Nina, la brava (un beso y una flor)

Te tengo, me dijo, y después hizo un gesto con la mano como de quien agarra un insecto (como si hubiera cazado una mariposa). Me tiró un beso y se fue.

Hoy, casi veinticinco años después, mientras manejo pienso en él. No lo conozco. No lo conocí. Solo me dijo que me tenía y se fue. El tránsito está cargado y voy a demorarme.

Te tengo, me dijo. Después se fue. Me tiró un beso y se fue. Creo que encontré la justificación de por qué hice todas las cosas mal en las últimas dos décadas: no fui yo, yo no estuve, un chico que no conocí me tuvo, sin tocarme un pelo, un día caluroso en un parque lleno de mosquitos y yo me dejé llevar.

No sé por qué mientras veo como contaminamos el aire de la ciudad con los escapes de los motores, atascados en una fila sin principio ni final, pienso en el chico bonito que me tiro un beso hace tanto tiempo.

¿Qué hace el tarado del auto de adelante? ¿Por qué no se mueve? ¿No ves que la fila avanza, imbécil?

Estoy impaciente porque tengo muchas cosas que hacer y estoy demorada. Además ando distraída. Pienso en el chico que me cazó como si yo hubiera sido un bicho y se fue conmigo. Me acuerdo de los indios y de las fotos. Del alma que se les quedaba prendida a la foto, o no sé bien qué, pero algo le pasaba al alma y por eso no se querían sacar fotos, los indios.

¿Y si el pibe me robó el alma esa tarde? ¿Si después del beso al aire dejé de ser la misma?

Intento recordar qué fue lo que hice, qué le dije, pero no hay caso. Es solo la imagen del chico volviendo y haciendo ese gesto con la mano. Nada antes ni nada después. Es una instantánea descolorida de cuando era chica. Me acuerdo hasta de lo que tenía puesto él, pero no me acuerdo qué hacía yo en el parque, tampoco quién estaba conmigo o qué fue lo que hice después. Nada.

¡Por fin! Te moviste, hermoso. Muy bien… avanzamos cinco centímetros.

No quiero pensar en estas cosas. Tengo mucho que hacer… pero la imagen del beso y de la despedida del chico que no conocí me puso triste. Últimamente todo me pone melancólica. Desde que me separé no paro de recordar cosas. Vivo en un constante rewind.

El pasacassette de mi vida tiene atascada la tecla de play que solo anda si antes le doy rew. Horrible. Creo que la manía del pasado que pusieron de moda los hipsters me cagó la vida. Todo lo que ahora es cool tiene, para mí, pegada una emoción. Yo no sé si antes era así. No recuerdo que nosotros estuviéramos tan ocupados por el pasado. Solo queríamos el hoy porque sabíamos que NO FUTURE y nos deshacíamos en el no se lo que quiero pero lo quiero YA.

¿Por qué pienso esto? ¿Por qué me acuerdo del pibe con el jardinero de jean sin remera debajo? ¿Por qué el tonto que va adelante de mí se paró en el semáforo? ¿Por qué? ¿Por qué?

¡Idiota! ¡Este semáforo demora una vida en cambiar la luz! ¿Por qué no pasaste si con la amarilla nos daba tiempo a por los menos tres autos?

Creo que me acordé qué hacía en el parque. Había ido a un recital que se había suspendido. Era eso. Estaba ahí esperando a ver que pasaba. Nos comían los mosquitos pero, mis amigos y yo estábamos pegados al suelo de ese parque porque no queríamos perdernos los tipos que iban a tocar en la estación de trenes, o viajaban en tren. No sé, de tanto no me acuerdo.

Y en el medio del bajón apareciste vos. Sí, te voy a empezar a hablar a vos, después de todo no me pediste permiso y volviste y yo miro, una y otra vez, como me atrapás entre tus manos, me tirás un beso y te vas. Sos una foto vintage con un jardinero de jean gastado y muchos rulos que te caen sobre unos ojos de un color indefinible. Eso sos vos: una foto.

