De ellos es el Odio. De nosotrxs es el Amor.

Hoy, 12 de junio de 2016, Omar Mateen, un estadounidense de 29 años, entró a una discoteca gay de Orlando (Florida, Estados Unidos), mató 50 personas y dejó más de 53 heridos. Es la mayor matanza a estadounidenses en su territorio desde los atentados del 11 de septiembre.

¿Por qué un tipo de 29 años entra un sábado a la noche a una disco gay a quienes están bailando y divirtiéndose con sus amigxs? Por la HOMOFOBIA. Según cuenta el papá del asesino, Mateen había visto dos hombres besándose en Miami y se puso furioso.

Yo, vos, tu amigx, tu hermanx, tu hijx, tu compañerx de laburo, tu vecinx, podríamos haber estado ahí. Hoy podrías haberte despertado y enterarte que tu ser querido fue asesinado sólo por ir a divertirse a una discoteca a la que van otras personas que no encajan con lo que la sociedad MANDA encajar.

¿No te da miedo vivir en un mundo así? A mí sí. Cada vez que tuve ganas de besar a otro hombre en la vía pública sentí un instante de miedo de que venga alguien intolerante y me parta una botella de vidrio en la cabeza. ¿Por qué tenemos que vivir así? ¿Por qué no podemos ser quienes somos con total libertad y sin temor? ¿Ven que cada vez que decimos que la HOMOFOBIA MATA no estamos exagerando ni nos estamos victimizando?

Y la homofobia no sólo mata cuando entra un intolerante a una disco gay y mata más de 50 personas LGBTIQ. La homofobia mata cuando por tu bullying, tus chistes, hacés que alguien se reprima, matándole la posibilidad de expresar quién es. La homofobia mata cuando esa chica travesti que ves trabajando a la noche intenta ir a buscar un trabajo no relacionado con el sexo y es rechazada por vivir de manera coherente con su identidad de género. La homofobia mata todos los días y ya estamos cansadxs de que nos sigan matando.

Siento una profunda bronca, asco y tristeza cuando entro a los portales de noticias y leo gente burlándose sobre la matanza. Son esos “chistes” (porque no son graciosos), esas acciones cotidianas las que legitiman los discursos de odio que, tarde o temprano, terminan con muertos. Hay gente que todavía cree que exageramos, que hay cosas más importantes, que ya estamos plenamente aceptados. Hay gente que todavía pregunta para qué hay una marcha del Orgullo LGBTIQ si no hay una marcha del orgullo heterosexual. Y todos los años tenemos que responder que hay marcha del orgullo LGBTIQ y no marcha del orgullo heterosexual porque a los heterosexuales no los matan por su heterosexualidad, porque a los heterosexuales no los obligan a esconderse para ser quienes son.

Hay un montón de gente que, al leer esto, tal vez ponga like o alguna de las reacciones que Facebook nos prescribe para sentir (hasta en eso nos limitan). La verdad es que me tiene totalmente sin cuidado si te gusta, si amás, si te enfurece o si te entristece este post o lo que está pasando si no va a servir para nada. Este post y los miles que vas a leer en Facebook, en twitter, en diarios van a servir sólo cuando dejemos de ser cómplices de la homofobia, cuando empecemos a desconstruir esos discursos de odio. Es hora de que asumamos RESPONSABILIDAD por lo que estamos haciendo en nuestras comunidades, en nuestras sociedades, en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras escuelas.

Los discursos de odio de destruyen con EDUCACIÓN. Necesitamos urgentemente educación para la INCLUSIÓN, Educación para el RESPETO A LA DIVERSIDAD, Educación para la LIBERTAD, Educación para la RESPONSABILIDAD, Educación para la IGUALDAD. Necesitamos aprender a aceptar que todas y todos somos diferentes pero que esas diferencias no deben legitimar las desigualdades. Es hora de que aprendamos a reconocer las diferencias, a respetarlas y a valorarlas. Y esa EDUCACIÓN para la INCLUSIÓN, el RESPETO A LA DIVERSIDAD, para la LIBERTAD, para la IGUALDAD no se va a conseguir nunca si esa educación no es EDUCACIÓN LAICA, SEXUAL E INTEGRAL.

Recientemente, en Argentina, tuvo lugar otra marcha masiva contra la violencia de género. Miles de personas en todo el país se enarbolaron detrás de la consigna de #NiUnaMenos. Pero no podemos quedarnos ahí. La violencia que sufren las mujeres heterosexuales, los gays, las lesbianas, las personas bisexuales, las personas trans, las personas intersex, quienes se definen como queers tienen algo en común: MACHISMO. El enemigo público número uno de miles de millones de personas en todo el mundo es el machismo, es ese sistema patriarcal, es el discurso dominante en el que si sos Hombre, Heterosexual, Blanco y Propietario tenés poder, ventajas y privilegios. Entonces, si te cambiás la foto de perfil en Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp y ponés un cartelito de #NiUnaMenos, es hora de que te comprometas EN SERIO para que las cosas cambien. Y el compromiso pasa por las acciones cotidianas, simples, que son las que sostienen y legitiman esos discursos de odio. Tengamos un pensamiento crítico que nos permite revisar nuestros propios hábitos y prácticas. Asumamos el compromiso, en serio, para que haya IGUALDAD entre las personas, sin importar si sos hombre, mujer, trans, si te gustan personas de tu mismo género, de distinto género o si no te interesa el género a la hora de sentir atracción afectiva y/o sexual.

Acordate a la hora de VOTAR. No elijas candidatos que sostienen el machismo, la desigualdad, la discriminación, la homofobia. Acordate a la hora de elegir a qué colegio vas a mandar a tus hijos. Acordate a la hora de hablarle a tus hijos sobre sexualidad, sobre orientación sexual, sobre género. Acordate a la hora de ir a la cancha a alentar a tu equipo mientras cantás los cantitos. Acordate a la hora de hacer chistes en el trabajo. Acordate que todos somos parte del problema, entonces todos somos parte de la solución. Y acordate bien a la hora de pedir por un ESTADO LAICO, que deje de alimentar el discurso que predican las religiones, que lo único que hacen es sostener este discurso desde un lugar de hipocresía terrible. No podés poner un cartel de Ni Una Menos y estar de acuerdo con que sólo los hombres puedan ser sacerdotes porque las mujeres no están ideadas para ello. No podés horrorizarte por la homofobia y poner frases hipócritas del Papa que con su demagogia dice “¿quién soy yo para juzgarlos?”, pero luego hace campaña en todos los países en donde todavía tiene influencia para que no tengamos igualdad de derechos. No seas vos también hipócrita.

Sumate a las marchas del ORGULLO LGBTIQ y cuando te pregunten por qué marchás respondé que te hacés responsable de la parte que te toca para que haya IGUALDAD, para que no haya DISCRIMINACIÓN, para que no haya HOMOFOBIA que asesine personas en todo el mundo. Que ellos se queden con el odio, que nosotros nos marchemos enarbolados tras la bandera del AMOR.