La esquela

Había bailado toda la noche. Había tomado toda la noche. Cerveza, whisky, caipirinha. Había estado descontrolada. No se acordaba bien pero sabía -se lo estaba avisando el cuerpo- que se había pasado.

Tampoco tenía la más puta idea de dónde estaba ni con quién estaba.

Miró alrededor para ver si encontraba algo que la pusiera en el mapa. Nada. Solo su ropa desparramada por el piso.

Le dolía el cuerpo. Le ardía la piel. Le dolía la cabeza.

Se ordenó. Estaba de vacaciones. Estaba en la playa. Había salido con sus amigas y las había perdido. Se había ido con… ¿con quién mierda se había ido? ¿dónde carajo estaba?

La pieza le indicaba que estaba en una casa. Una casa lujosa. Las cortinas eran de gasa. La cama era de roble. Se levantó y fue a la ventana. Un balcón inmenso… debajo, la playa ¿la playa debajo del balcón? Se asustó ¿se había ido de la fiesta con un viejo?

Quiso acordarse pero no pudo. Era todo una mezcla y no acertaba a encontrar el momento en el que se había metido en esa casa. No se acordaba de nada.

¿Dónde estaba?

El paisaje era hermoso. El mar, la arena y el atardecer… ¿Había dormido todo el día? Veía poca gente en la playa.

Definitivamente era tarde en la tarde. Miró mejor la habitación y descubrió que había comida en una mesa. Fue hasta la mesa y vio frutas, café, fiambre, queso, pan. También había jugo y agua.

No sabía si comer o no pero la resaca y el hambre pudieron más. Se sirvió café, puso un poco de comida en unos platos, agarró una bandeja que estaba apoyada en la mesa y se fue con todo lo que había puesto encima hasta la cama.

Era una cama amplia y lujosa. No recordaba haber dormido alguna vez en una cama parecida. Agarró el control remoto que estaba en la mesa de luz y prendió la tele, dejó el canal de música.

Comía despacio y seguía sin acordarse de nada. Como tenía sed tomó el jugo con ganas. Después alternaba los mordiscos que le daba a las frutas con los sorbos de un café oscuro y exquisito.

Cuando terminó de comer se levantó y fue hasta el baño. Era un baño lujoso también. Inspeccionó un poco y decidió bañarse. Se metió y el agua de la ducha le limpió la niebla.

Salió más despejada y empezó a vestirse.

Después, cuando estuvo pronta, salió de la pieza y bajó por unas escaleras amplias que terminaban en la puerta de entrada.

Vio el papelito que estaba pegado en la puerta y se quedó perpleja porque la nota decía, en una letra diminuta y todo en minúscula: “espero que la hayas pasado tan lindo como yo. buen regreso. un beso, marcela.”

Despegó el papel de la madera de la puerta, se lo metió en el bolsillo de atrás del jean y salió a la calle. Mientras volvía al hostal trataba de imaginarse cómo les iba a contar a sus amigas que había estado con una mina pero que no se acordaba.

Se puteó por borracha, después se largó a reír y volvió caminando por la orilla del mar.

2 de abril de 2015.

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