El Dilema de la Universidad

Y la verdadera definición de éxito…

Manuel Morato
Dec 27, 2014 · 8 min read
¿Estudiar o no estudiar?

Últimamente me he visto envuelto en numerosas discusiones, con personas jóvenes y viejas por igual, sobre qué tanto tiene sentido o no ir a la universidad y estudiar una carrera profesional. Tengo una opinión fuerte en este tema y por ello quiero compartirla por este medio.

La historia del Eme

Comienzo con mi contexto personal. Siempre digo que estudié una carrera para indecisos, porque mi carrera incluía un poco de todo: algo de marketing, algo de contabilidad, algo de administración, algo de ingeniería, algo de innovación y algo de finanzas. No pretendo con estas palabras mostrar ingratitud; realmente aprecio mi formación profesional y aprendí muchas cosas útiles.

Lo cierto es que elegí esa carrera a mis 19 años (tuve la fortuna de irme un año a los 18 y de no comenzar inmediatamente después de la preparatoria) por razones que tuvieron que ver más con miedo e indecisión que con seguridad y pasión. Claro, ¿quién tiene seguridad y pasión a los 19 años? Pocas personas. Y yo no fui una de ellas.

Joven perdido.

En mi último verano de mi carrera universitaria me fui a San Francisco a un programa de verano y acabé siendo contratado por una pequeña pero expansiva empresa de tecnología originaria de Corea del Sur. Aún me faltaban 4 materias para graduarme, pero vi este suceso como la oportunidad más grande de mi vida. Al no encontrar un arreglo con mi universidad que lograra que ambas partes ganáramos, metí dos de esas cuatro materias a la modalidad en línea para completarlas remotamente y dejé las otras dos en el aire indefinidamente.

Me convertí así en un drop-out por un semestre y viví la experiencia de poner en pausa la universidad para explorar un camino profesional que me pareció más interesante y más inmediatamente gratificante en todos los sentidos.

Me fui con el Team Coreano.

Posteriormente y gracias al apoyo de otras personas en mi universidad, logré completar mi carrera universitaria y recibí mi título profesional al graduarme. Licenciado. Hasta este día es una palabra que no toca fibras dentro de mí. Por lo mismo, nunca me he visto a mí mismo escribiendo en títulos o documentos formales esa palabra antes de mi nombre. Algunas veces otras personas lo hacen por mí y me dicen Licenciado Manuel Morato y yo sólo siento raro.

Este es mi contexto y es una historia muy personal (y muy resumida). Comparto esta historia porque me parece muy relevante platicar qué fue lo que viví y experimenté yo yendo a la universidad para después cotejar esa perspectiva con la opinión que ahora tengo para este tema. Entonces, la gran pregunta es:

¿Vale la pena estudiar una carrera universitaria?

Esto va acompañado de otras preguntas:

  • ¿Valen madre o carecen de valor la universidad y los modelos educativos académicos actuales?
  • Ahora que existen tantas opciones alternas, ¿debería ponerme a aprender por mi cuenta cosas que me interesen y saltarme la experiencia académica educativa?
  • ¿Se justifica el costo de una carrera universitaria al compararlo con el beneficio tangible que se obtiene?
  • Y muchas otras preguntas penetrantes más…

No vine hoy a decirte la respuesta resplandeciente a esta compleja pregunta. De hecho, tampoco tengo la respuesta. Al platicarte mi historia, no pretendí dar una respuesta, sino meramente transmitirte qué fue lo que yo viví y un poco cómo lo viví.

Lo que quiere comunicar este escritor en este texto es más bien otra cosa. Si éstas son las preguntas que te estás haciendo, entonces tengo un mensaje para tí:

¡No estás haciendo las preguntas correctas!

Estudiar o no una carrera universitaria no es una pregunta de sí o no. Tampoco lo es conseguir un empleo o no, comenzar una nueva empresa o no, practicar un hobby o no, tener novia/novio o no, consumir drogas o no, hacerte un tatuaje o no, casarte y tener hijos o no, correr maratones o no, practicar una religión o no. Para todas estas preguntas y para muchas otras preguntas importantes y determinantes en esta vida, no existe una respuesta correcta. ¿Sientes decepción? Me voy a explicar mejor.

La pregunta que deberías plantearte de manera muy personal, en mi opinión, es la siguiente:

¿Qué quiero hacer o lograr en mi vida?

Esta es la pregunta más importante. Y no, tampoco dije que era una pregunta sencilla de responder. Todas las respuestas de las preguntas anteriores y de otras preguntas que te hagas, van siempre directamente en función de esta pregunta. ¿Qué quiero hacer o lograr en mi vida? También ayuda otra pregunta que va de la mano con ésta: ¿Quién quiero ser en mi vida?, pero esta es más filosófica y la discutiremos en un futuro post.

De esta manera, la pregunta de si debería o no ir a la universidad y estudiar una carrera universitaria o un posgrado adquiere un matiz totalmente distinto. Depende.

Depende de qué quieres lograr en la vida y de si eso que quieres lograr requiere una educación universitaria o un título universitario o hábitos profesionales universitarios.

Este es justamente el razonamiento que yo no pude hacer a mis 19 años, porque la verdad es que en ese momento de mi vida, yo no tenía ni puta idea de qué quería hacer o lograr en mi vida. Por eso tomé el siguiente paso automático que dictaba mi sociedad, mi familia y mi mundo: estudia una carrera universitaria. Mi decisión fue mecánica y basada en miedo. Miedo a fracasar en la vida, miedo a ser pobre, miedo a no lograr mis metas.

El miedo no es un buen factor para tomar decisiones de vida.

