El sistema, los intérpretes y los incentivos

Argentina y la insólita búsqueda del equipo en pleno Mundial.


“Llámelo como usted quiera, los incentivos son los que consiguen que la gente trabaje más duro.”

Curiosamente esta frase pertenece a Nikita Khrushchev, ex Secretario General de la Unión Soviética. Asumo que el otrora pope del Comunismo Internacional se refería a los Planes Quinquenales y el sistema de amenazas y explotación que regía a estos vetustos delirios de la planificación centralizada. Pero podemos extraer un significado similar por otros medios. Es real que el ser humano, que naturalmente propende al ocio, necesita de incentivos para superarse. Incentivos en la forma de oportunidades, de recompensas, de ambientes virtuosos en los cuales cultivar grandes ideas.

Todo lo contrario es lo que le ocurre a la Argentina: un país que bendecido por infinitas bondades optó por no prosperar. Inmigración europea masiva, un territorio basto y rico en recursos naturales, el mejor capital humano de la región, una ciudad capital con vericuetos parisinos, soja a 600 dólares cortesía de Benji Bernanke y como podrían imaginar: futbolistas. Muchos futbolistas. Extremadamente buenos. Brillantes, sensacionales. A punto tal que 3 de ellos están considerados entre los 10 mejores de la historia: Maradona, Messi y Di Stéfano. Sin embargo, Argentina quiere agotar su stock de capital, cada año que pasa hace todo lo posible por lograrlo. Increíblemente aún no pudo. Pero estamos encaminados hacia ello, a paso firme.

15 de junio de 2014. Argentina debuta ante Bosnia y Herzegovina en el Mundial de Brasil ante un Maracaná repleto. Su técnico Alejandro Sabella, en el cargo desde el año 2011, no tiene definido el equipo. Ni la formación, ni la idea. La nada misma. A tal punto que sale a la cancha con una bizarrísima línea de 5 que ni hace falta criticar: la desarmó él mismo tras 45 minutos y estando arriba en el marcador. En el segundo match ante Irán el técnico cedió y dispuso el planteo que es del agrado de los jugadores: un 433 muy asimétrico que acumula grandes individualidades en posiciones de ataque. Pero el “catenaccio” iraní maniató al equipo albiceleste. Los magos sudamericanos se mostraban impotentes ante un equipo que tiene a 16 de sus 23 jugadores jugando en la liga iraní. Di María después del partido declaró que “es imposible jugar cuando se te meten los 11 atrás”. Para empezar, implica que te van a atacar poco y que te van a regalar la pelota. Dos problemas menos. Pero estamos ante una tautología de aquellas. Si las palabras de la gran figura de la final de la Champions League fuesen ciertas, apilar gente en defensa sería la respuesta ante cualquier ataque, sin importar la calidad de sus componentes. Por suerte el fútbol es un deporte hermoso en el que la inventiva puede romper con un bloque de 10 tipos metidos en 25 metros. Así es que Messi frotó la lámpara y en tiempo adicional sacó uno de sus clásicos remates desde el vértice derecho del área, a favor de esa zurda prodigiosa que con un recorrido perfecto impulsó al balón al lado del palo más lejano del arquero con una rosca tremenda. Inatajable. Los 11 jugadores de Irán estaban detrás de la línea de la pelota.

Y allí, en ese instante de euforia, Argentina perdió (de nuevo) todos sus incentivos a mejorar. Messi es un rescate permanente. Le habíamos ganado a Irán con los justo, nuestro arquero fue la figura, el árbitro no cobró un claro penal en contra y nuestro técnico sentenció: “Con Messi en cancha todo es posible.”

Y así llegamos nuevamente al debate del esquema: 532, 433, 442, 4312, 4231. Nos recorrimos la guía telefónica entera. Muchos con buen tino dijeron: “No es el sistema, son los intérpretes”. Pero para Argentina no es ni el sistema, ni los intérpretes. Es la identidad de juego. A este plantel le sobra talento en ofensiva para jugar casi con cualquier esquema y poder ejecutarlo adecuadamente. Todos los técnicos de esta gran Copa del Mundo matarían por contar con Di María, Messi Agüero e Higuaín en su nómina. Pero la Selección no tiene identidad. Lo repetiré hasta el hartazgo: Sabella lleva 3 años a cargo pensando en cómo quedar menos desprotegido antes que pensar en cómo potenciar a los de arriba. Y así Gago termina jugando de 8, los centrales se repliegan y no achican casi nunca, Di María juega de interior y de extremo al mismo tiempo y los delanteros (a veces muy estáticos) no siempre logran asociarse con Messi. 3 años sin incentivos: una Eliminatoria más que amigable y el seguro de contar con 3 delanteros de máximo nivel. Pensamos que con tirarlos en el verde césped así nomás alcanzaba. Que espontáneamente, como en el potrero, iban a hacer de las suyas y despedazar a cuanto rival se les ponga en frente. Nada más lejos de la realidad.

Es cierto que Argentina probablemente no vuelva a enfrentar a un Irán. A un equipo que busque negar espacios con semejante celo y con tanta gente abocada a ello. Sabella espera para fases definitorias duelos en los que cediendo pelota y territorio pueda aprovechar luego a los 4 fantásticos lanzados en velocidad por las inmensas estancias brasileras. Pero que no se relaje: lo van a atacar. Y el equipo no se defiende bien. Porque no es compacto, por defectos tácticos, porque no tiene identidad. ¿Qué intérprete le falta a Argentina? Si nos ponemos en exquisitos diremos que no tenemos un box to box alla Ramsey, Vidal, Pogba o Yaya Touré, o que nuestros laterales no son los mejores. Y hasta que Federico Fernández es una anomalía que tiene menos explicación que el control de cambios. Pero equipo tenemos, claramente. Y tampoco hay algún cuco que infunda suficiente terror. Lo cierto señores es que Messi es mucho mejor que la soja a 600 dólares. Es nuestro Google, nuestro Amazon, nuestro Apple. Y no nos puede dar más de lo que ya nos da porque Alejandro Sabella es un credit crunch tamaño 2008/2009.

Ante este escenario vuelvo a la Cruzada del 442: producto industrial bastante feo, pero muy estable y efectivo aplicado con nombres coherentes en cancha. Dénle un amigo a Gago en la banda derecha. Alguien que lo ayude en la marca y que le de una opción más de pase y sociedad por ese costado, hoy completamente huérfano y librado a las lógicas desventuras de Zabaleta. ¿Quién sale? ¿Kun o Pipa? Por acto reflejo uno diría el Pipa. Pero en un equipo sin identidad, con dudas varias en el juego colectivo y sin volantes llegadores, el “ollazo” es una variante poco feliz que se va a imponer más de lo que uno desearía. ¿Saben qué? Tiramos tantas veces los dados ya que estoy para probarlo igual con el magnífico Agüero en cancha. El 442 es, en nuestro contexto, el sistema con el que menos chances tenemos de perder contra las potencias que vamos a enfrentar próximamente.

Intérpretes sobran, para el sistema que quieran (salvo el horror bilardista del 532, para el que definitivamente nos faltan intérpretes varios). Lo que no tenemos es identidad. Ni incentivos: “some wil show up” decía Charlie Harper en la hilarante “Two & A Half Men” una vuelta que andaba corto de guita y de laburo . Habitualmente aparece Messi, pero no podemos contar con ello por siempre.

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