Leer para sobrevivir, y luego para vivir
El cómo alguien comienza a leer es un tema que siempre me ha marcado como persona.
Nuestro país no es precisamente el mejor en cuanto a lograr que los niños que empiezan a adentrarse en el lenguaje busquen seguir haciéndolo por cuenta propia. Todo lo contrario, al aprender a leer y escribir los niños son forzados a hacerlo; se les abruma con planas y planas inútiles de las letras, se les obliga a leer los no tan cautivadores cuentos de los libros de las SEP y se les graba en la mente que leer es un acto obligado, aburrido y molesto que tienen que hacer si no quieren reprobar la escuela.
Por eso cuando era niña, mis compañeros de clase no lograban entender el por qué yo realizaba este acto tedioso y molesto por cuenta propia, por qué cargaba libros que podían parecer pesados y que fácilmente podría no llevar conmigo y mejor dedicarme a jugar en lugar de a leer. Sin embargo, nunca me importó que en la primaria me apodaran “ratón de biblioteca” o que las maestras se desgastaran por varios minutos intentando que jugara al avioncito en lugar de quedarme sentada leyendo antes de darse cuenta de que no iba a hacerles caso.
La literatura, siempre ha sido una parte 100% crucial de mi existencia; sin ella no podría vivir. La literatura estuvo ahí para ayudarme a escapar, y jamás me ha abandonado. La literatura estuvo ahí cuando necesitaba sobrevivir. ¿Cómo empezó esta relación? ¿Hubo algún libro en particular que la creara? Sí. Cuando pienso en “el libro” pasan muchas opciones por mi mente; sin embargo hay sólo uno que influyó en mi vida de forma tal que no sería quien soy si no fuera por él. Y por más ridículo o “infantil” que parezca, ese libro es Harry Potter. ¿Harry Potter? Sí, ahora explico por qué.

Cuando era niña y tenía alrededor de 5 años mis padres comenzaban a divorciarse; en realidad fue un proceso largo que se vio desatado por sus múltiples peleas que por lo general acababan en violencia física. En ese momento yo no entendía que sucedía, pero una cosa me quedaba clara; tenía que evitar que mi hermana se diera cuenta de lo que pasaba, jugaba con ella, le contaba cuentos, cualquier cosa que la distrajera del asunto. Sin embargo, hacer esto a la edad de cinco años generaba en mi mucha presión, la cual me llevó a recluirme en mi misma y evitar el contacto social tanto como fuera posible. No hablaba de nada con nadie. Siempre fui antisocial, pero en ese momento más que nunca.
Entonces llegó Harry Potter. En ese año: 2001, Harry Potter y la piedra filosofal llegó al cine. En el momento en que vi la película quedé fascinada. La idea de un mundo mágico diferente al real en el que niños como yo eran capaces de lograr cualquier cosa a través de la magia me atrapó de inmediato. Harry Potter representó una manera de liberarme de todo lo que sucedía en ese momento e incluso de lo que sucedería en momentos posteriores. En ese entonces mi forma de “leer” aun no era del todo competente, repito: tenía cinco años. Sin embargo mi mamá compró el libro y nos lo leía a mi hermana y a mí antes de dormir. Ese fue el primer acercamiento que tuve con el texto como tal y conforme fui creciendo fui leyendo los libros por mi cuenta. Estos podían tener 300, 400 o incluso 700 páginas y yo no me aburría de ellos. Al contrario, el detalle y la aparente falta de lógica de ese mundo me fascinaban. Podía leerlos y siempre me animaban; siempre conseguían sacarme de la realidad.

Y fue así como leer Harry Potter me llevó a leer todo lo demás que leí desde que era niña. Porque fue el primer libro “grande” — con extensión de novela y no de cuento — que leí y que verdaderamente trastocaba el orden de mi vida. A partir de Harry Potter surgió mi obsesión con la magia y los seres fantásticos; específicamente unicornios y vampiros. Fue por Harry Potter que leí Drácula, que leí a Shakespeare, que leí Frankenstein, que leí a Jane Austen y a Emily Brontë. Fue por Harry Potter, irónicamente, que dejé los cuentos para niños y pasé a leer literatura que no estaba pensada para niños de mi edad.
En algunas ocasiones ha habido gente que me ha criticado o tachado de inmadura por darle tanta importancia a la literatura infantil (Harry Potter claro está); sin embargo ésta me “salvó” en un mal momento de mi vida. La literatura nunca me abandonaría o traicionaría y siempre va a estar ahí para mí, a diferencia de las personas. Pensado así, dedicar mi vida a ella es en realidad nada, comparado con todo lo que ella ha hecho y hace por mí. Sin importar que tan mal y hecha un desmadre esté mi vida, la literatura siempre está ahí: maravillándome, sorprendiéndome y dándole sentido a mi existencia. Evidentemente no siempre Harry Potter; pero sí la literatura en general, que entró a través de la puerta que abrió este primer libro, mismo que me llevó a amar la literatura como a nadie más en este mundo.
