El día en que me convertí en mi abuela

El Payaso
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Aug 23, 2017 · 1 min read

Ese día llega. Más tarde o más pronto, pero llega. Gran parte de tu vida riéndote del comportamiento aparentemente absurdo de tu abuela, para luego acabar emulándolo al tiempo.

Aquel casco inalterable que he visto desde niño se metía en el agua y permanecía seco. El agua no se atrevía acercarse a él. Debía tener tanto miedo de las consecuencias como de la laca y el calentamiento el primo de Rajoy. Litros de laca corrían sobre ese pelo.

Las obras de ingeniería capilar de determinada generación de señoras (señoras de 15 años a infinito, categoría aparte) deberían ser estudiadas en las mejores universidades de arquitectura.

Ahora cambiemos la laca por cera, cambiemos a la señora que protegía su caro moldeado de peluquería más que a sus hijas por un chaval inexperto en la vida. La estampa está recreada. Acción.

La vanidad de un tupé es la vanidad de quien acaba por sonreír pensando las miles de veces que esa ignorancia esperaba detrás de la esquina para soltar el guantazo. Te lo dije.

Cuanto más tiempo pasa, más me recreó en todas esas críticas vehementes que he acabado realizando por mí mismo. Y no por aprender a callarme, no. Eso sería lo fácil. Sino por pensar: ¿de qué me reiré en unos años y que ahora critico?

Tenía que haber llamado a mi abuela según salí del agua. Se habría reído tanto como yo.

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