Llegaste a mi vida.

No sé por dónde empezar a escribir esta carta, Glen. A veces pienso que esta historia comenzó a escribirse desde antes de apretar el botón “agregar a mis amigos” en myspace. Te lo digo porque estoy muy, muy convencido de que ya te esperaba desde antes de que llegaras.

Nunca logré enamorarme profundamente antes de apretar ese botón, y mira que andaba de “hippie” y “rebelde sin causa” por esos tiempos, con los sentiemientos fáciles, todo era amor y paz, más paz que amor. Tuve muchas experiencias y conocí a muchas chicas. No sabía lo que estaba buscando o por lo menos, lo que tenía o lo que me daban no era suficiente.

Buscaba algo especial, algo que llegara de pronto, algo que detuviera el tiempo, algo que llenara mi mirada, algo que entrara sin pedir permiso. Nunca me gustó lo que tenía a la mano, lo que estaba escrito para mi; es decir, siempre, desde entonces, he buscado conocer personas que no tengan nada que ver ni con la escuela, ni con el trabajo, ni en el barrio donde vivo, ni a través de conocidos o familia. Por eso siempre escapaba de todos esos lugares; me iba a caminar por las calles hasta cansar la mirada y los pies, o me iba al bosque de Chapultepec a sentarme en una banquita o en el pasto a leer “Drácula” o “Belina”, o me iba a CU con el pretexto de buscar a mi hermano pero nunca lo buscaba y terminaba vagando por las islas, o me iba a los museos a mirar por horas una pintura, me iba a todos estos lugares esperando encontrar todo eso que buscaba.

Como todos esos lugares ya los tenía a la mano, decidí que era hora de buscar más lejos y fue aquí donde empecé a viajar, y fue aquí donde nació mi amor por viajar. La verdad es que no me iba muy lejos, me iba a Querétaro, a Morelos, a Hidalgo, creo que lo más lejos que llegué fue a un pueblito como a 2 horas del centro de Puebla casi colindando con Oaxaca y que no recuerdo como se llama y que no he ido desde entonces.

Viví momentos hermosos en esos viajes, aprendí muchas cosas y conocí a mucha gente, pero sabes qué, nunca encontré lo que buscaba. Fue poco tiempo ese lapso, fueron como 6 meses en el que viajaba cada quince días o cada mes. Dejé de viajar porque alguien me dijo en uno de esos viajes, que disfrutara lo que tenía, porque corría el riego de que por buscar lo que no tenía podía perder lo que ya tenía; así que dejé el viaje por carretera para poder viajar con María y mis amigos (juar juar juar).

Nunca me imaginé que encontraría eso que andaba buscando poco tiempo despues y sin viajar.

Pasó un buen tiempo en el que no viajé (o por lo menos no viajé por las razones que viajaba) y me la pasaba con mis amigos de la escuela, con mis amigos del barrio, con mi familia y amigos de mi familia, en fin, estaba disfrutando del “lugar común”. A pesar de que “lugar común” suene despectivamente, me la pasé muy bien y disfruté mucho, y era consciente de que era un lugar al que no pertenecía o no quería pertenecer.

Llegó un día en el que un amigo me platicó de una “página” en internet en donde podías subir fotos y podías platicar con tus amigos, y les podías dejar comentarios en su “pagina”, algo así como el correo pero con fotos (ja ja ja) fue lo que me dijo mi amigo, en ese tiempo creo que no existía el término “redes sociales” y era difícil describirlas. -Ok, al rato me la pasas -le dije a mi amigo. Me pasó el nombre por messenger: My Space.

La verdad es que no me llamó la atencíon a primera vista pero decidí registrarme para ver que onda, y para cotorrear con los cuates (que solo éramos como dos o tres los que teníamos myspace). Abrí mi myspace y lo dejé ahí por unas semanas, hasta que me empezaban a decir “oye ¿cuál es tu myspace” y yo respondía “pelusopsycodelico” (ja ja ja maldito apodo). Amigos y conocidos me preguntaban pero yo nunca entraba, hasta que un día decidí entrar, y ya eran como 40 solicitudes de amistad, de puros cuates y de pronto se empezó a llenar de comentarios mi “página” (porque antes no se le decía muro) de “que onda pelu, saca las chelas”, “vamos por las chelas”, “saca las drogas”, “presenta unas amigas”, “el viernes hay fiesta, jala”, “ese pelu” (ja ja ja) recuerdo muy bien esos primero comentarios. Y desde ahí me empecé a enganchar y a invertirle tiempo, empecé a subir un montón de fotos sicodelicas, empecé a tomarme fotos con mi guitarra para subirlas, tomé como mi mantra “Sexo, Whisky y Rock & Roll” (creo que hasta en mi mochila pinté esa frase, solo faltó que me la tatuara) todo se descontroló. En pocos días ya tenía como 100 amigos y yo me sentía el rey del mundo (ja ja ja). Comentarios por aquí, comentarios por allá, de pronto ya podías poner una rola en la “página”, ya era un adicto al myspace, ¡qué tiempos aquellos!

