el interior
El sol entra por mi ventana. Es una tarde de invierno demasiado luminosa. Demasiado cálida también. La luz, sin embargo, disipa toda la maldad. Se crea en su lugar una brillantez protectora. Todo lo que queda debajo de esa armadura iridiscente aumenta su fuerza. La protección dorada transforma hasta al más timorato de los seres en un gigante valeroso. La oscuridad derramada por la testarudez de unos pocos energúmenos rebota en contra de ese arco sostenido por cuerdas que tiritan las melodías más hermosas. Ni un grumo de la mugre exterior puede atravesar esta pared impoluta y orgullosa que se levanta a manera de muralla y separa la mediocridad del núcleo fortalecido.
Nada es capaz de opacar lo que baila en el interior gelatinoso de esta luz danzarina que se derrama, real, sobre los almohadones del sofá en mi habitación mientras yo dormito tranquila.
27 de agosto de 2017
