especificaciones sobre cómo tributar criptoactivos, aunque, probablemente la clave se encuentre en la forma en la que se declaran los activos intangibles, además de considerar la implementación de un modelo similar al de las normas tributarias en otros países.