Me debía escribirle algo.
Porque amé Portofino y su glamour, aluciné en Cinqueterre y me enamoré en Piazza San Marco casi con la misma intensidad con la que odie a los venecianos...hay que decirlo: son más mal llevados que la mierda.
Caminé por Roma, con los ojos del alma, emocionándome ante cada detalle.

Lloré al ver el Moisés de Miguel Angel. Disfruté la belleza calma y apacible de LaToscana con sus pueblitos medievales y Firenze, y Pisa ...pero llegar al sur, fue mágico.

Ver el Vesubio en la bahía de Nápoles y sentir que cada color del atardecer me atravesaba el cuore. O caminar por Pompeya y tener la sensación casi certera, que ya estuve allí en tiempos pretéritos.

O Sorrento...o Capri y, mi amada Castellammare di Stabia.

O Calabria, la tierra del nono, que me dejo un sabor amargo. Quizá porque él había prometido que íríamos a conocerla juntos y, no pudo ser.

Pero decía, que me debía escribirle algo a esta joya que es Palermo

Palermo es sublime. No tiene la grandilocuencia obscena de Firenze. Es sencilla y sin pretensiones pero, con tesoros arquitectónicos que hablan de un pasado multiétnico y glorioso. 
Todo Palermo es soñada. Fenicios, cartagineses, griegos, árabes, normandos y borbones, todos ellos, dejaron allí su impronta.

Y se nota.

Es distinta, tiene personalidad.
Vos salís de la piazza de la Pretoria, y te encontrás con San Giuseppe dei Teatini que es una iglesia con arte barroco de increíble belleza.

Ahí nomás, en la esquina, te encontrás con los Quattro Canti y moris de amor ante la esquina más bella de toda italia.

Por la misma avenida, llegas a la Catedral de Palermo y ves estilos mixeados, que en conjunto, generan un espectáculo soberbio. El exterior es árabe-normando con patio de Palmeras y torres que mediante arcos, cruzan la calle. Realmente es muy bonita. El interior, es medio insulso, para qué te voy a mentir.

Sí seguís caminando por la Vittorio Emanuele, te encontrás con la Puerta Nuova, que era la entrada terrestre a la antigua ciudad de Palermo.

Yo alquilé un departamento precioso en el otro extremo de la Puorta Nuova a pasitos de la Porta Felice, en el Foro Itálico, pegadito al puerto.

La Porta Felice, era la entrada desde el mar a la antigua ciudad de Palermo.

Ambas puertas, la Puorta Nuova y la Porta Felice, se conectan entre sí por la Avenida Vittorio Emanuele.

En la Puorta Nuova desde uno de sus extremos ves como si fuese un arco de triunfo, pero del otro lado la cosa cambia, está flanqueada por cuatro atlas que representan a los moros que derrotó CarlosV.

Si volves a entrar y doblas hacia la derecha, llegas a un parque que es el jardín del Palacio dei Normandi. Dentro está la joya de Palermo, la capilla Palatina: con sus mosaicos, con su atrio, con oro que adorna cada arco y cada techo.
Te queda el cuello duro de tanto mirar hacia arriba.

Entre los Quattro Canti y la Puorta Nuova, hay locales con venta de libros, pupis, especias y café.

Los pupis son unas marionetas. Leí que la tradición de estos Pupi, comenzó en el siglo XVIII, cuando los españoles introdujeron las marionetas. Se sabe que Palermo estuvo ocupada por cuanto pueblo hubo. Pero los sicilianos, fueron capaces no sólo de transformar la técnica (se manipulan por una varilla de hierro que se sitúa en el centro de la cabeza atravesándola, miden cerca de un metro, y pesan mucho) sino, de hacer historias de batallas medievales con caballeros, y moros y dragones...historias de amor correspondido o no, de odios, de traiciones con sed de justicia, de ira, vendetta o satirizando a la Iglesia y al gobierno. Expresión y arte, en estado puro.

Son impresionantemente bellas y ricas en detalles.
No fuimos a ninguna ópera del pupi porque nos faltó tiempo, managgia. 
Esta foto, fue sacada en un local en donde hacen souvenirs que tampoco compré, pero sí admiré.

O si te perdés caminando, como me pasó a mí, te encontrás con San Cataldo con su cúpula colorada y estas ahí, ahí cerquita de soñar despierta con las mil y una noches.

De Palermo, pueden decir que es sucia y, es cierto.
Podrán decir que no está cuidada y algo de eso hay. 
Pero estar caminando por esas calles que brillan, pasear por mercados como el de la Vucciria o el Ballarò con tanos que gritan sus mercaderías, y se putean, y ríen y gesticulan, o sentarte en una mesa que colocaron en plena calle sin que les importe un catzo que no puedan ponerla allí, o ver una procesión con una virgen llevada en hombros con orquesta incluida, a la que paraban en cada iglesia para que la saludasen las campanas…y mirar con asombro que la hacen pasar por debajo del cablerio que desordenadamente cruza de vereda en vereda, levantando los cables con una rama de un árbol en V, mientras todos dan indicaciones y putean, es sencillamente, divino.

Palermo es mediterráneo. Es ciudad cosmopolita, plagada de aromas, y frutas, y verduras, y colores. 
Palermo me enamoró.
Palermo, è vita.

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