música ligera

No tenía nada. Sólo el rumor de los parlantes que pegaba en el vidrio de la ventana y lo hacía vibrar. Reverberación.

Temblor, movimiento telúrico. Se podía sentir en el piso, también, a pesar de la distancia. No adivinaba el ritmo pero los bajos eran potentes. La música sonaba lejos.

Era una buena música por cómo se movía el piso, por cómo temblaban los vidrios. No tenía nada; con ese rumor le alcanzaba.

El alimento le llegaba espasmódico como llegan los orgasmos, como llega todo lo que está bien. Se nutría con un sonido. Una vibración amorosa la alimentaba.

El vidrio vibraba y ella apoyó la palma de una de sus manos. Como afuera estaba frío y la habitación estaba caliente un halo empañado trazó el dibujo de sus dedos sobre el vidrio.

Con la mano apoyada la vibración podía sentirse más nítidamente y ella era capaz de imaginarse la melodía recorriéndola.

La sensación era buena y, sin darse cuenta, empezó a mover los pies. La música le seguía entrando en el cuerpo a través de la vibración que capturaba con la palma de la mano que había dejado de ser suya.

Su mano se había convertido en una puerta abierta por la que le entraba una corriente de no entendía qué. Su cuerpo se estaba transformando en un espacio repleto de átomos inestables mientras ella se deshacía como si fuera un puñado de neutrones prontos para entrar en fisión.

Sentía una energía tan potente que le despertaba hasta la última terminación nerviosa. Su pecho era una caja de resonancia y los bajos le aceleraban los latidos del corazón.

Estaba casi quieta, solo se movía uno de sus pies, sin embargo, la electricidad rítmica que le entraba a través de la vibración del vidrio era como un hilo de metal caliente recorriéndola.

Las luces afuera parpadeaban y mientras sentía el calor de la música, se imaginaba que el cielo iluminado de esa noche de invierno seguía un patrón luminoso.

Como un viajero antiguo, que seguía las señales del cielo para encontrar su camino, ella miraba el neón de los carteles brillantes buscando un mapa. Estaba perdida. Estaba feliz.

El cielo brillaba al ritmo de la música que pegaba contra el vidrio un poco sucio de esa pieza de motel barato. Volvió a la cama y acomodó su cuerpo desnudo en contra del de él que la dejó acurrucarse mientras ronroneaba algo que ella no entendió. Después, se durmió despacio queriéndose sacar la vibración que no se le iba.

12 de julio de 2015