El emperador y el salvaje

Si hubiera un emperador en el barrio, ese serías tú. Tu voz cálida, que tiene la sonoridad de casa, tus sonrisa amable que transmite paz. Tus rizos me son familiares y tus dientes blancos deben de ser joyas muy buscadas por una antigua civilización. Has conquistado mis sentidos, sin decir nada, tranquilo, sigiloso, detrás mío, simplemente emitiendo esta onda de baja frecuencia: yo te voy a dar serenidad, yo te voy a dar lo que necesitas. Desprendes un calor africano, un ritmo pausado; las personas de las islas africanas son casa y tus manos son casa y tu mirada es mi hogar. Sincero, directo, buen karma. Vegetariano.

¿Y qué es lo que necesita una mujer a los treinta y un años? Necesita cariño, que le digan lo hermosa y lozana que está, que le hagan el desayuno y que la hagan reír, que la apoyen con sus proyectos. Y que la arropen por la noche después de sexo intenso. Eso es lo que necesita una mujer a los treinta. Solamente eso. Estaría bien también para mí, si yo no tuviera esta cabecita loca que me ha tocado.

Y como me ha tocado lo que me ha tocado o me he buscado lo que quería mi inconsciente que encontrara, aquí estoy yo; lidiando aún con el salvaje descarriado con rasgos de Kurt Cobain afrancesado, que mucho me temo si sigue salvaje y la pifia, me permitirá arrojarme a los brazos de ese africano blanco o, tal vez, lo hace bien y entonces nos comprometemos igual que en las películas Disaster Boy meets Girl — Boy makes a change for her love — They get married. Tontadas de palomitas.

Soy una española apasionada, soy la hada del Llobregat, soy una persona con sentimientos fuertes. Y los hombres, bien, una asignatura prácticamente aprobada. ¿Y si ahora cambiamos de lección?

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