Contigo no. (Pt. II)

Y ahora regresas todos los inviernos, acostumbrado a que convierta tus noches mas frías en verano. Regresas por esos domingos en los que pedíamos felicidad a domicilio y guardábamos a las nostalgias en cajones con llave.

Pero me recuperé, gracias al tiempo y a mi mala memoria. Porque el tiempo se dejó de colgar sobre mi espalda y ya no me pesa, y mi mala memoria se aseguró de que ya no recuerde bien cómo me reflejé en tus pupilas algún día.

Mis manos se cansaron de tanto intentar atravesar tus armaduras y mis alas crecieron.

Ya vuelo sin necesitar paracaídas.

Mi piel se hizo inmune al sonido de tu voz y mis pies avanzan sobre nuevos caminos.

Mis ojos se vaciaron y te mentiría si te digo que no te extrañé cuando sentí cómo tus palabras se escurrían por mis mejillas, pero ya no tengo el alma abrazada a tus tobillos.

Contigo no me alejé al ver el precipicio, pero contigo tampoco morí por completo después de la caída.

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