El aprendizaje

Tenía que aprender música. No era una sugerencia, era una orden. A nadie, sin embargo, le importaba averiguar si estaba interesado. El interés no era una variable a considerar, para los demás, por lo menos.

Era dócil y dejaba hacer. No contestaba y hacía. Estudiaba música porque todos querían eso.

No iba a contradecirlos.

No entendía cómo los demás protestaban porque a él nunca se le hubiera ocurrido y si alguna vez se le escapaba accidentalmente algún comentario negativo respecto a alguna decisión, cuando le preguntaban por qué no lo había dicho antes, sencillamente se encogía de hombros y sonreía.

Todos los días estudiaba y estudiaba.

Había aprendido rápido y como no se decidía qué instrumento le gustaba más, ellos compraron un piano.

El piano se instaló en el living y todos supusieron que a él le encantaría.

No. No le encantó ese instrumento porque entre los que tenía en mente ése no estaba. No quería un piano porque los pianos no se mueven. No lo dijo.

Se esmeró, en cambio, tanto pero tanto, que se convirtió en concertista.

Era el mejor pero el piano seguía sin gustarle.

Nadie nunca le preguntaba nada al respecto porque era imposible que alguien con semejante ardor interpretativo estuviera incómodo. Él estaba.

Jamás dijo que no le gustaba el piano y cuando en las entrevistas le preguntaban por qué había elegido esa carrera y qué lo había hecho elegir el piano él cambiaba de tema.

16 de junio de 2014

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