Yo lo soñé

Creo que fue allá por el año ‘94,’95 o para ser más polémico, vamos a acordar que fue en “los 90”. Lo que sí estoy seguro es que fue durante las pascuas. Días llenos de símbolos, rituales y costumbres que desde casi siempre, se dan por esta parte del planeta. Un manjar para cualquiera que tenga el valor de analizar el conjunto de cómo nos comportamos las personas, por qué decimos lo que decimos y porque hacemos las cositas que hacemos.

El punto es que todo vino en un sueño, que a la distancia, creo recordar que fue en una sobremesa de domingo donde siempre la comida suele caernos más pesada que de costumbre. Antes de dormirme, me había quedado pensando en lo importante de la rosca de pascua . Todo se había desatado porque siempre me sorprendió al ver cuando en las vidrieras de las panaderías, volvían a aparecer estas famosas confituras. Lo que más me llamaba la atención, era la idea de que el año había vuelto a comenzar demasiado pronto. Uno no terminaba de salir del verano y ya se encontraba en la mesa familiar para la famosa semana santa. Es decir, parecía que el año realmente comenzaba no aquel 1ero de enero tan lleno de calorías, sino que todo se condensaba a que volvían las pascuas; darse cuenta que al año, además que recién empezaba, le faltaba mucho para terminar.

En el sueño, todo fue muy especial. Pero más aún, en la vigilia: cuando me fui quedando dormido la televisión estaba prendida, y no recuerdo si había algún programa de “en vivo” de domingos al mediodía. La cuestión es que entre las charlas de mis tíos, abuelos, padres, aunque bastante fastidioso, me fui quedando dormido. El sueño comenzó lentamente por algún lugar con colores abstractos. A la siguiente escena, una señora pariente que vivía en Quilmes o Bernal, llegaba a la casa de mi abuelo para pasar las pascuas: como buena invitada, traía algo dulce para sumar a la mesa. Era un paquete enorme y con demasiado papel, como si adentro hubiese cuatro roscas de pascuas juntas. Pero lo más importante no era el tamaño, sino “la marca” : es decir, era algo de marca, que se veía en la tele, que todos conocían y respetaban. Principalmente porque todos conocían su nombre de antemano. Me animo hasta decir que el nombre era bien largo, como si fuese el apellido del fundador de la marca o el nombre de la confitería. El sueño seguía y de repente, estábamos todos juntos mirando el televisor como esperando algo, cuál si fuese un sorteo o algo que estaba por pasar en el programa de televisión, cosa que nos ponía muy atentos. En ese momento, la presentadora del programa se acercó hacia una mesa preparada para realizar un brindis, en donde se podían ver varios productos típicos de las pascuas. Casi al mismo instante, un cartel al estilo videograph apareció en la pantalla, resaltando con mucho color el nombre de una marca; y si, la marca era la misma que la de la rosca que había traído mipariente . Pero eso, que podría haber sido solo una casualidad, no me inquieto nunca. Lo que me si me marcó fue que la rosca que estaba en nuestra mesa, no se había desempaquetado, o por lo menos, nadie se había animado a hacerlo antes de ese momento. Miramos la tele por un segundo más y cuando el videograph empezó a hacerse cada vez más grande en el televisor, la conductora invitó y dijo que era el momento preciso para abrir el paquete. Es decir, sólo a partir de cuando ella lo nombró, fue válido el ritual de abrir, cortar la rosca y comerla en familia junto con la televisión.

Pasaron alrededor de veinte años y todavía me sigo acordando con lujo de detalles. En tiempos de vivir pegados al televisor, teléfono y computadora, me da la sensación de que las cosas no cambiaron mucho, o al menos, las generaciones seguimos respondiendo parecido a estas costumbres donde alguien consigue decirnos que está bien y que debemos hacer en la mesa; antes abríamos y cortábamos roscas juntos en familia, ahora descargamos algo para el teléfono y dejamos nuestros datos por donde sea.

Quizás en unos años haya nuevas formas de pedirnos nuestra colaboración Por el momento, los grandes medios siguen diciendo y nosotros en muchos casos, seguimos haciendo. No es nada nuevo, ni debe sumar mucho a la discusión. Incluso, quizás esté atrasado en la reflexión sobre la temática y no tenga validez. Lo importante es que el recuerdo nunca se fue y por algo será. Lo de menos sería pensar que los sueños nada tienen que ver con la realidad. Lo de más, es que me acuerdo que hace ya varios años, y gracias a la rosca, yo lo soñé.