No es el dolor

El dolor es sólo una consecuencia. El efecto secundario de algo que nos hizo sufrir y que todavía hoy sigue haciéndolo. Me gustaría que esto que tanto duele fuera solamente visceral. Ese dolor que parece relajarse con los buenos consejos, animadas charlas, algunas drogas de sobremesa o mucho café. Pero algo me dice que no, lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la ausencia. El hueco que deja alguien que ya no está y nunca estará. Echar de menos ese pacto cómplice. Saber que has perdido y que se la han llevado, que simplemente ha ganado la vida. Lo que duele es dejar de conocerla para siempre. Borrar su número del móvil. Frenarse cuando la vas a llamar y recordarme a mí mismo que ya no puedo, que un día pude, que lo hice menos de lo que debía y que ya nadie podrá. Dolor es recoger los pedazos de ti mismo, ser incapaz de consolar a quien más quieres en este mundo. Intentar robarla una sonrisa y terminar fracasando. No saber expresar emociones y de repente expresarlas todas cuando ya nadie escucha. Entender que lo que hicimos, es lo mejor que habremos hecho en nuestra vida. Haber caído con nuestra mayor gloria. Tener los más elevados objetivos y haber sucumbido al mundanal ruido. El saber que no tenemos derecho a intentarlo. E incluso perder la razón de hacerlo. Hablarla cómo un desconocido. Sentirnos mal de nuevo. No es el dolor. Son todos los momentos que abandonamos. Son todas las calles de esta ciudad. Son todas las horas que ya no volverán.

Lo que más duele es todo lo que vendrá.

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