¿Por que necesitamos una ley contra los crímenes de odio?

Anoche los conservadores obtuvieron un éxito más. En la sesión plenaria del Congreso con 66 votos a favor, derogaron el Decreto Legislativo 1323 que fortalecía la lucha contra el feminicidio, la violencia familiar y la violencia de genero. Eliminaron las cifras de violencia contra los y las personas LGTBQ. Eliminaron el hecho de que es un delito discriminar por orientación sexual e identidad de género.

Es un golpe fuerte del movimiento conservador del país en contra del crecimiento de apoyo al movimiento feminista y de derechos LGTBQ ya que ambos han ido siendo más visibles en el último año, empezando con una movilización grande de mujeres contra el feminicidio en agosto del año pasado. Pero parece que esta movilización y el hecho de que estamos parándonos y diciendo YA BASTA han llenado los corazones de estos conservadores de miedo. Miedo de perder poder sobre las mujeres y sobre las personas con una alternativa a la sociedad heteronormativa. Como toda ola conservadora, es una reacción contra nuevas ideas, y nuevos estilos de vida que poseen una amenaza a las estructuras de poder y patriarcado en el país.

Las cifras en Perú hablan por sí solas cuando hablamos de la necesidad de protección legal contra estos crímenes. Según estudios del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, 10 feminicidios ocurren cada mes en el Perú. En un periodo de 2 años (2013–2015) casi medio millón de casos de violencia doméstica fueron registrados. Cifras oficiales de crímenes contra la comunidad LGBTQ no están disponibles pero el colectivo No Tengo Miedo dice que aproximadamente 90% de personas con identidad LGBTQ han sido víctimas de violencia en algún momento de sus vidas.

La responsabilidad de un estado o gobierno, no es la de ser la policía de la moralidad de una población sino la de garantizar la seguridad de TODOS sus ciudadanos. La iglesia católica no tiene lugar y no debe tener poder dentro de las decisiones políticas. Ni mencionar que técnicamente somos un país laico o ¿Acaso nos volveremos un país controlado oficialmente por La iglesia?. Se está confundiendo lo privado con lo público. Su responsabilidad es la moralidad de sus creyentes, no de un país entero. Los puntos de vista de los católicos no tienen derecho a convertirse en leyes. Y no, la mayoría no importa en este caso, si es una mayoría ignorante. Si la mayoría apoyaba a la matanza de judíos, por SER JUDIOS, entonces ¿Estaba bien lo que pasaba bajo el control de los Nazis?. El estado tiene la responsabilidad de ir en contra de la mayoría si se trata de la protección de las poblaciones más vulnerables, en el caso de Perú, somos las mujeres y las personas LGBTQ.

Cuando desaparece la seguridad de un sector de la población y andan por las calles con más miedo, perdimos todos. Toda la población vuelve a estar bajo peligro y las cifras de violencia podrían aumentar. Ustedes ciudadanos, que hablan tanto de la inseguridad del país, apoyan el aumento de violencia si apoyan esa decisión. También somos ciudadanos y ciudadanas, las mujeres y las personas homosexuales. Nuestro género y nuestra identidad sexual no nos hace más merecidas o merecidos de violencia. Somos también miembros de tu sociedad y merecemos seguridad, merecemos vida.

El odio viene de un lugar oscuro dentro de la humanidad. Considerar que una vida vale más que otra vida, y ciertas personas no tienen el mismo derecho de vivir, es ODIO hacía esas personas. Al eliminar la categoría de crímenes de odio los congresistas están diciendo que no importa este odio. Que no tiene que ser monitoreado, controlado, eliminado. Este odio tiene la oportunidad, el permiso de florecer ahora en la sociedad y la población. Estas matanzas serán categorizadas como un asesinato más, sin analizar la presencia de odio en cada caso. Desaparecerán las cifras de matanza u otro crimen a causa de odio.

Si dejamos que el odio sigue desarrollando en la sociedad, corremos el riesgo de que nos infecte y maneje la sociedad. Si no controlamos ese odio, si seguimos diciendo que no existe o no importa que existe, vamos por un mal camino.