Pasos


Observo al piso y veo mis tenis desgastados pisar el mismo lugar de siempre. No es extraño que a veces una frase o unas palabras me revuelvan las ansiedades y los sentimientos que deja en forma de resaca la pérdida del tiempo. No es una perdida al fin, es solo una parte más de la vida que se consume.

Pienso en esos lugares que no he transitado y las cosas que no he logrado hacer y tengo ganas de salir corriendo, lo acepto. ¿Quién dijo que no se puede sustituir una felicidad por otra? Lamentablemente no pueden alternarse. Pienso en las historias que quiero contar, en las que no cuento y otras que están a medias o mutiladas, pienso en la historia que estoy viviendo y los contratiempos, pero más allá de eso, en las lecciones que he aprendido.

El monitor de esta computadora se ha vuelto mi ventana a los acontecimientos, mi bitácora de viaje está plagada de sentimientos encontrados y la pantalla del ipad por las madrugadas me muestra el mundo aquel que aun no he podido conocer tanto como quisiera.

Los zapatos ya no son converse, aunque hacen falta por cuestiones de costumbres adheridas al día a día. Las pulseras al igual que los principios y el orgullo no pueden quitármelas.

Afuera es casi media noche y yo vivo entre dos fechas que nunca se olvidan pero pasan desapercibidas y son usadas mecánicamente.

Más tarde, cuando despierte al ver que la luz del sol entra por la ventana será tarde y no podré correr a donde quisiera. Me tragaré posiblemente algunas palabras ácidas mientras trato de no perder la paz, luego buscaré la forma de salir bien librado del ir y venir de este país convulsionado y sé que no será suficiente.

Siendo sincero quiero correr, siendo realista debo caminar. Afuera, el cielo es oscuro pero puede reconocerse nublado.

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