MySpace se convirtió en un lugar en el que podía viajar y encontrar personas sin riesgo de perder a mis amigos.

Navegué y navegué, agregando personas a lo loco, una me llevaba a otra y a otra y a otra. Fue mucha gente la que agragué y lo sorprendente es que si había interacción, muchos comentarios de la mayoría.

De pronto dejé de agregar a todo el mundo y me la llevé tranquilo, viendo pasar el tiempo en comentarios y en subiendo fotos sicodelicas.

Quizá ese día llegué temprano a casa, o llegué tarde pero no tenía tarea, o quizá nadie me pelaba en el messenger, o quizá me quería olvidar un poco de todo lo que pasaba alla afuera, o quizá alguien me dijo “te escribí algo”, o quizá ese día no me fui a recorrer las calles hasta cansar la mirada y mis pies, o quizá ese día no fui a Chapultepec a sentarme en una banquita a leer el libro en turno, o quizá no me fui a CU a no buscar a mi hermano, o no me fui a un museo a contemplar una obra por horas; ese día, ese día llegué a casa, me senté, prendí la computadora, entre a myspace, y apreté el botón “agregar a mis amigos”.

Sin saberlo, había encontrado eso que tanto había buscado.

En pocas palabras, llegaste a mi vida.

Llegaste de pronto y sin pedir permiso. Te había encontrado y sin ir a todos esos lugares. Ahora que lo veo a distancia y después de tantos años me doy cuenta lo hermoso que fue irnos descubriendo.

Desde entonces, nos hablábamos mucho, nos escribíamos mucho, sin saber hasta dónde llegaríamos, ni esperando nada a cambio.

Debieron ser muchos comentarios los que nos hicimos, tantos como para crear un vínculo especial y perseguirnos por todas las redes sociales que siguieron, como no queriendo escapar de nosotros mismos, y en cada una pasaba lo mismo, nos disfrutábamos, nos escribíamos con bastedad, con sinceridad y sobretodo, con poesía.

Llegamos a Twitter y nos enamoró, no sé por qué, pero nos cautivó, quizá por lo sencillo, quizá por el grado de eternidad que tenía una frase de 140 caracteres, quizá porque ahí realmente nos expresábamos, escribíamos lo que realmente queríamos escribir, o quizá porque sabíamos que ahí estábamos, que ahí nos teníamos…

Al salir de la prepa decidí emprender el vuelo otra vez, comencé a viajar de nuevo sin temor a perder nada, ahora sí ya me iba un poquito más lejos; a Veracruz, a Oaxaca, a Chiapas, Guerrero, Sinaloa, etc. En fin, me escapaba. Hasta la fecha lo sigo haciendo y lo seguiré haciendo.

Seguía buscando porque todavía no sabía que ya te había encontrado. Y así siguió mi vida, entre viajes, relaciones tormentosas, amigos que se quedaban y amigos que se iban y luchas por entrar a la universidad, en pocas palabras mi vida consistía en luchar contra el destino y remar contra corriente.

Llegó el momento de vernos, la poesía nos había empujado a trasladar las palabras en miradas. Cre que nos pusimos de acuerdo en Twitter, para variar.

Desde ese momento que te vi por primera vez, vislumbré un poco de todo eso que buscaba y sentí ese algo especial que nunca había sentido. No me quice apresurar a adelantar nada, pero fue inevitable, te supiste infiltrar en mi vida, en cada palabra que nos escribíamos, en cada encuentro que teníamos cada año, o cada dos veces al año (que ya era mucho).

En efecto, perdí a muchos amigos, perdí contacto con muchos conocidos, y ya no frecuenté a muchas personas que creía que resultarían importantes en mi vida, por mis viajes, por buscar y no encontrar. Pero alguien que no me imaginaba, permanecería en mi vida, como aferrándose a no perderme ni yo a ella, se quedaría en mi vida a pesar del tiempo y de mi mismo. Tú Glen, lograste llegar hasta aquí, hasta esta carta, y yo logré aferrarme a ti también, logré descubrir que no te podía soltar.

Hasta la fecha todavía no puedo creer que sigas aquí, conmigo, a pesar que todos los obstaculos que hemos tenido para estar juntos, a pesar de lo poquísimo que nos hemos visto para nueve años de conocernos, a pesar del tiempo aquí sigues Glen, y yo sigo para ti, porque vaya a donde vaya, esté donde esté, ya no busco nada de lo que buscaba, porque sé que todo eso está en ti, porque al encontrarte me encontré a mi mismo. Ahora cada lugar al que voy, cada lugar en el que estoy siempre te busco a ti.

No sabes lo afortunado que soy de tenerte en mi vida, de haberte conocido, de haberte encontrado, de poder verte sonreir, de poder escuchar tu voz, de perderme en esos hermosos ojos, de permitirme ser parte de tu vida.

Llegaste a iluminar mi lado oscuro de la luna y a ponerle más brillo a lado luminoso.

