Por qué me gusta el psicoanálisis

El psicoanálisis no está de moda. La decadencia de su popularidad y prestigio (que muchas películas de no hace demasiado escenificaban de forma habitual) se debe a varios factores:
1. La masificación de los servicios de salud mental, una alternativa inmediata y gratuita.
2. El boom del coaching, una técnica pragmática que conecta con la sensibilidad actual orientada a potenciar el perfil de emprendedor.
3. La generalización de la (auto)medicación light de productos ansiolíticos y antidepresivos
4. La victoria mediática de la imagen sobre la palabra, tal como muestran las redes sociales (Instagram, Snapchat, Pinterest …, pero también Facebook o Tumblr, donde las fotos y videos tienen mucho más eco que las actualizaciones de texto) Vivimos en la sociedad YouTube.

El psicoanálisis no está bien visto porque es caro y un proceso largo sin garantías, que atenta contra los principios de una sociedad low cost y efímera o líquida, que busca soluciones a corto plazo de usar y tirar. Que reniega de la complejidad y la sutileza y que ve con paternalismo los procesos de introspección y autoconocimiento.
Freud fue rechazado por su reivindicación de un conflicto sexual latente bajo la estructura de la personalidad. Más de cien años después, el sexo forma parte de la oferta consumista (la mayor parte de las consultas en Internet están relacionadas con el porno) y las teorías psicoanalíticas ya no son un peligro. Para el siglo XXI, el psicoanálisis resulta incómodo por otro motivo bien distinto: nos permite no ser felices.

Explicaré por qué me gusta e interesa el psicoanálisis. Básicamente por dos motivos, que se corresponden con dos experiencias personales vividas cuando hice una terapia de este tipo. Tengo que decir que se trató de una terapia clásica (algunos dirán anticuada): diván, el psicoanalista sentado detrás y sesiones de 50 minutos de reloj.
1. No me regañaban ni aconsejaban ni escandalizaban. Qué liberación poder sacar (proyectar, verbalizar) fantasías, ideas, sueños … a veces absurdos o violentos, sin ningún tipo de represión paternalista.
2. La construcción de una perspectiva inédita que me permitía despacio verme o escucharme como nunca antes había hecho. Nuestra identidad está hecha de recortes de los otros (los mandatos familiares básicamente), hablamos con registros y fórmulas de los otros que hemos personalizado pero no digerido del todo. Imaginamos y pensamos de acuerdo con formas creadas durante la infancia en contacto con los demás. Pero hablar (o callar) ante nadie a cada una de las sesiones rebaja esta impostación. Y se abren vías inexploradas, sorpresas. La culpa, sobre todo. El narcisismo, la agresividad. Yo también soy esa voz, puedo decirla y puedo escucharla sin que me lo reprochen. Qué liberación quitarse de encima las voces de los otros que cargo siempre encima.

En fin, todo esto puede resultar poco científico frente al actual discurso tecnológico dominante. O demasiado místico, y para eso ya tenemos las religiones.
Pero cada uno tiene derecho (esta es una de las grandes virtudes posmodernas) a hacerse su propia receta vital, que además cambia con el tiempo y las experiencias.

El psicoanálisis no busca que la persona sea feliz. En todo caso, pretende rebajar la angustia que generan tantas formas de neurosis o incluso perversiones y psicosis. Al final de la terapia (si es que lo hay: el autoconocimiento, la comprensión de los demás, tiene necesariamente un final?) tal vez se aprende a convivir mejor con los propios fantasmas. 
Un objetivo bien modesto, todo un reto.

Texto original [catalán]: http://emiligenevila.net/2016/03/24/per-que-magrada-el-psicoanalisi/