Hoy el cielo está triste

Estoy en la cama y la lluvia, que suena recio al chocar contra el sencillo techo, me hace retornar del mundo de las canciones. Me quito los auriculares y me pongo a pensar. Las gotas son las lágrimas del cielo. Un cielo que hoy está triste.

Como yo hoy que se va un gran amigo, Luís. De quien estoy y estaré siempre muy agradecido y de quien he aprendido mucho. Tanto como de aquí hasta el cielo, que (sólo hoy) llora. De él he aprendido a observar, a aprovechar cada detalle de realidad. A tener siempre un sí cuando se trata de favores. A ser el primero en servir y el último en recibir. A tener compromiso y tener palabra, a hacer lo que digo.

Hoy el cielo está triste como yo cuando oigo los aviones de la policía americana anti-immigración que pasan cerquitas de la casa. Siento que de algún modo deshacen el trabajo que nosotros hacemos. Pero ellos lo tienen mucho más fácil. Así como una hormiguita que construye su hormiguero mientras un niño se divierte molestándola.

Hoy el cielo está triste así como yo cuando le cuento como es Los Ángeles a unos niños del barrio que quién sabe si podran ir nunca, por la fría razón de no haver nacido unos metros más al norte.

Pero ahora esa nube lentamente ya pasó. Ya no llueve y el cielo gris parece que se limpió. Me pongo de nuevo los auriculares y cierro los ojos. Mañana será otro día. Me quedan aún muchísimas experiencias por vivir como voluntario y estoy muy contento de estar viviéndolas. Para terminar, una frase de unos de mis referentes, y que será inspiración para algun otro escrito: Tengo una vida de lujo.

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