Tiempo y espacio

Historias


Te veo en mi memoria, sigues siendo tú.

Trato de tocarte pero te esfumas entre el tiempo que se fue y los días que cayeron del calendario como gotas muy pesadas y quebraron el suelo para seguir cayendo y llegar hasta el infierno.

Te escucho.

Aún recuerdo tus palabras, tus frases y los deseos de un mañana mejor, ese mañana se nos volvió hoy, ese hoy quizá no es el que esperábamos, pero está aquí, llenándonos de ausencias.

Te siento.

Tu calor no es algo que se haya desgastado demasiado con la llegada de los inviernos, aún así, siento morir de frío cada noche, y las madrugadas son insoportables si la nostalgia me juega una mala pasada y te imagino durmiendo a mi lado.

Te escribo.

Ya no lo hago en hojas de papel, lo hago de esta forma aunque siento que esto de la tecnología vuelve impersonal al amor. No puedo verte para darte una anticuada carta que pueda expresarte como me siento sin ti.

¿Cuál es la dirección del lugar que ocupas?

Me pregunto si podría ubicarte en un tiempo y espacio que me durara más que la próxima desilusión.

Te extraño, los días son todos iguales y aunque creas que esto es fácil puedo prometerte que no es así.

¿Cómo le explicas a alguien que le necesitas sino puedes verle a los ojos?

Supongo que esto de escribir sigue siendo una buena manera de entregarte unas cuantas imágenes que te cuenten como el cielo aquí siempre es gris y la gente que va por la calle no tiene rostro.

Tengo tantas historias por contarte, hay tantas porque tú me cuentes y muchas más por compartir.

A esta hora solo quisiera saber que me piensas y que eres capaz de recordarme aunque sea de forma borrosa.

Talvez para ti, también soy una de esas personas que van por la calle sin rostro en una tarde de invierno perdiendo color.