Hay tanto que te quiero decir que no sé si alcancen estas hojas o como diría nuetro Silvio “cómo gasto papeles recordándote”. Hay tanto que quiero pasar a tu lado que no sé si alcance esta vida. Hay tantos lugares a los que quiero viajar contigo que no sé si alcance el mundo. De lo que si estoy seguro es que mis deseos y mis ganas de estar contigo y de quererte, si alcanzarán. Hasta que se agote el papel, hasta que se agote la vida, hasta que se acabe el mundo.

La espera ha sido larga Glen, para estar juntos, pero tu sabes que creo firmemente en que las cosas pasan por algo y el hecho de seguir aquí despues de tanto tiempo es porque la vida nos quiere juntos.

Todas las razones que nos unen son un oasis en este desierto llamado tiempo y distancia, pero han valido la pena porque sé que cualquier camino que tome llegará a ti, eso me da paz y felicidad, saber que llegaré a vos.

Creo que tanto tiempo ha servido para darnos cuenta, es como si nos estuvieramos construyendo, cada palabra, cada encuentro que tenemos es un puente que creamos. Creo que sin darme cuenta tambien, estoy construyendo un camino para mis ansiosos pies, que quieren llegar ti.

Mi Glen, mi adorada Glen. Sabes, nunca te consideré mi amiga ni lo haré, sabes perfectamente lo que siento por ti y si no lo sabes, mis sentimientos por ti no son los típicos que se sienten por un amig@, mis sentimientos por ti van más alla, eso me encanta porque rozán peligrosamente el amor.

Contigo hago cosas especiales y únicas que nunca hice antes con otra mujer; “Quiérote”, “Adórote” ¿en qué momento salieron esas palabras? ¿las inventamos? (ja ja ja) Eres la única persona a la que le digo “Quiérote”. Eres la única persona a la que le escribo poesía. Eres la única persona con la que puedo hablar de cualquier tema sin que nos aburramos. Eres única mi Glen, y me haces ser único.

Amo todas nuestras casualidades que ahora veo que no son casualidades sino señales, destellos, gritos del destino. Amo que siempre regresamos a nosotros cuando nos perdemos por el tiempo. Amo que sigas en mi vida. Amo nuestras platicas. Amo tu sonrisa. Amo la poesía que me haces escribir. Amo que contigo soy real. Amo verte. Amo tus colores. Amor tu vibra. Amo tu voz. Amo tus ojos. Amo ver la luna y verte ahí. Amo tu mente. Amo tu creatividad. Amo las sonrisas que me sacas cuando me envías un mensaje. Amo que sigas en Twitter. Amo lo hermosa que eres. Amo tu forma de ser, tu personalidad. Amo tu nombre. Amo esos pómulos que tienes. Amo tus labios. Amo el haber tenido myspace. Amo como vuelas. Amo tu gallardía. Amo tu libertad. Amo tu iteligencia. Amo como te entregas a esta vida. Amo que existas. Amo el saber que estaremos juntos.

Amo saber que algún día sentiré por vos esta palabra que tanto repito en este párrafo.

Te convertiste en mi Miga, porque andábamos sin buscarnos pero sabiéndo que andábamos para encontrarnos. Encontrándote en todos lados y a todas horas, desafiándome el pensamiento y las ganas.

Te convertiste en mi luna, persiguiéndome en cada mirada y en cada recuerdo, desafiándome la noche y el sueño.

Te convertiste en todo, todo lo que quiero y todo lo que deseo. En todo el peligro que quiero correr.

Veme aquí, escribiéndote sin parar. Describiéndote a través de mi vida. Hablándome de vos. Qué hermoso es darme cuenta del sentido de mi vida a través tuyo. Parece que es una carta para mi, hablándome a mi mismo de lo mucho que te quiero, de lo importante que eres en mi vida, de lo demasiado que me encantas. Te estoy contando de mi pero al mismo tiempo me estoy contando a mi de ti. Nos estoy (d)escribiendo a los dos.

Espero que esta declaración de amor convertida en carta al menos te saque una sonrisa y te alegre el día, porque aunque parece un ensayo o un pergamino (ja ja ja) son realmente pocas estas palabras a comparación de todo lo que quiero escribirte y decirte.

Hoy quiero brindar por tu cumpleaños, por un año más de tu hermosa vida. Quiero brindar porque sigues volando. Quiero brindar porque existes. Pero tambien quiero brindar por mi, por lo afortunado que soy de tenerte. Por la dicha que siento de poder compartir esta vida con vos. Porque tuve la fortuna de encontrarte. Brindo por esa sonrisa que me contagia de felicidad. Brindo por todos los momentos que hemos pasado. Por los momentos que pasaremos. Brindo por los años que seguiremos juntos. Brindo por lo mucho que te quiero. Brindo por el presenté que nos une. Brindo por el futuro que nos unirá, porque no te dejaré escapar.

Brindo por ti Glen, brindo porque esta vida es mejor contigo en ella.

Gracias, Glen, gracias porque llegaste a mi vida.

Te quiero tanto.

¡Feliz Cumpleaños, mi Glen, mi Maga!

Siempre contigo y a tu lado, Gari.

Quiérote
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