El embudo

El embudo puesto del revés, con la parte más angosta sobre la madera de la repisa, como una Y de plástico fucsia, la sacó de quicio. Gritó. Apareció Anita, despeinada, arrastrando la manta y con el chupete en la boca. La mira fijamente, un poco dormida todavía. Ella deja de mirar la repisa, se da vuelta y, como si fuera un trompo que acaba de pegar en contra del piso, levanta a Anita y sale de la cocina para llevarla otra vez a la cama. En el pasillo se cruza con Marcos que la mira sin entender.

Ella sigue de largo y cuando vuelve a la cocina lo encuentra sentado mirando cómo cae el café dentro de la jarra de la cafetera eléctrica.

Marcos está un poco dormido y cuando la ve aparecer le pregunta: “¿Qué pasó? ¿Viste una araña?” Y ella, sin contestarle, va hasta la cafetera y sirve dos tazas de café. Vuelve y le da a Marcos una taza blanca que tiene escrito en letras verdes SUPER PAPÁ y ella se queda con una taza color negro azabache.

“¿Vos gritaste, no? Insiste Marcos. Mechi lo mira y, después de terminar de poner azúcar en su taza le dice que sí. Marcos le vuelve a preguntar por qué y ella, sin hablar, se da vuelta y con la cara, levantando un poco la pera, le señala la repisa.

Él mira la repisa de madera blanca con unos arabescos grises que odia desde siempre y ve, en el medio, entre las tazas y los pocillos (un poco más acá de donde están los vasos) el embudo fucsia puesto del revés. Suspira.

Ella que sabe que él se acaba de dar cuenta de todo, no dice nada y da un sorbo larguísimo de café.

Después, Marcos se levanta y agarra el embudo de la repisa y lo guarda en la alacena de debajo de la mesada. Marcos guarda el embudo en su lugar.

Vuelve, revuelve su café y mientras se para, con la taza en la mano para ir hasta la heladera, le dice: “Ya está, lo puse en su lugar. Es la última vez, te lo prometo.”

Mechi, sin mirarlo, solo le dice: “No te creo.” y cuando él está por responder llega Anita pidiendo su desayuno.

Esta vez es Marcos quien la levanta del piso y le dice que es temprano, que siga durmiendo, mientras la lleva hasta su cama.

Mechi, sola en la cocina, sigue mirando la repisa. Mira el fantasma del embudo pero, esta vez, contiene el grito.

20 de marzo de 2017

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