Serena Williams, la mujer, la atleta, la persona que todos queremos ser.

Emmanuel Marquez
Aug 31, 2018 · 4 min read

Ella no se suponía que llegara a nada. Era negra, voluptuosa y proveniente de una fábrica de problemas llamada Compton en California.

También era la hermana menor de una role model con nombre de diosa a la cual luego superaría con sus superpoderes.

Desafiándolo todo, se convirtió en la mejor, la más dominante, la que manejaba el barco de las principales mujeres y figuras deportivas del mundo.

Sin mirar atrás, Williams aceleró a toda marcha hasta ganar 23 títulos Grand Slam y sumar más de 700 victorias en el césped, barro o concreto.

Increíblemente así también nacieron los dos grandes rivales de su carrera, el sexismo y el racismo, una lucha que -aún no termina- en contra de sus características físicas por parte de aquellos que simplemente no pueden aceptar su superioridad.

Es el precio que pagan muchas mujeres en este mundo empapado en Double Standards.

Serena es un símbolo de todo — sexual también, aunque suene fuerte- un título que de por sí causa resultados problemáticos. Por un lado el respeto y el “deseo” del lado masculino, por otro la envidia y la apatía de su contraparte pero que no debe ser una excusa a la hora de valorar su carrera.

Los comentarios en contra de Williams llegan más rápido que lo que su raqueta puede retornarlos. De izquierda y de derecha, a toda velocidad o con efecto, llueven las críticas que de alguna manera siempre encuentran la manera de desviar la atención de sus méritos.

Méritos que la convierte en una de las mejores más ganadora tenistas en la historia. Su resumè incluye 4 medallas de oro, 72 torneos ganados y un récord individual de 795 victorias con solo 135 derrotas, la destacada raqueta de 36 años, 5’9’’ y 154 libras, además ha depositado más de 86 millones de dólares en premios en su cuenta, para llevar a vellones y centavos el salario de muchos hombres con más “hype” y menos habilidad en el deporte profesional.

Williams también es madre, teniendo que literalmente pujar para salir se hoyo físico dónde te deja un embarazo cuando eres una atleta de alto rendimiento, de hecho, la número uno del mundo. Y restableciendo su lugar en los rankings progresivamente en contra de una condición de coágulos que la afecta.

Aún así, las masas se inventan cualquier excusa para señalarla.

Recientemente se le prohibió utilizar un “suit” de compresión durante el Abierto de Francia, según explica el presidente de la Federación Francesa de Tenis Bernard Giudicelli,

“I think we sometimes went too far”. “The combination of Serena this year, for example, it will no longer be accepted. You have to respect the game and the place.”

Pero, ¿cómo es que utilizar un suit igual que el que utiliza Lindsey Vonn para el alpinismo, o cualquier otra patinadora sobre hielo en las Olimpiadas, es irrespetuoso a un deporte donde tú has ganado 23 títulos mayores? Respetar el juego es jugarlo honestamente, no hacer trampa, perder con elegancia.

De forma similar, Wimbledon y su “all white policy’, imponen un código de vestimenta ridículo que hace más que reforzar la naturalez racista de este deporte, como si se tratara de alguna secta religiosa.

Requerir que un profesional vista los colores y las cosas que usted quiera es un acto medieval que no tiene que ver nada con la calidad atlética de los participantes ni el nivel de competencia del torneo, sino más bien un capricho de sociedades que aún creen en reyes y princesas.

Incidentes como el del Torneo Indians Wells en California en 2001, llevaron a Williams a un boycott por 14 años del evento, por comentarios racistas y constantes abucheos. Nadie es profeta en su propia tierra y las Williams son el ejemplo perfecto, forzadas a dejar de participar en el torneo de su estado natal por improperios de todas clases y hasta amenazas de linchamientos a sus padres y acompañantes en la gradas.

La tenista casada con un hombre de tez clara, es siempre el blanco de adjetivos comparativos con animales. Comentarios como los que le costaron el puesto a un reconocido animador de televisión al referirse a la primera dama de Estados Unidos como “parte del elenco del Planeta de Los Simios.” Para Williams sin embargo, este el diario vivir, en televisión o en prensa escrita “she’s ananimal”, “she’s a beast”, “she’s fierce”, son frases cotidianas para referirse a la reina del tenis, y no pasa nada.

Contra viento y marea el backhand de Serena sigue siendo letal contra las críticas y su forehand un arma de destrucción letal contra la duda y el discrimen. Todo esto da a pensar que hay muchas personas que quisieran ser Williams.

¿Por qué no aplaudir que es producto de una familia noble que utilizó el deporte para desarrollar buenos seres humanos?

¿Por qué no celebrar que el deporte cuenta con una figura que inspira y empodera a miles de mujeres y niñas de todas las razas y colores alrededor del mundo?

Nadie lo ha dicho mejor que ella misma; “He crecido más no por mis victorias, pero por mis tropiezos. Si ganar es la recompensa de Dios, entonces perder es la forma de él enseñarnos”.

-eMMa

    Emmanuel Marquez

    Written by

    PhysEd Teacher, triathlete, sports blogger/writer from San Juan, Puerto Rico.

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