Todo hubiera sido diferente si nosotros hubiéramos sido diferentes.

Si hubiéramos sido más ingenuos y menos cobardes. Si nos hubiéramos tragado más orgullos y menos palabras. Si hubiéramos logrado frenar o bajarle la velocidad al invierno con un abrazo o una promesa.

Pero no lo hicimos. Preferimos andar así, viéndonos de reojo y escribiéndonos como quien le escribe a un fantasma. Leyéndonos a escondidas y caminando erguidos, sin algo que nos delate. Que nos delate y ponga en evidencia el temblor de nuestras manos y rodillas cuando nos cruzamos.

Seguimos nuestros caminos, enteros, con una falsa fortaleza, haciendo lo que sea con tal de no dar un paso en falso, con tal de no hacernos pedazos.

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