Nos matan por ser mujeres
Karen Fabián
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No creo en la violencia como forma conciliadora o de entendimiento humano, si bien es una catarsis el enfrentar al otro cuando se esta en disputa o con intenciones de jugarse el ego creo que la agresión entre géneros es más bien una forma de relación que en el capitalismo es legitimada desde la convivencia en territorios imaginados desde las fuerzas en tensión: sexuales, económicas, políticas, visuales. La competencia por el más fuerte.

Si hasta hace poco en términos históricos las mujeres pueden agarrar la parranda, y ademas ejercer la autodefensa me pregunto desde cuando los hombres ejercemos esas acciones y el por qué las hacemos, independientemente de que para nuestro genero estén naturalizadas y sean indicador reafirmante de nuestra condición.

Leo tu texto con cierta culpa, vergüenza o pena pues a pesar de ser un hombre machista arrepentido y empatizar con la intención de reflexionar sobre el tema, recuerdo todas las microviolencias y los actos machistas, homofóbicos y desconsiderados para con las mujeres que he tenido a lo largo de mi vida. Intentar justificarlos desde la presión social, la educación en casa o los traumas sociales y culturales de nuestro entorno no minimiza su gravedad y tampoco resuelve mucho. En este sentido, siendo consciente de la deuda histórica que heredo por el hecho de haber nacido hombre y por ende contar con obvios privilegios trato de dilucidar por qué les matan en tanto mujeres. Pues así como tú no creo que les maten simplemente y llanamente por serlo.

Les matan por ser rebeldes. Por no ser sumisas, por ser críticas de sus condiciones y por ser mejores que los hombres, ya sea en términos sexuales, políticos, económicos, visuales, etc. Y aún si el feminicidio estrictamente respondiera a una condición de identidad sexual creo que cómo en cualquier acto, la responsabilidad es de quien lo ejerce, el asesinato es pues culpa del asesino, no de la víctima; incluso imaginando que existiera una provocación explicita no se encuentra una razón lógica desde la óptica machista pues no somos iguales.

Aquí esta quizás una de las paradojas, en el machismo se nos educo para todo lo contrario en parte, para cuidar a la mujer por que ella no podría cuidarse sola, para defenderla, procurarla y velar por su seguridad; por eso las mujeres y niños primero, por ese sede el asiento y cargar el garrafón o la bolsa, ofrecer la chamarra y el pañuelo. Hay una contradicción en el deber ser hombre ante el hecho de agredir a una mujer por que a las mujeres no se les pega, ni con el pétalo de una rosa, y si históricamente se tienen compasión hasta con los enemigos, hombres, más acérrimos, cuanto más cuando la enemiga es una mujer. Al menos eso nos enseñaron los películas de cuentos animados y superhéroes, siempre se perdona, el héroe no cobra vidas en la mayoría de los casos.

Lamentablemente la masculinidad machista también esta construida con otros elementos que son incompatibles, el amor a la madre sobre cualquier otro ser humano y por ende mujer, la fuerza física, la valentía temeraria, el éxito económico y la capacidad de proveer, la imposibilidad de llorar, la formalidad, el ser objeto de deseo al mismo tiempo que ser conquistador y tener muchas parejas sexuales pero serle fiel sentimentalmente a una sola y quizás a una amante o dos, con todo lo qué el mantener esas relaciones implica; no ser homoerótico ni tener preferencias homosexuales, pero si tener muchos amigos, buenos amigos, el amigo hombre como la única posibilidad de verdadero amigo, es una esquizofrenia.

Y esas construcciones son sociales, y quizás son las culpables de que nos maten; no solo a las mujeres, a los activistas sociales, a las lesbianas, a los rebeldes, a los locos, a los homosexuales, a los disidentes. Si bien fueron construidas por hombres y son ejercidas por hombres, son replicadas y naturalizas por todos los géneros. Necesitamos cuestionarnos y reconstruirnos. Yo en lo personal cada vez más siento que no me conviene ser hombre en términos sentimentales, económicos y de salud mucho menos ser un macho.

Todo esto de las consignas es preocupante. Respecto al “Somos malas, podemos ser peores” ¿Malas para quién?, ¿Peores qué un hombre?, ¿O peores para un sistema?.

¿Qué se busca con estas consignas?, ¿Reconocimiento del opresor? ¿Dislocación de un discurso?, ¿Asumir inocencia?; ¿Señalar culpables?.
 
 ¿Por qué el hombre se sigue construyendo en el deseo de poseer a la mujer? .¿Por qué se sigue deseando ser el controlador, el proveedor, el que decide?.

¿De dónde viene la obsesión por la responsabilidad?.

¿Las matan por pocohombres los pocohombres?.