Otra realidad

Casi sin darme cuenta o queriéndolo, si lo vemos con ironía, me encuentro envuelto en una situación que me quita de eje y rota mi vida. Ya no funciona más en mí el reloj orbital y transdimensional que sirve de eje en mí caminar. Se paraliza el péndulo que sondea de punta a punta y que mecía en la curvatura de mi vida diaria. Estancado en el centro, paralizado. Se acciona otra realidad.

Nadie llamó y me relató la sinfonía que se destella de mis manos y toca melódicamente su punto de brillo por vos. Nadie me pidió que a cambio de un favor, retrase mi reloj, detenga el péndulo y solo piense en vos. Nadie lo hizo. Nadie me dijo, detén tu realidad porque tenés que terminar de trabajar.

Miro la realidad, estancada en las 23:16 de un frío otoñal, una entrevista a medio terminar y un fugaz y repentino momento que me permite soñar. Las duras palabras que escribía se suavizan repentinamente como si un toque mágico, suave y perfecto tuyo las diera en el momento justo.

Escucho la realidad, bocinas y algún que otro grito yace afuera en la oscuridad de una Buenos Aires libre en todo su andar. Un colectivo pasa y emite un sonido que me transborda a otro lugar. Increíble como los ruidos más quejosos a la mañana suenan distintos a la noche, o es que uno no se permite oír sin otra forma que no sea en la realidad, no se detiene a escuchar cada sin fin que lo rodea, cada conversación que despliega un universo totalmente distinto. ¿Acaso alguien escuchará lo mismo?

Huelo la realidad, tiene un seco olor a viento húmedo pero de flores. Algún fanático de la limpieza que da rienda suelta a su placer y cumple rociando su colchón de un fuerte aquafresh, pienso.

Degusto la realidad, sabe a un sinsabor que no permite una reflexión, solo sirve para recordar los platillos más gustosos que el paladar tuvo el lujo de saborear. Aquel dulce y suave plato gourmet, o yo le atribuía ese nombre, otra vez me saboreo hacia otro lugar.

Siento la realidad, son suaves teclas de computadora que acompañan con gusto y sin más remedio tal vez, lo que escribo. Se desliza a mí otra sensación, de un movimiento de tu boca, de mis manos abrazandote.

El reloj atisba un esfuerzo, parece romper el temple que lo mantuvo quieto. El péndulo comienza a oscilar nuevamente, con más fuerza a cada balanceo. Los sentidos recobran su cotidiano accionar y se vuelven a concentrar. Otra realidad se aleja de mi mente, vuelvo a pensar en todo lo que venía pensando.

Mientras, el reloj continua su paso y decide seguir con conocimiento de todo lo mágico que vendrá.

Por un tiempo deje de lado la realidad y me sumergí con vos en otra. Tardía reflexión, pero de esas que salen de lo más puro de uno. Creo que lo único de lo que me equivoque al hablarte en ese café, fue de que no me alejabas de la realidad…

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