Vivencias de un rookie en el Yoga.

Llegué con miedo y sin expectativas, en pantalones cortos pero con un lycra largo. ¿Cómo carajos será esto, dolerá? También llevé una toalla por aquello de verme higiénico, pero honestamente pensé que no la necesitaría. “Esto es cuestión de hacer poses de Budah y respirar bien duro sin babearte”, decía mi voz interior.

Entonces llegó la maestra, super friendly y por la tonalidad de su fisiotipo supe que estaba en problemas. “He hecho decena de triatlones, Ironmans esto no puede ser tan duro”. “Quizas me desbalanceo un poco pero más na”, me susurró al oido la consciencia.

Empezó la clase, ahora yo estaba del otro lado, escuchando las intrucciones de “la maestra” sobre la respiración, los fundamentos y la historia del Ashtanga Vinyasa. “Suena complicado asi que vamos a salir de esto ya!”.

Sepan que yo creí haberle dado “clases de Yoga” a mis estudiantes. Hasta hoy, que caí en cuenta y me convencí que realmente aquello fue un papelón, gracias por nada Youtube.

Empezamos con algo así como un calentamiento, el ritmo era pausado pero preciso. “Isquiones arriba, dedos bien abiertos, hombros rotados hacia afuera, inhala mira al frente, exhala, barbilla a la nuca”, se convirtieron en el mantra del proceso.

De momento el sudor bajaba en abudancia por mi frente, espalda y hombros como aquellas chorreras de Plaza Acuatica. “Estamos entrenando” me gritaron varios músculos.

En una, ya yo no sentía los cuadriceps y se los juro que estaba fronteando para parecer pro, pero seguí, pujé y lo hice, bueno más o menos.

En nuestro viaje fisiológico o metafísico o cósmico (no estoy muy seguro) pasamos por Chandra -Namaskar, Trikonasana, Navasana, Parsva-Konasana y Purvottanasa y yo siempre loco por llegar a “Ashtau” (espero haberlo escrito bien) para descansar.

Me convertí en gato, en vaca, en un perrito, en una mesa y hasta en un bebé, todo en una hora.

Esto es un “rocket suavecito” me dijo la profe cuando le pregunté sobre la dificultad de la práctica. Les juro que en mi mente habíamos hecho algo así como una serie nivel 3 en el umbral de lactato. (Despues me enteré que el workout original conlleva realizar 142 poses en 75 minutos).

Al final no me fue tan mal, -eso me dijo ella-, pero creo que fue por ayudar a mi ego. No puedo decir que no me gustó, el tiempo pasó bastante rápido y terminé con ese sentimiento de satisfacción que traen las endorfinas. Además descubrí músculos que no recordaba tener, liberé mi mente y mis pulmones y hasta me reí de mi mismo.

Varias horas después, las caderas, los muslos y el sonido de esas respiraciones como si tuvieras un vacuum en la garganta me recuerdan que debo volver. ¡Savasana, saludamos al sol y namasté!

-eMMa.