Lo que yo no quiero es que tu decisión sea mecánica y basada en miedo. Ya lo viví yo y no fue lo óptimo, entonces quiero ahorrarte eso. Así tengas 12 años, o 15 o 17 o 25 o más, la pregunta que siempre debes hacerte es ¿qué quiero hacer o lograr en mi vida? ¿Quieres salvar vidas como cirujano? Pues inscríbete ya a la universidad, porque sin licencia médica jamás vas a usar un bisturí en una persona viva (al menos de manera legal). ¿Quieres empezar una empresa de software? Ponte entonces a programar y a aprender de programación para que tengas las habilidades necesarias para hacerlo, sea cursando una carrera de ciencias computacionales o aprendiendo por tu cuenta en Internet o con expertos.

Creo que está de más decirte que al pensar en la respuesta a ¿qué quiero hacer o lograr en mi vida?, lo hagas pensando en el largo plazo y por las razones correctas. Si te da hueva estudiar, esa no es una buena razón. Si para lo que quieres hacer, la universidad no es la mejor opción y ya hiciste un análisis crítico de por qué no lo es, pues entonces podemos debatir. Pero sin ese análisis muy personal y muy crítico y práctico, estamos tomando decisiones de manera irresponsable y a la ligera.

Al final, aunque yo te haya platicado toda esta historia en la que dejé la escuela y casi no me gradúo, lo cierto es que sí me gradué y sí tengo un título universitario. Estoy seguro que las cosas en las que estoy trabajando ahora no son consecuencia de haber estudiado la universidad, pero sí debo aceptar que muchas de las habilidades profesionales que he desarrollado tuvieron su origen en lecciones que obtuve en el salón de clases.

Aquí está el papelito.

La universidad no es buena ni mala; depende de qué quieras hacer y lograr en tu vida y cuál sea el mejor y más eficiente camino para llegar a esa meta que te planteas.

Mi Definición de Éxito Verdadero

En este año 2014 tuve la fortuna de haber experimentado un gran crecimiento personal, espiritual y profesional. También 2014 fue un año de claridad en mi vida, porque descubrí qué es lo que NO quiero hacer. NO quiero construir el siguiente Google o el siguiente América Móvil o el siguiente Twitter.

A mí me gusta la gente y estar rodeado de personas, sobre todo cuando estas personas son seres humanos talentosos con los cuales comparto intereses, pasiones y visiones de vida. Además de esto, me apasiona la tecnología y veo a la educación como uno de los potenciales motores de cambio para un país con vicios tan arraigados como México. Cuando pude ver esto claramente, fue cuando decidí trabajar en comenzar una escuela de hackers para México y quizá América Latina.

A recorrer ese camino.

Pero así como yo tuve esta epifanía o revelación, otras personas de pronto se dan cuenta que lo que quieren hacer es irse a vivir a la playa y trabajar en un bar y surfear. Mientras, otras personas deciden que quieren ser ejecutivos o ejecutivas en corporativos de empresas multinacionales y vivir a un ritmo acelerado sus vidas. Luego están otros y otras, que deciden ser artistas y dedicarse a crear obras que trasciendan su propia existencia. Otros se hacen filósofos, otras se hacen pilotos, otros atletas profesionales y otras terapeutas o trabajadoras sociales. Y quizá algunos y algunas otras simplemente decidan no hacer nada o irse a vivir a un bosque.

En este mundo moderno, hay tantos caminos personales y profesionales como mentes creativas y dispuestas a la acción. Esto me lleva a mi ya no tan nueva definición de éxito verdadero:

El éxito consiste en conocerme profunda e íntimamente, para así descubrir cuál es mi camino y luego recorrer ese camino.

Una vez que descubro cuál es mi verdadero camino y comienzo a recorrerlo, creo que automáticamente me convierto en un hombre exitoso. El dinero, el prestigio, la fama, el consentimiento de mis seres queridos o la aceptación de mi sociedad son variables independientes que luego en ocasiones acaban siendo la consecuencia de recorrer ese camino que es el nuestro.

¿Cómo saber si ese camino que estoy recorriendo es realmente mi camino? Creo que cuando lo estés recorriendo, nada más va a importar. Te vas a sentir feliz simplemente por despertar por la mañana y saber que vas a hacer eso que tienes que estar haciendo. Quizá ello implique algún sacrificio o alguna renuncia (usualmente material), pero no importará mucho, porque la satisfacción proveniente de caminar por ese camino será suficiente para llevar la contraparte negativa u oscura de tomar ese riesgo y esa decisión.

Volviendo al tema de la universidad…

Ya para cerrar, el tema de la universidad y de las otras preguntas importantes y críticas de la vida es un tema que se relaciona íntimamente con esta definición de éxito. El primer paso es conocerte profunda e íntimamente. ¿Qué te mueve, cuáles son tus fortalezas como persona y como profesional, cuáles son los temas que te roban el sueño, qué es lo que te hace sentirte más feliz? Este auto-conocimiento, en un caso óptimo, te llevará a descubrir ese camino del que te hablo.

Conócete y encuentra ese camino. En mi caso, la universidad me ayudó a conocerme y a encontrar mi propio camino. Considero que eso es valioso, pero también me ayudaron los viajes que hice, las experiencias de voluntariado, de vivir mis hobbies y de lanzarme a lo desconocido.

No te distraigas con preguntas complejas que no tienen respuesta correcta. Mejor haz cosas que te permitan conocerte y encontrar tu camino. Y una vez que encuentres ese camino…

¡recórrelo y disfrútalo! :D

    Manuel Morato

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    Tarahumara wanna-be. @ememorato

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