Te veo y me da rabia ¿Quién sos? ¿Cómo te llamás? ¿A quién le copiaste el gesto? ¿Le robaste el alma a muchas chicas que como yo iban a esperar las bandas que nunca llegaban?

Estoy atascada. Estoy veinticinco años más vieja también. Voy poco a los recitales, pero voy. Estoy en el medio de un embotellamiento.

Hay un boludo que está en el auto de adelante que no se mueve y, encima, cuando puede cruzar se queda quieto. Es de los que te complican la velocidad. Y a mi me gusta ir rápido. No sé qué habrá pasado hoy que hay semejante tapón. Este recorrido es bastante rápido. Lo hago a diario, nunca me había agarrado un trancazo así.

Espero ansiosa que Dave Grohl se baje del auto. Estoy esperando el tipo de traje con el estuche caminando por la calle pero con eso no me alcanza y entonces lo mezclo con El Mariachi y en el estuche hay muchas armas. Y aparece el verdadero Mariachi, el de la primera, no Banderas, no. Y nos caga a tiros a los idiotas que estamos embotellados.

No sé como llegué hasta la película. ¡Mano Negra! Ésa era banda que iba a pasar pero no pasó y nos perdimos de escuchar ese día. Tocaban en la estación y nosotros, después, de la rabia nos fuimos al parque. O estábamos en el parque, no sé. No importa.

¿Andás de traje? ¿Te cortaste el pelo? ¿De qué trabajas? ¿Seguís por acá o te fuiste como se fueron tantos?

Otra vez el pavo del Focus de adelante se quedó quieto. No me da para tocarle bocina porque soy de las que se queja de la contaminación sonora y no quiero contradecirme, aunque te juro, que desharía el volante del auto con tal de que el sonido de la bocina lo hiciera reaccionar.

¡Era hora! Parece que por fin nos estamos moviendo. Ritmo lento pero seguro, pienso. Es una pavada. Lo del ritmo lento, digo. Es de propaganda de yogurt frutado. A mí me gusta la velocidad. Siempre me gustó andar rápido.

¿Por qué le hablo a una foto? No, es peor que eso, le estoy hablando a un recuerdo. Qué espanto. Me asusto de mí cuando me pongo así. Me doy miedo.

De todos modos me encanta acelerar, es verdad, y si estoy distraída es peor. Mi ex me decía siempre que a diferencia del resto de la gente que cuando se distrae levanta el pie del pedal yo lo apretaba a fondo. Siempre. No sé, no me doy cuenta porque cuando lo hago estoy distraída.

Me gusta la velocidad. Siempre me gustó. Es lindo sentir que vas rápido. Lamentablemente en los autos cada vez es más difícil sentir que vas a fondo. Están más acolchados y eso es un peligro porque muchos no tienen idea de que van rapidísimo y, además, nunca hicieron el cálculo de cuántos metros necesitan para frenar si van a X velocidad. Yo tampoco. Soy malísima calculando. Hago todo como en estas últimas dos décadas: mal.

No, mentira. No hago todo tan mal, algunas cosas me salen ricas. Otras más o menos. Y algunas no me salen, pero no de mala, más bien de vaga. Soy haragana.

¡Qué bien! Salí de una vez a la autopista. Estoy en la ruta y ando rápido. Se siente bien. Me gusta acelerar. Una pena que se mate tanta gente por la inconsciencia de acelerar sin medir las consecuencias. Una pena lo de hoy, también, el embotellamiento fue por un accidente fatal.

Voy rápido. Miro las luces que se diluyen a mi alrededor y, así, de la nada, me acordé del pibe del jardinero. El del recital frustrado de Mano Negra. No fue él, fui yo. El gesto que me hizo fue la respuesta a la flor que le regalé porque era un lindo pibe. No me robó el alma, se la di.

21 de julio de 2015.

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